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1PERIODISMO RELIGIOSO, UNA ESPECIALIZACIÓN CON EXIGENCIAS
-Por María Velázquez Dorantes-

El don de piedad inclinaba suavemente el ánimo de San Francisco al servicio de Dios, a la confianza filial en la Virgen, a la devoción a los Ángeles y Santos, al propio tiempo que le hacía sentir la fraternidad universal con todos los hijos de Dios y hasta con los irracionales: el hermano sol, la hermana agua, el hermano lobo (Fr Joaquín Sanchis).

Nuestra sociedad se está moviendo a una velocidad vertiginosa en cuanto medios de difusión, información y comunicación se refieren. Con ello es urgente repensar en las formas de periodismo que se están gestionando constantemente, formas en las que ha sobrevivido un periodismo informativo, un periodismo argumentativo y un periodismo interpretativo para las enormes esferas de la realidad social en la que nos encontramos inmersos.

2Sin duda alguna el campo del periodismo religioso también se está reconfigurando dentro de las transformaciones: por una parte de los medios, y por otra del periodismo en sí mismo. Y en esta reconfiguración, el periodismo religioso se está “reconciliando” dentro de la especialización continua, que les exige tanto a los profesionales como a los lectores, ir convirtiéndose pero sobre todo interesarse e informarse en la existencia de una dimensión como ésta.

En palabras de Jaime Septién Crespo, director del semanario católico "El Observador de la Actualidad", en el prólogo del libro "Una Iglesia que piensa" nos dicta: “la fe cristiana necesita ser vista, expuesta, meditada. El mundo que la ha acogido ya no es el mismo mundo”. Y justo en está dimensión el periodismo religioso ha virado sus ojos hacia la fe cristiana, hacia la Iglesia, hacia sus representantes pero sobre todo a las formas en como se llevan a cabo los procesos de evangelización y las enseñanzas de Jesús en sus seguidores.

La Unión Católica Internacional de la Prensa (UCIP) ha planteado el tema desde la perspectiva de tomar en cuenta la religión en los medios, el debate se ha abierto hasta conducirse hacia alguna definición que se convierta en abarcadora, clara y precisa para lo qué es el periodismo religioso. El camino que siguió la búsqueda de lo que es un periodismo religioso partió de la idea que tanto información como religión gozan del pleno ejercicio de la libertad.

3Asunto que nos pondría a reflexionar si es qué los medios le dejan a la religión una libertad que este “libre” de rumores y de periodismo de tinta roja; si realmente se profundiza en un periodismo religioso tenemos que partir del perfil de quien lo está ejerciendo antes de encontrar una definición propia.

I- En el 2002 Juan Pablo II ante los representantes de la UCIP manifestó las características de un periodista católico, entre ellas se encontraba que el perfil de profesional católico debe estar sustentado en la integridad de su vida personal y profesional, ser congruente con las enseñanzas de Jesús y el Evangelio; tomar en cuenta la lucha por los ideales más elevados de la excelencia profesional siendo un hombre o una mujer de oración que busca siempre dar lo mejor que puede ofrecer.

Tener el valor para buscar e informar sobre la verdad, incluso cuando la verdad es incómoda o no es considerada como "políticamente correcta", ser sensible a los aspectos morales, religiosos y espirituales de la vida humana, aspectos que con frecuencia son mal comprendidos o deliberadamente ignorados; informar no sólo de los crímenes y tragedias que tienen lugar, sino también de las acciones positivas y ennoblecedoras realizadas a favor de los necesitados: los pobres, los enfermos, los discapacitados, los débiles, aquellos que de otro modo son olvidados por la sociedad; ofrecer ejemplos de esperanza y heroísmo a un mundo que siente una necesidad desesperada de ambos.

4Entonces, qué es el periodismo religioso en nuestra actualidad después de que en el 2002 se dieron pautas para la construcción de un perfil profesional especializado en los acontecimientos humanos, morales y axiológicos de la religión, de las instituciones y de los actores que se encuentran dentro de este sistema que viene a alimentar con una enorme fuerza a la sociedad.

