MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - JULIO 2026
-Por Padre Guillermo de Jesús Acero Alvarín-
Intención del papa para el mes de julio: Oremos por el respeto y la protección de la vida humana en todas sus etapas, reconociéndola como un don de Dios.

Miércoles 01
Santa Ester
Am 5, 14-15.21-24; Sal 49, 7-13.16-17; Mt 8, 28-34
Evangelio: En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gadarenos. Desde el sepulcro dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?». A cierta distancia, una gran piara de cerdos estaba paciendo. Los demonios le rogaron: «Si nos echas, mándanos a la piara». Jesús les dijo: «Vayan». Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo al mar y se murieron en las aguas. Los cuidadores de cerdos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.
Reflexión: Jesús y sus discípulos se embarcan a una nueva misión: la otra orilla del lago, la región pagana de los gadarenos. Dicha región podía resultar hostil para un judío, pero el maestro enseña a los suyos que el anuncio del Reino no tiene fronteras. Todo terreno es propicio para la semilla de la Palabra. Allí encuentran a una persona dominada por muchos demonios. Su caso expresa la realidad de los pueblos paganos sometidos por sus muchas y confusas creencias, llenos de temores y amenazas que les impiden una decisión libre y entusiasta por el Reino de Dios. El encuentro con Jesús es liberador, pero también genera incomodidades. Implica desprenderse de toda atadura, de los «cerdos», encarnación de la impureza para los judíos, pero fuente de riqueza para los paganos.
Oración: Libéranos, Señor, de nuestras múltiples ataduras, prejuicios y falsas seguridades.
Jueves 02
Nuestra Señora del Huerto
Am 7, 10-17; Sal 18, 8-11; Mt 9, 1-8
Evangelio: En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados». Algunos de los escribas se dijeron: «Este blasfema». Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que vean que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: “Ponte de pie, toma tu camilla y vete a tu casa”». Se puso de pie y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
Reflexión: Jesús retorna a Cafarnaún, «su ciudad», dice el evangelio. Es interesante este giro en la vida del Señor: dejó las montañas de Nazaret y se estableció a orillas del lago; esta será su nueva comunidad. Allí le presentan un paralítico, alguien impedido para seguirlo. La enfermedad, en la mentalidad antigua, era reflejo del pecado. La curación, por tanto, estaba relacionada con la liberación del mal. Sanar a los enfermos era un combate contra el mal, su mayor signo de victoria era el perdón. El mal que inmoviliza es vencido por el perdón y la misericordia de Dios que libera y restaura la dignidad. Pero es también la denuncia de una fe que no puede salvar, que condena e impide a Dios actuar soberanamente.
Oración: Sánanos, Señor, de nuestra inercia para salir a evangelizar. Rompe nuestro círculo de comodidades e intereses mezquinos.
Viernes 03
Santo Tomás, apóstol (F)
Ef 2, 19-22; Sal 116, 1-2; Jn 20, 24-29
Evangelio: Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «La paz a ustedes». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Por qué me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto».
Reflexión: Resaltemos dos puntos del pasaje de hoy para meditar. Primero, Tomás recibe el testimonio de sus condiscípulos: «Hemos visto al Señor». Esta es la fe pascual. La que nosotros también hemos recibido de nuestra familia, la comunidad, la escuela. Segundo, Tomás, sin embargo, quiere un encuentro personal con Jesús. Su fe se basa en ver, tocar, experimentar por sí mismo. Aunque Cristo resucitado exalta la fe de quienes creen sin haber visto, es decir, solo amparados en el testimonio de la comunidad eclesial, igualmente le concede a Tomás la experiencia que necesita para creer. De allí brota su grandiosa confesión: «¡Señor mío y Dios mío!». Ningún discípulo llegó a proclamar la divinidad de Jesús, solo Tomás.
Oración: Gracias, Jesús, por poner en mi camino personas que me transmitieron la fe en ti.
Sábado 04
Santa Isabel de Portugal (ML)
San Pier Giorgio Frassati
Am 9, 11-15; Sal 84, 9.11-14; Mt 9, 14-17
Evangelio: En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan».
Reflexión: El ayuno es una práctica importante en distintas tradiciones religiosas. No resulta extraña, pues, la pregunta de los discípulos de Juan. Jesús aprovecha esta ocasión para resaltar la importancia de su misión. Su presencia es comparada con una boda en la que Él es el novio y el pueblo, la novia. Como en el Antiguo Testamento, es una relación de alianza matrimonial que exige a los contrayentes vivir un vínculo de mutua fidelidad y amor incondicional. Este, por tanto, no es un tiempo de luto, sino de nueva alianza, alegría y fiesta, una fiesta de comunión y misericordia.
