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1MEDITACIÓN DIARIA DEL EVANGELIO - AGOSTO
-Por José María Siciliani-

Intención del papa Francisco para el mes de agosto: Para que las familias, gracias a una vida de oración y de amor, se vuelvan cada vez más “laboratorios de humanización”.

Jueves 1 de agosto
San Alfonso María de Ligorio

Evangelio de Mateo 13, 47-53:
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de los cielos se parece también a la red que se echa al mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la sacan a la orilla y, sentándose, recogen en canastos los buenos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entienden bien todo esto?”. Ellos le contestaron: “Sí”. Él les dijo: “Ya ven, un maestro de la ley que entiende del reino de los cielos se parece a un dueño de casa que va sacando de sus tesoros lo nuevo y lo antiguo”. Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Reflexión:
En una red los pescadores atrapan pescados buenos, pero también peces no comestibles, y hasta materiales que deben desechar como madera, plantas, cascarones de crustáceos, etc. El mundo está hecho de todo, de gente de bien y de gente de menos bien, de alegría y de dolor, de conquistas y fracasos. La sabiduría cristiana enseña al creyente un cierto realismo –no el fatalismo– que permite superar cierta exasperación intranquila que apaga la esperanza. En efecto, una cierta tendencia del profetismo que reclama solo pureza y rechaza todo compromiso es insoportable o a la larga resulta poco práctica. Porque lo contrario de este sano realismo es una voluntad constante a querer cuestionar todo, a buscar siempre lo nuevo. En la red hay de todo, lo importante es que como creyentes miremos cómo permanecemos fieles ante las ambigüedades inevitables de la vida, que durarán hasta el juicio final.  

Viernes 2 de agosto
San Eusebio de Vercelli

Evangelio de Mateo 13, 54-58:
En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: “¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?”. Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Jesús les dijo: “Si hay un lugar donde un profeta es despreciado, es en su tierra y en su propia familia”. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.  

Reflexión:
Cuando Jesús predicaba, no dejaba indiferente a la gente; la sacudía con su palabra vigorosa y con sus gestos de liberación sanadora. Jesús fue escuchado y entendido por su pueblo porque supo actualizar el mensaje de Dios para las personas de su tiempo. Lo que la gente le criticaba, ser hijo de un carpintero, era justamente su fortaleza: conocía la vida de la gente, sabía cómo hablarle al corazón. Y esa actitud es la regla y el desafío para los predicadores de hoy. Tarea que resulta aún más difícil porque el mundo actual es complejo y plural. Porque ya no acepta tan fácilmente la Palabra; porque ya no son los valores cristianos los que están en las conversaciones del hogar, del trabajo, de los noticieros de radio o televisión.
 
Sábado 3 de agosto

Evangelio de Mateo 14, 1-12:
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus cortesanos: “Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos”. Es que Herodes había hecho arrestar a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por causa de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: “Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista”. El rey se entristeció; pero, por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Reflexión:
Jesús no era un exaltado que desconocía los riesgos de su misión. Tampoco Juan Bautista, cuya muerte cruel nos narra la Palabra de Dios. El evangelio se ha enfrentado siempre contra todas las sacralizaciones del poder. Ya desde los primeros discípulos de Jesús, que fueron martirizados por no haber aceptado al Emperador Romano como a un dios, el cristianismo se alza contra todo totalitarismo, aunque esté revestido de religión o se justifique con incienso. El poder disponer de la vida de alguien no es facultad de ningún ser humano, solo es prerrogativa de Dios, creador y dueño de la vida. Herodes y todos los otros Herodes de la historia son, en el fondo, unas marionetas del “qué dirán”; su poder arbitrario es signo de su miedo. Los líderes auténticos no necesitan intimidar para hacerse obedecer. No necesitan asesinar para mostrar su autoridad.

Domingo 4 de agosto
XVIII del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lucas 12, 13-21:
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. Él le contestó: “Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre ustedes?”. Y dijo a la gente: “Miren: guárdense de toda clase de codicia. Que por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes”. Y les propuso una parábola: “Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y se puso a pensar: ‘¿Qué haré? No tengo dónde almacenar la cosecha’. Y se dijo: ‘Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘Necio, esta misma noche vas a morir. Lo que has acumulado, ¿para quién será?’. Así le sucede al que amontona riquezas para sí mismo y no es rico a los ojos de Dios”.

Reflexión:
 La insensatez que cuestiona Jesús es organizar la vida sin tener en cuenta a Dios. ¿De qué servirán todas las riquezas a la hora decisiva? Si el rico hubiera compartido sus bienes con los pobres, sus riquezas se hubieran convertido para él en un tesoro imperecedero. Amontonar y amontonar no es la razón de la vida. Nuestra vida no depende de los bienes. Por muy necesarias que sean las riquezas, ellas no constituyen el fin de la vida. La vida del hombre depende de la capacidad de compartir. Lo que verdaderamente llena la existencia de gozo no son la cantidad de bienes, ni la codicia, sino el sentido de solidaridad que hayamos sabido construir con lo mucho o lo poco que tengamos. 