El planteamiento más cercano hacia una axioma de periodismo religioso, es partiendo de la concepción de que se trata no de una área moderna sino de una área especializada por los problemas y entornos humanos vigentes, en las que se necesita interpretar con veracidad y verdad los hechos humanos, así como de la argumentación que va más allá del qué, es decir, es una área especializada en el por qué.

Más allá de las informaciones que se gestan en núcleo eclesial, el periodismo religioso nos propone una identificación con la realidad, con el otro y el nosotros; la especialización del periodismo religioso no se limita ni se concentra en los boletines de prensa por parte de las instituciones eclesiásticas, no se encuentra en la transcripción del Evangelio a la hoja parroquial, el periodismo religioso es hacer nuestra una realidad que afecta y determina a muchos, para que unos cuantos la atiendan y la entiendan. Los datos y la información que en el periodismo religioso se manifiestan surgen desde el factor más antiguo e inherente al hombre: la religión.

4El periodismo religioso no sólo se concentra en atender una sola religión, sino que parte de esa especialización es lo que lo precisa ser una herramienta plural y de diversidad, que finalmente atienda la necesidad más antigua: el sentido de religiosidad humano, que informará, interpretará y argumentará la infinita diversidad de expresiones en torno a la religión, incluyendo aquellas que parecen ocultarse detrás de la desinformación y el velo de lo no aceptable para muchos.

Una de las características que este periodismo tiene es ir mucho más allá de los campos que intentan explicar las cuestiones teológicas del alma, es decir, también investiga y se documenta sobre los campos de incertidumbre social y cultural, así como de la comprensión de las ideologías, concentrándose en el punto de intersección entre la razón y la fe.

El periodismo religioso tiene que deslindarse antes que nada de los prejuicios que giran en torno a la religión, y segundo deslindarse totalmente del agravado reduccionismo del laicismo que hostiga tanto a instituciones como profesionales. En febrero de 2005, la agencia Zenit Juan Pablo II presentó algunas de las directrices que nos permiten entender la diferencia entre laicidad y laicismo, donde se establece “La Iglesia apoya el principio de laicidad según el cual hay separación de los papeles de la Iglesia y el Estado, siguiendo la prescripción de Cristo, «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Lucas 20:25)”.

5En esta línea se encuentra el principio de libertad que tanto se justifica del lado de la información, pero que en el polo de la religión se añora, lo que realmente se busca detrás del periodismo religioso es interpretar las diferentes realidades que acongojan por un lado -mientras que por otro incitan-, a los seres humanos a comprender la misión evangélica de Jesús a través de las herramientas periodísticas que verdaderamente se unen con un proyecto de comunicación, es decir, un proyecto de comunión que permitan poner de frente las necesidades comunes de unos con otros.

Quisiera cerrar este breve texto aludiendo a las palabra de Carlos Díaz “el laicismo clausura toda civilización, la civilidad laical lo abre”. Si los profesionales se dieran la oportunidad de alejarse de la miopía en la que viven con respecto a la religión y se concentrarán en la profesionalización del periodismo, nuestra actualidad sería más sustanciosa en contenidos informativos y no se sufriría la discriminación hacia aquellos que profesan una fe. Porque como dice nuestro autor, “corazón de la iglesia, cuando de verdad late, mueve el corazón del mundo, y en consecuencia no acepta una sociedad enferma de corruptelosis, ni un gobierno cualquiera, razón por la que el mundo podrá llegar a odiarla”, a esto me gustaría agregar humildemente que no podemos aceptar una sociedad que padezca los dolores de la ignorancia hacia los temas de la fe y la enseñanza religiosa, mucho menos una sociedad desahuciada a falta de valores profesionales y de comunicadores especializados en aras de un periodismo religioso.

 
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