Oración: Renuévame con tu Espíritu, Jesús. Hazme sentir el gozo y la esperanza de tu presencia.
Domingo 05
XIV del Tiempo Ordinario
Za 9, 9-10; Sal 144, 1-2.8-14; Rm 8, 9.11-13; Mt 11, 25-30
Evangelio: En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Reflexión: En el capítulo 10 de Mateo, Jesús envía a sus discípulos a proclamar el Reino de Dios. Ahora, viendo el despliegue apostólico que han realizado, el Maestro reconoce la acción de su Padre Dios que se revela a los pequeños. La obra de Dios se consolida porque su voluntad es que los pequeños anuncien su Reino. Jesús es quien cuida de esos pequeños, los acompaña, reconforta y anima. Su escuela es para los que tienen un corazón como el suyo: manso y humilde. El cansancio de una vida injusta y de una realidad agobiante se transforma en descanso y carga ligera, porque su mayor carga es el amor.
Oración: Gracias, Jesús, por ofrecerme tu corazón y tu regazo. Contigo se hacen más llevaderas las cargas de la vida.
Lunes 06
Sta. María Goretti (ML), Sta. Nazaria March
Os 2, 16.17b-18.21-22; Sal 144, 2-9; Mt 9, 18-26
Evangelio: En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante Él y le dijo: «Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impone tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y al verla le dijo: «¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado». Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: «¡Retírense! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de Él. Cuando echaron a la gente, entró Él, cogió a la niña de la mano y ella se levantó. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.
Reflexión: El extenso relato de Marcos es reducido por Mateo a su mínima expresión. Aquí nuestra mirada se posa en un padre desesperado por su hija que acaba de fallecer, ¿qué mayor angustia que esta? Solo su fe en Jesús lo sostiene: «Si tú intervienes, ella vivirá…». En efecto, Jesús va, la toma de la mano y ella se levanta del sueño de la muerte. Podemos imaginar la alegría de esos padres y la admiración de todos. Los que lloran serán consolados. Por otra parte, en el camino ocurrió también otro encuentro salvífico: la sanación de una mujer impura debido a su enfermedad. Carga su dolor y su vergüenza en silencio, a escondidas, por doce años, hasta este encuentro con Jesús. Hoy Él quiere decirnos a todos: «¡Ánimo, tu fe puede salvarte!».
Oración: Jesús, mi fe está puesta en ti. Tú eres el Señor de la vida, la fuente de toda sanación.
Martes 07
San Fermín, obispo
Os 8, 4-7.11.13; Sal 113B, 3-10; Mt 9, 32-38
Evangelio: En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló. La gente decía admirada: «Nunca se ha visto en Israel cosa igual». En cambio, los fariseos decían: «Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios». Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
Reflexión: Jesús es el misionero incansable que anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios y muestra los signos de misericordia que confirman el inicio de ese reinado que vence el mal y restituye la dignidad humana perdida. Las reacciones de sus contemporáneos revelan también el rostro del destinatario de la misión. Aunque el Evangelio tiene proyección universal, no todos lo recibencon entusiasmo. Solo aquellos sencillos y humildes de corazón podrán aceptarlo. Otros se convertirán en necios y despiadados opositores, que terminan actuando de forma completamente absurda, como enemigos de la Buena Nueva.
Oración: Dame tu mirada, Jesús, para contemplar a tu pueblo con ternura y misericordia.
Miércoles 08
Santos Aquila y Priscila
Os 10, 1-3.7-8.12; Sal 104, 2-7; Mt 10, 1-7
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar espíritus impuros y curar toda enfermedad y dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Santiago el hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos, ni entren en las ciudades de Samaria, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que ha llegado el Reino de los Cielos».
Reflexión: El capítulo 10 de Mateo contiene el segundo de los cinco sermones de Jesús, llamado el sermón misionero o apostólico. Comienza con la conformación de un grupo de doce discípulos, un número con una fuerte carga simbólica, ya que representa a las doce tribus y busca renovar la alianza de Dios y su pueblo. Jesús los llama, les da autoridad y los envía, sobre todo, a hacer presente la misericordia divina que vence al mal. Estos doce reciben instrucciones de comenzar la misión por el pueblo de Israel, no como un privilegio, sino para evidenciar que son ellos los que tienen más necesidad de conversión. El envío final de Mateo (Mt 28, 19-20), en cambio, será universal, dirigido a todas las naciones.
