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1EL VALOR DEL SILENCIO
-Por Cecilia Barone*-

“La verdad es que tan pronto como ya no tomamos como deber la obligación de la adquisición de la vida, no sabemos qué hacer de nuestra vida y la malbaratamos a ciegas” André Guide, El diario.

En la ciudad moderna todo está calculado para impedirnos el descanso necesario y  recuperar las fuerzas. Nos sentimos cansados, abatidos, agotados, irritados, por el constante bullicio de las máquinas, del tránsito y de las múltiples excitaciones que nos rodean durante el día y no cesan por la noche. Son estos los preparativos para llevarnos a la neurosis. Darse un tiempo para guardar silencio y no hacer, en oposición a la actividad y al ruido constante, puede producir la reparación de nuestras energías.

LA ACTIVIDAD AGITADA

2Tendemos a pensar que si se deja de hacer cosas dejamos de existir, pero “no se vive solamente para hacer”. La actividad es buena como expresión normal de nuestra vida  cuando es ordenada. Este orden exige una alteración prudente de actividad y descanso. No vivimos con mayor plenitud por hacer más, gustar más, experimentar más cosas. Al contrario habría que aprender a hacer, gustar y experimentar mucho menos que de  costumbre para liberarnos de tanta ansiedad y ganar en salud.

Hay una gran diferencia entre agitación y trabajo. El trabajo bien encaminado ocupa el cuerpo y el alma, nos ayuda a reconcentrarnos. En cambio, la agitación expresa la confusión interior y la falta de paz; es una acción inútil que maltrata el cuerpo y la mente. Es el resultado de la tensión de la mente que va de un lado a otro y reacciona al mismo tiempo ante quince estímulos diferentes. Podemos comprobarlo que basta comenzar  a trabajar con la computadora y casi simultáneamente abrimos varias ventanas en la pantalla  para  informarnos de todo cuanto pasa. Esto, además de desconcentrarnos, impide hacer bien nuestro trabajo. Sintiéndonos  impacientes, intranquilos, no encontramos  paz y proyectamos este estado de ánimo a nuestro alrededor.

3Empezamos y dejamos. Un cúmulo de actividades y experiencias vividas a medias agota y vacía. Terminamos haciendo mayor cantidad sin perfeccionar la calidad de lo que tenemos entre manos. Y vamos de mal en peor, desgastados y al fin, desesperados. Por eso debemos detenernos un momento para pensar y calmarnos. Necesitamos desapegarnos de las cosas que nos rodean. Si nos falta ese desapego viviremos ansiosos y miedosos: Tememos no conseguir lo que deseamos y cuando lo conseguimos tememos más perderlo. No podemos ser felices si vivimos siempre en el vértigo, pues la felicidad no es asunto de intensidad sino de equilibrio, orden y armonía.

4La filosofía de la rapidez se vincula a la agresividad, superficialidad, alteración de carácter. Parecería que decir “estoy a las corridas”: es la prueba del éxito personal y hace sentir importante a quien lo dice. “En  mi familia somos todos hiperactivos. Si no hago nada me siento mal”. Demuestra que hay una presión insistente y colectiva para usar el tiempo y aunque creemos que, por momentos, no hacemos nada, tenemos la cabeza siempre ocupada con cualquier tipo de pensamiento.

La  música es placentera porque se compone de sonidos y de silencios. Sin alternancias de sonidos y silencios no habría ritmo ni melodía. Si  nos llenamos de sonidos y estridencias todo el tiempo vivimos en un infierno. Hay ocasiones que para mantenernos vivos debemos relajarnos, recostarnos un rato, o sentarnos y no hacer nada, lo que resulta casi imposible para el que está acostumbrado a andar a mil. Cuando se ocupan demasiado los espacios de tiempo no nos damos respiro para descansar la mente y el cuerpo y estar con uno mismo. Pero este es nuestro principal temor: el encuentro con la intimidad.

BENEFICIOS DEL SILENCIO

La práctica del silencio es la mejor terapia para lograr la ansiada paz y sentirnos más plenos, además de resultar extremadamente económica. Pensemos que:

  • Las cosas superficiales son ruidosas porque están vacías de contenido; en cambio, lo que es esencial y verdadero permanece en el silencio.
  • Los cultos religiosos son silenciosos porque  en el silencio está lo sagrado, el ser verdadero.
  • El ruido se interpone en la comunicación, produciendo interferencias, malos entendidos,  falsas interpretaciones,  discusiones y hasta violencia. El silencio suele expresar con claridad los sentimientos. Es más sabio escuchar, hacer silencio y luego contestar.
  • El silencio predispone a la calma y a la reflexión, permite que surjan las mejores ideas, Es fuente de creatividad. No podemos imaginar a un artista, un músico, un científico ejecutar su arte en medio de la vorágine.
  • Cuando debemos tomar una decisión y nos abruman las dudas buscamos el silencio para pensar. Sino, probablemente la  decisión no sea la acertada porque estará embrollada por el bullicio.

DEL DEBER CUMPLIDO AL DESCANSO MERECIDO

5Hay que darse treguas durante el día, de lo contrario explotaremos como una conexión eléctrica en corto circuito. Jesús durante su vida pública vivía rodeado de gente que le demandaba constantemente, entonces se retiraba a un lugar alejado para orar y reponerse. Sin esos espacios de silencio solo se hubiera vaciado. Los grandes santos construyeron su santidad en el silencio, que no significaba aislarse en su propio mundo, sino defender su silencio interior donde podían encontrar el vacío necesario para que fuera ocupado por Dios.

Aprendamos a pasar de una actividad cumplida lo mejor posible a otra, sin preocuparnos demasiado por querer lograr siempre la excelencia, pues sabemos que somos humanos y es imposible. Si estamos demasiado ansiosos en encontrar la perfección en las cosas que hacemos, dejamos de buscar nuestra verdadera perfección como ser humano. Uno de los obstáculos principales es la obsesión por lograr el máximo rendimiento, tratar de ser siempre exitosos ante nuestros ojos y ante los demás. De esta ansia de perfección solo podemos liberarnos cuando nos contentamos con carecer de algo en lo que hacemos. No podemos dominarlo todo, gustarlo todo, entenderlo todo, tener la mayor cantidad de experiencias posibles.

Lograremos calmarnos cuando seamos capaces de alternar la actividad con el descanso, cuando hayamos descubierto cómo combinarlos, siendo indiferentes a los resultados, las equivocaciones y los éxitos, cuando reconozcamos el valor curativo del silencio.

*Cecilia Barone es socióloga, psicóloga social
y profesora superior en Ciencias Sociales.
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