Oración: Jesús, reconozco en nuestros pastores a los sucesores de los apóstoles y me uno de corazón a su misión de anunciar el Reino con palabras y gestos.
Jueves 09
Nuestra Señora de Itatí
Os 11, 1-4.8c-9; Sal 79, 2-3.15-16; Mt 10, 7-15
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Vayan y proclamen que ha llegado el Reino de los Cielos. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios. Gratis han recibido, den gratis. No lleven oro, plata ni cobre; ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entren en una ciudad o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa, salúdenla con la paz; si la casa se lo merece, su paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes. Si alguno no los recibe o no escucha sus palabras, al salir de su casa o de la ciudad, sacudan el polvo de los pies. En verdad les digo que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra, que a aquella ciudad».
Reflexión: El anuncio del Reino de Dios, misión principal del apóstol, va acompañado por signos que expresan el poder y la cercanía del Señor: sanación de los enfermos, resurrección de los muertos, purificación de los leprosos y expulsión de los demonios. Todas son acciones que restauran la dignidad del ser humano y lo disponen para el seguimiento de Jesús y la participación en la comunidad. A estos signos, Jesús añade una advertencia: este es un don de Dios y debe compartirse desde la gratuidad. El Reino de Dios es don suyo, no el fruto de nuestro esfuerzo o genialidad. Hay que poner todo nuestro esfuerzo y generosidad y dejar que Dios siga haciendo su obra.
Oración: Jesús, que pueda, en tu nombre, ser misionero de tu misericordia y vaya confiando solo en tu poder y tu gracia.
Viernes 10
Os 14, 2-10; Sal 50, 3-4.8-9.12-14.17; Mt 10, 16-23
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Miren que yo los envío como ovejas entre lobos; por eso, sea sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Pero ¡cuidado con la gente!, porque los entregarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas y los harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando los entreguen, no se preocupen de lo que van a decir o de cómo lo dirán: en aquel momento se les sugerirá lo que tienen que decir, porque no serán ustedes los que hablen, sino que el Espíritu de su Padre hablará por ustedes. El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Y ustedes serán odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra. En verdad les digo que no terminarán con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del Hombre».
Reflexión: Las advertencias de hoy se centran en las persecuciones. Estas pueden provenir de factores externos, como la sociedad en que vivimos y, otras, de nuestro entorno más cercano: la familia y los amigos. Experimentar el odio no es fácil, peor aún cuando procede de las personas que amamos. Mas no debe sorprendernos, el Maestro advierte que el anuncio del Reino genera adversarios, aquellos que se oponen de forma consciente y premeditada y otros que lo hacen inconscientemente, porque ven afectadas algunas de sus ideas o prácticas que no son acordes con los valores del Reino.
Oración: Señor, fortaléceme en las adversidades para que no desfallezca en el anuncio de tu Reino.
Sábado 11
San Benito, abad (MO)
Is 6, 1-8; Sal 92, 1-2.5; Mt 10, 24-33
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo. Si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengan miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde la azotea. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, teman al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se vende un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga su Padre. Pues ustedes hasta los cabellos de la cabeza tienen contados. Por eso, no tengan miedo: valen más ustedes que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos, Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Reflexión: Si persiguen al Maestro, también lo harán con sus discípulos. Nuestra gloria y prestigio es vivir y morir como Jesús. No deberíamos temer nada. La seguridad y confianza que le ofrecía a Jesús el amor de su Padre es también la fuerza que sustenta nuestra valentía y decisión. El mundo no nos ofrece la paz que necesitamos. Vivimos confiados en medio de las pruebas, porque Dios es quien nos envía y sostiene. No nos engañemos, el problema de nuestras crisis ante las pruebas no viene de lo difícil que pueden ser, sino de la ausencia de una sólida relación con Jesucristo. Es evidente que el miedo invade fácilmente cuando las personas se sienten solas.
Oración: Señor Jesús, tú eres el soberano de todo. Tú sostienes el universo, tú nos sostienes en medio de la adversidad.
Domingo 12
XV del Tiempo Ordinario
Is 55, 10-11; Sal 64, 10-14; Rm 8, 18-23; Mt 13, 1-23
Evangelio: Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a Él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta. El que tenga oídos, que oiga». Se le acercaron los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A ustedes se les han dado a conocer los secretos del Reino de los Cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oirán con los oídos sin entender; mirarán con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. Pero bienaventurados los ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. En verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron. Ustedes, pues, oigan lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la Palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la Palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la Palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Reflexión: El capítulo 13 de Mateo es llamado el sermón de las parábolas. Comenzamos por la parábola del sembrador. Jesús predica desde la barca, desde la Iglesia en la que confesamos nuestros pecados, escuchamos su llamado y experimentamos la misericordia divina. El protagonista del relato es un sembrador que parece descuidado a los ojos del mundo eficientista, mas, según los valores del Reino, es alguien generoso y compasivo, ya que no le niega la semilla de la Palabra a ningún terreno. Actúa guiado por la esperanza de cosechar a pesar de las limitaciones y adversidades. Las parábolas buscan sacudir nuestro corazón y movernos a pedirle al Maestro: «¿También a mí puedes explicarme como a tus discípulos?».
Oración: Señor, te ofrezco mi corazón como terreno fértil para tu Palabra. Ayúdame a dar abundantes frutos de fraternidad y justicia.
Lunes 13
Santa Teresa de Jesús de los Andes, religiosa (ML)
Is 1, 10-17; Sal 49, 8-9.16-17.21.23; Mt 10, 34—11, 1
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No piensen que he venido a la tierra a sembrar paz: no he venido a sembrar paz, sino espada. He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa. El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad les digo que no perderá su recompensa». Cuando Jesús acabó de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
Reflexión: Leemos hoy la parte final del discurso misionero. La misión de Jesús es fuego y, por ser la Palabra de Dios, es también como una espada afilada que penetra en lo más profundo de nuestro ser y de nuestras relaciones. El discernimiento que pide los valores del Reino de Dios no puede dejar las cosas tal cual, como siempre se han hecho. Nos obliga a confrontar las realidades contrarias al plan de Dios y a luchar contra el mal a fuerza de hacer el bien. El Espíritu que inspiró la Sagrada Escritura tiene poder para despertar nuestra pasión por el anuncio del Evangelio y purificar nuestras vidas de su letargo y superficialidad.
Oración: Que el cumplimiento de tu voluntad, Señor, nos lleve a experimentar tu salvación y despierte nuestra esperanza.
Martes 14
San Camilo de Lelis, presbítero
Is 7, 1-9; Sal 47, 2-8; Mt 11, 20-24
Evangelio: En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues les digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Pues les digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».
Reflexión: La predicación de Jesús, el incansable pregonero del Reino, resuena con poder y franqueza para denunciar la dureza de corazón de las poblaciones de Galilea que, habiendo recibido la Buena Nueva, no responden con signos de conversión y seguimiento. La misión de Jesús permite experimentar la gracia, la misericordia y la salvación de Dios; pero también es discernimiento y juicio. Escuchar su Palabra exige obrar en consecuencia. Esta es la condición para que nuestro seguimiento de Jesús sea camino de vida. La sordera e indiferencia ante la presencia de Jesús, de su palabra y sus acciones son, por el contrario, actitudes que conducen a sendas de muerte.
Oración: Grande es el Señor y muy digno de alabanza. Su Palabra vence nuestras oscuridades y nos muestra el camino de la vida.
Miércoles 15
San Buenaventura, obispo y doctor (MO)
Is 10, 5-7.13-16; Sal 93, 5-10.14-15; Mt 11, 25-27
Evangelio: En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Reflexión: El Padre le muestra a su hijo Jesús la respuesta de los pobres a la Buena Nueva, y esto llena de gozo el corazón del Maestro. Él, por su parte, en un diálogo íntimo y espiritual con su Padre Dios, reconoce la sabiduría del Reino. El conocimiento entre el Padre y el Hijo son el modelo de la relación entre el apóstol y quien lo envía. El misionero habla con autoridad y ternura porque su palabra está fundada en la seguridad del amor de Dios y en su experiencia como hijo amado y sostenido por su Padre.
Oración: Señor, que eres compasivo y misericordioso, que haces justicia y escucha la voz de los pobres, bendice a los que acogen tu Reino.
Jueves 16
Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (ML)
Is 26, 7-9.12.16-19; Sal 101, 13-21; Mt 11, 28-30
Evangelio: En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo: «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Reflexión: Estas palabras revelan el corazón de Dios. Jesús transmite a todos los que lo siguen una voz de ternura y esperanza. Están cansados y agobiados, pero Él les ofrece su corazón. Ese nivel de intimidad de un maestro y sus discípulos no lo encontramos en ninguna escuela. Jesús revela el misterio más hondo de Dios en la relación con sus discípulos. Como nos recuerda el concilio Vaticano II: «Dios invisible habla a los seres humanos como amigos, movido por su gran amor y habita con ellos para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (Dei Verbum, 2). La encarnación del Hijo de Dios revela ese rostro amoroso y cercano del Creador.
Oración: Gracias, Señor, porque tú nos liberas de todas nuestras cargas y opresiones.
Viernes 17
Beatos Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera,
mártires de La Rioja
Is 38, 1-6.21-22.7-8; Sal: Is 38, 10-12.16; Mt 12, 1-8
Evangelio: En aquel tiempo, atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas. Los fariseos, al verlo, le dijeron: «Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado». Les replicó: «¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino solo a los sacerdotes. ¿Y no han leído en la ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues les digo que aquí hay uno que es más que el templo. Si comprendieran lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenarían a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado».
Reflexión: Una nueva controversia sobre el sábado. Los discípulos de Jesús, a ojos de los fariseos, actúan de manera contraria a la sacralidad de este día. Jesús les responde apelando a la Escritura y revela algo esencial para los cristianos: el tiempo de Dios es siempre de salvación y vida. Por tanto, si el hambre apremia, el sábado no puede impedir buscar alimento. Jesús escoge el día santo para revelar quién es Dios realmente. El fariseo cree conocerlo y se aferra al cumplimiento de las leyes, pero es Jesús quien de verdad lo conoce. Por eso, interpreta las leyes con libertad y revela el verdadero espíritu de la Escritura y del tiempo sagrado: el Padre de Jesús es el Dios de la misericordia, no de los sacrificios.
Oración: Gracias, Señor, porque tú siempre estás a favor de la vida; eres brazo que sostiene, no yugo que oprime.
Sábado 18
San Federico, obispo
Mi 2, 1-5; Sal 9, 22-25.28-29.35; Mt 12, 14-21
Evangelio: En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos lo siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: «Miren a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre Él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».
Reflexión: La misión de Jesús no está libre de conflictos, a pesar de que no era un conspirador contra el Imperio romano, ni formó un grupo armado, ni agitaba al pueblo contra el imperio. Él, sin embargo, asume la persecución y el rechazo como oportunidades para misionar en otras partes. Por eso, Mateo nos lo presenta como la «encarnación» del siervo de Dios descrita por el profeta Isaías (capítulo 42). En otras palabras, en la forma de pensar y actuar de Jesús prevalece su actitud de siervo sufriente e incomprendido más que la de un agitador público. Esto no significa que Jesús acepte las cosas tal como están, pero tampoco quiere tomar la vía de la violencia como solución.
Oración: Jesús, sigo tus pasos, cargo tu cruz sobre mis hombros y enfrento las luchas que tú también afrontaste por anunciar el Reino. Infúndeme tu fuerza y sabiduría.
Domingo 19
XVI del Tiempo Ordinario
Sb 12, 13.16-19; Sal 85.5-6.9-10.15-16; Rm 8, 26-27; Mt 13, 24-43
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero Él les respondió: “No, porque, al arrancar la cizaña, pueden arrancar también el trigo. Déjenlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: arranquen primero la cizaña y átenla en gavillas para quemarla, y el trigo almacénenlo en mi granero”». Les propuso esta otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno del fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».
Reflexión: En el pasaje de hoy, leemos tres parábolas de Jesús sobre el Reino de Dios: el trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura. Detengámonos en la primera, la que más atrae la atención. La cizaña es parecida al trigo, crece en el mismo campo y al mismo tiempo. Por eso, al intentar arrancarla, es fácil también sacar el trigo. El campesino sabio y generoso decide esperar. Es preferible aguardar en vez de correr el riesgo de perderlo todo. Espera y paciencia son signos de compasión e invitación al cambio. Una justicia precipitada, que no tiene en cuenta a las personas y las circunstancias, corre el riesgo de destruirlo todo.
Oración: Señor, tú, que eres lento a la cólera, ten compasión de nosotros, que clamamos a ti a toda hora.
Lunes 20
San Apolinar, obispo y mártir (ML)
Mi 6, 1-4.6-8; Sal 49, 5-6.8-9.16-17.21.23; Mt 12, 38-42
Evangelio: En aquel tiempo, algunos escribas y fariseos dijeron a Jesús: «Maestro, queremos ver un signo tuyo». Él les contestó: «Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pues, no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo, pues tres días y tres noches estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás. Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».
Reflexión: La confrontación sigue creciendo. Los opositores se vuelven más provocadores (ahora le piden que haga un milagro) y Jesús responde proféticamente con más rudeza. Para descubrir los signos del Reino en Jesús es necesario tener una actitud adecuada y sentimientos interiores que despierten empatía con la novedad de la Palabra de Dios. El único signo definitivo de la llegada del Reino será la muerte y resurrección de Jesús. Es fácil caer en la tentación de convertir los milagros en un circo de la fe. La predicación, la coherencia de vida, la humildad, el amor por los más pobres y la obediencia al plan de Dios son más importantes y confiables para acreditar la verdad de Jesús.
Oración: Tú eres, Jesús, el signo del Reino. Tu presencia, tu palabra y tus gestos me convencieron de que Dios está en medio de nosotros y nos ama sin medida.
Martes 21
San Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor (ML)
Mi 7, 14-15.18-20; Sal 84, 2-8; Mt 12, 46-50
Evangelio: En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con Él. Uno le avisó: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero Él contestó al que le avisaba: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Reflexión: Un nuevo desafío para Jesús: su familia. Esta es descrita como «su madre y sus hermanos», una familia extendida que reclama su presencia con autoridad. Sin embargo, Jesús ya ha iniciado su vida con una nueva familia reunida en la casa de Pedro en Cafarnaún. El Reino de Dios revela otros lazos familiares: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que hacen la voluntad del Padre Dios». Jesús invita a salir, se dirige a sus familiares convocándolos a entrar en una nueva familia, aquella de sus discípulos y discípulas, es decir, los que escuchan su Palabra y lo siguen por todas partes.
Oración: Somos tu familia, Jesús. Una familia fundada en la escucha de tu Palabra y el seguimiento misionero.
Miércoles 22
Santa María Magdalena (F)
Ct 3, 1-4a; o bien 2 Co 5, 14-17; Sal 62, 2-6.8-9; Jn 20, 1.11-18
Evangelio: Evangelio: El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice: «¡María!». Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre suyo, al Dios mío y Dios suyo”». María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».
Reflexión: La fiesta de la apóstol de los apóstoles la celebramos con este bello pasaje de Juan. El llanto de María ante la tumba vacía halla consuelo en el diálogo con Jesús resucitado. María escucha de nuevo el llamado de su maestro y la misión renace. Ella debe ser ahora la primera testigo de la Pascua. Hoy, junto con ella, recordamos a todas las mujeres que siguen a Jesús y celebramos su maravilloso aporte a la fe cristiana y a la vida de la Iglesia. Pedimos al Señor que las mujeres sigan siendo testigos privilegiados de la Pascua y líderes comunitarias que, caminando sinodalmente con sus pastores, colaboren en el crecimiento y madurez de las comunidades.
Oración: Oración: Señor, que la intercesión de María Magdalena traiga renovación y esperanza a tu Iglesia.
Jueves 23
Santa Brígida de Suecia, religiosa (ML)
San Charbel Makhluf, presbítero (ML)
Jr 2, 1-3.7-8.12-13; Sal 35, 6-11; Mt 13, 10-17
Evangelio: En aquel tiempo, se le acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les contestó: «A ustedes se les han dado a conocer los secretos del Reino de los Cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías: “Oirán con los oídos sin entender; mirarán con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”. Pero bienaventurados los ojos de ustedes porque ven y sus oídos porque oyen. En verdad les digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Reflexión: Jesús no pretende divertir con su enseñanza, ni convencer para afiliarse a algún grupo político, mucho menos manipular conciencias, ni motivar la generosidad de los bolsillos. Jesús es el hombre divinamente libre: es el profeta, el maestro, el siervo de Dios. Su palabra es un proyecto de vida eterna, integral. No busca una conversión circunstancial, de emociones vanas y pasajeras. Su palabra quiere suscitar el seguimiento total y definitivo de las personas en libertad y autonomía. Las parábolas no son el camino fácil. Ellas despiertan el interés del oyente para alcanzar una comprensión muy básica, pero quien quiera alcanzar su sentido más profundo tiene que acercarse a Jesús y seguirlo.
Oración: Mis oídos están listos para escucharte, mis ojos te contemplan y mi corazón arde por seguirte, amado Jesús.
Viernes 24
San Francisco Solano, (MO)
Jr 3, 14-17; Sal: Jr 31, 10-13; Mt 13, 18-23
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ustedes, pues, oigan lo que significa la parábola del sembrador: si uno escucha la Palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino. Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la Palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la Palabra, enseguida sucumbe. Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la Palabra, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».
Reflexión: Hoy meditamos la explicación que Jesús ofrece en privado a sus discípulos sobre la parábola del sembrador. El Maestro vuelve a hacer un recorrido por cada terreno. En el primero, alguien viene de fuera y se roba la semilla del camino. En el segundo, una actitud personal, la inconstancia, impide el desarrollo de la semilla. El que no es tenaz se desanima ante la adversidad. Al tercero, la ambición lo distrae del cuidado necesario para que la semilla crezca. Su preocupación es la acumulación de bienes y prestigio. Finalmente, está aquel que escucha y deja que la Palabra crezca, madure y dé muchos frutos a través de la coherencia de vida y del testimonio misionero. Ese es el terreno fértil. Justamente hoy también celebramos la fiesta de uno de los grandes santos latinoamericanos, que vivió plenamente el envío misionero de Jesús que lo llamó a ser sembrador y que salió generosamente a sembrar la Buena Noticia. San Francisco Solano fue un incansable pregonero del Evangelio. Recorrió a pie las grandes montañas y llanuras de Sudamérica suscitando la fe y transmitiéndola con la alegría de su música y su canto. Un sembrador artista que puso su música al servicio de la evangelización y despertó la sonrisa del oyente, la felicidad profunda del alma enamorada y el himno agradecido del orante.
Oración: Señor, como tu hijo san Francisco Solano, que nosotros también sembremos esperanza con la alegría de tu Evangelio.
Sábado 25
Santiago, apóstol (F)
Hch 4, 33; 5, 12.27-33; 12, 2; o bien 2 Co 4, 7-15; Sal 66, 2-3.5.7-8; Mt 20, 20-28
Evangelio: En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No saben lo que piden. ¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber». Contestaron: «Lo somos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberán; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Ustedes saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre ustedes; el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser primero entre ustedes que sea su esclavo. Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos».
Reflexión: El pasaje bíblico de hoy nos ayuda a comprender mejor la vocación y misión apostólica. En tono anecdótico, la madre de los Zebedeos, preocupada por el futuro de sus hijos, pide a Jesús los mejores puestos para ellos. Jesús, en vez de irritarse, aprovecha la ocasión para dejar clara la identidad del auténtico discípulo: todos deberán asumir el mismo proyecto del Maestro, darán testimonio con su propia sangre de la fidelidad al Evangelio anunciado y participarán plenamente de la vida del Resucitado. En efecto, no hay ambición más grande que ser como el maestro Jesús, quien, siendo Hijo de Dios, se humilló y asumió la condición de siervo. El primero se hizo el último y servidor de todos. Ese es el camino de la verdadera ambición cristiana.
Oración: Señor, mi corazón no es engreído, ni mis ojos altaneros. Al contrario, calmo mis deseos como un niño en el regazo de su madre.
Domingo 26
XVII del Tiempo Ordinario
1 R 3, 5.7-12; Sal 118, 57.72.76-77.127-130; Rm 8, 28-30; Mt 13, 44-52
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra. El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Han entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
Reflexión: Hoy leemos otras tres breves parábolas sobre el Reino de Dios: el tesoro escondido, el comerciante de perlas y la red que recoge toda clase de peces. Las tres describen un ejercicio de discernimiento, una búsqueda, una recolección y una selección, que implica decisiones radicales. Las dos primeras hablan de objetos muy valiosos y de buscadores que dedican su vida a encontrarlos. Hallarlos exige dejarlo todo. La última parábola es más compleja. Alude a un juicio en el que se define el destino final de las personas: aquel que busca, descubre y acepta el Reino vive para siempre y aquel que no, se pierde.
Oración: Jesús, ayúdame a centrar mi vida solo en ti y que lo demás venga por añadidura.
Lunes 27
San Pantaleón
Jr 13, 1-11; Sal: Dt 32, 18-21; Mt 13, 31-35
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío: «El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas». Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo».
Reflexión: Dos realidades, el grano de mostaza y la levadura, parten de lo pequeño e insignificante y crecen hasta transformar todo su contexto y generar más vida con signos de acogida y fraternidad. La misma vida de Jesús refleja este hecho: parte de los más sencillos en la región marginal de Galilea, en la periferia del Imperio romano, y, desde allí, comienza a transformar las vidas de las personas que lo escuchan y siguen. El Reino de Dios continúa siendo una realidad muy simple, pero con un gran poder de transformación. ¿Qué estás haciendo para que, a través de tus pequeñas decisiones, el Reino siga creciendo, siga proyectándose y transformando nuestro mundo?
Oración: Señor, que nunca me olvide de lo más simple, que jamás me olvide de los pobres, que nunca menosprecie la periferia.
Martes 28
San Pedro Poveda Castroverde
Jr 14, 17-22; Sal 78, 8-9.11.13; Mt 13, 36-43
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. Así como se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su Reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».
Reflexión: La cizaña y el trigo crecen juntos, como la realidad en que el bien se desenvuelve en medio de las adversidades y la maldad. En esa realidad, Dios, esperanza del creyente, salva a la humanidad y concede a todos una oportunidad de vida. La paciencia divina respeta las etapas y niveles de comprensión, pero también espera que todos encuentren un camino de conversión y vida. La respuesta a la acción del maligno impulsa la oración y lleva la fe del discípulo de Jesús hasta los niveles más admirables. Aprendamos a esperar los tiempos de Dios en medio de nuestras preocupaciones e incertidumbres.
Oración: Haz de mí un discípulo paciente, que sepa esperar tu Reino y luche con tenacidad para que se establezca tu justicia.
Miércoles 29
Santos Marta, María y Lázaro (MO)
1 Jn 4, 7-16; Sal 33, 2-11; Jn 11, 19-27
Evangelio: Evangelio: En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». «Tu hermano resucitará». Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día». Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Reflexión: Allí donde la esperanza parecía perdida, brota la vida y, con ella, la fe. En la familia de Marta, cada uno responde de manera distinta a la visita de Jesús. Una saluda a Jesús con alegría y agradece su cercanía; la otra, aunque reprocha la tardanza, aún confía en que Jesús es el Señor de la vida. Jesús, por su parte, expresa con gestos de ternura y dolor la pérdida del amigo y el sufrimiento de esta familia que lo ama, lo acoge y le ofrece su casa. La acción divina no se opone a la realidad humana, sino que la conduce a su plenitud.
Oración: Levanta, Señor, nuestra fe cansada y vence nuestras frustraciones.
bien los textos litúrgicos del día:
Jr 15, 10.16-21; Sal 58, 2-5.10-11.17-18; Mt 13, 44-46
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra».
Reflexión: Dos parábolas que nos hablan de búsqueda, anhelo, sueños y, sobre todo, encuentro con algo nuevo que nos obliga a cambiar nuestra forma de ver el mundo. En nuestra sociedad, hay quienes luchan por sus sueños y apuestan todo para lograrlos. El tiempo, a menudo, revela que aquellas aparentes certezas y decisiones radicales que impone el mundo son solo espejismos. Por otra parte, la realidad del Reino nos muestra que el tiempo y esfuerzo invertidos para hallar el tesoro y la perla no es inútil, sino que es la mejor de todas las decisiones. No solo por cuanto logramos vivir aquí y ahora, sino porque se proyecta más allá de nuestra realidad terrenal.
Oración: Te ofrezco todo lo que tengo, Jesús. Te amo y solo eso me basta.
Jueves 30
San Pedro Crisólogo, obispo y doctor (ML)
Jr 18, 1-6; Sal 145, 1-6; Mt 13, 47-53
Evangelio:En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío: «El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Han entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo». Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
Reflexión: El sermón de las parábolas contiene varias expresiones misteriosas que aluden al autor del Evangelio de Mateo: un escriba, discípulo de Jesús. Entre estos indicios, destaca el interés por relacionar a Jesús con la tradición del Antiguo Testamento. El autor es ese padre de familia que saca de su reserva el conocimiento de la Sagrada Escritura y lo reinterpreta a la luz de Jesús como máximo signo de la llegada del Reino de Dios. Esto no riñe con la tradición que vio en Mateo al apóstol inspirador de este Evangelio. A la sombra de su testimonio trabajó seguramente este escriba del Reino, que comprendió el alcance de las promesas de la ley y los profetas y su cumplimiento en Jesús.
Oración: Jesús, soy como ese escriba que, seducido por tu corazón manso y humilde, pone todo lo que sabe y ha vivido al servicio del Reino.
Viernes 31
San Ignacio de Loyola, presbítero (MO)
Jr 26, 1-9; Sal 68, 5.8-10.14; Mt 13, 54-58
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. La gente decía admirada: «¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?». Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: «Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta». Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.
Reflexión: Jesús vuelve a su pueblo y se suscita una controversia: Él participa del culto sinagogal, pero su autoridad para enseñar es cuestionada porque su origen es muy común y conocido. La admiración esconde también la desconfianza, que siempre se denuncia en la Sagrada Escritura: este es un pueblo de dura cerviz, un pueblo que cuestiona a sus líderes y profetas y le cuesta creer en la Palabra del Señor. La acción salvífica de Dios se ve refrenada por la libertad humana que se cierra ante ella. La fe no brota si no hay un corazón abierto a la misericordia de Dios.
Oración: Te conocemos, Jesús, y sabemos que en todo te hiciste igual a nosotros, menos en el pecado. |