Lunes 5 de agosto
Dedicación de la Basílica de Santa María

Evangelio de Mateo 14, 13-21:
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en una barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús la muchedumbre, sintió compasión de ellos y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a los poblados y compren algo de comer”. Jesús les replicó: “No hace falta que vayan, denles ustedes de comer”. Ellos le replicaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces”. Les dijo: “Tráiganmelos”. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce canastos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Reflexión:
De cinco panes Jesús es capaz de saciar a la multitud numerosa, y lo mejor es que sobran doce canastos más de alimento. ¿Qué significa esta abundancia que brota de la escasez? El evangelio da, pues, una pista: lo poco que hay puede alcanzar para todos e incluso puede sobrar para repartir. La multiplicación de los panes, entonces, es una invitación de parte del evangelio para que luchemos por una mejor redistribución de los bienes. Esto se hace aún más apremiante si recordamos dos datos. El primero: hay demasiada hambre en el mundo; hambre que no proviene de la pereza de los pobres sino de la injusticia. El segundo: el pensamiento social de la Iglesia afirma “el destino universal de los bienes”. Lo que ha producido Dios no es para unos pocos. 

Martes 6 de agosto
Transfiguración del Señor

Evangelio de Lucas 9, 28-36:
En aquel tiempo, Jesús tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo revestidos de gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; pero permanecieron despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: “Maestro, ¡qué bien se está aquí! Haremos tres enramadas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: “Este es mi Hijo, mi elegido; escúchenlo”. Cuando se oyó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Reflexión:
 Se han vuelto a poner de moda las visiones: muchos ven a la Virgen María aquí o allá y otros tantos sienten a los ángeles. ¿Qué podemos decir como cristianos sobre este asunto? ¿Cuál es el sentido de la visión en la Biblia? En la fe cristiana ver lo que esperamos es uno de los sentidos de la visión. En medio de las tinieblas y del espesor de la vida dura, la fe nos hace contemplar desde Dios el futuro de nuestra historia, de nuestras vidas. Incluso la visión nos puede ayudar a sobrellevar la prueba. Eso fue la Transfiguración del Señor: un don que permite a los discípulos sobrepasar la prueba de la Cruz para seguir reconociendo en Jesús al Hijo del hombre. En otras palabras, la visión nos ayuda a transfigurar y a soñar la cruda realidad, porque nos hace ver las cosas desde Dios: y así nos hace fuertes para luchar por lo que contemplamos desde Dios.

Miércoles 7 de agosto
Santos Sixto II y compañeros / San Cayetano

Evangelio de Mt 15, 21-28:
 En aquel tiempo, Jesús se fue de allí y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, procedente de aquellos lugares, se puso a gritarle: “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo”. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: “Atiéndela, que viene detrás gritando”. Él les contestó: “Solo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: “Señor, socórreme”. Él le contestó: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Pero ella replicó: “Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Jesús le respondió: “Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. En aquel momento quedó curada su hija.

Reflexión:
 Los expertos en comunicación y publicidad dicen que lo más terrible de la propaganda publicitaria es que nos inventa falsos deseos. Hace que deseemos aquello que realmente no necesitamos. Fijémonos entonces en lo que le dice Jesús a la mujer cananea: “Qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. ¿Qué deseaba la mujer? ¿Y qué le inspiran esos deseos? No desea algo para ella, sino para su hija. Además, sus deseos son tan firmes, que no se desconcierta con esa respuesta extraña de Jesús que la compara con un perrito. Al contrario, lejos de lanzar una respuesta fruto del orgullo herido, responde a Jesús con sabiduría e inteligencia: “Los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños”. Y sus deseos son satisfechos.

Jueves 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán

Evangelio de Mt 16, 13-23:
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos contestaron: “Unos dicen que Juan Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o uno de los profetas”. Él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Simón Pedro tomó la palabra y dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le respondió: “¡Dichoso tú, ¡Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y se puso a increparlo: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte”. Jesús se volvió y dijo a Pedro: “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios”.

Reflexión:
 Lo más exigente de la fe es dejar que Dios actúe en nuestras vidas tal y como a él le parece. Dicho de otro modo, lo más difícil es dejarse cambiar la idea de Dios que uno tiene, para que el Dios verdadero penetre la existencia y la transforme. San Pedro no llegó a esa experiencia sin problemas. Así lo deja ver cuando le dice a Jesús: “¿Cómo se te ocurre que tú, el Hijo de Dios, vas a morir en una cruz?”. ¡Imposible! Pero los caminos de Dios no son nuestros caminos. Dios no será nunca alguien de quien podamos disponer según nuestros gustos. Cada vez que tratamos de evitar los desiertos de la vida, cada vez que queremos resolver mágicamente los problemas, estamos tratando de manipular a Dios, porque evitamos entrar por el camino del amor. Y Dios es amor.

Viernes 9 de agosto
Santa Teresa Benedicta de la Cruz

Evangelio de Mt 16, 24-28:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto al Hijo del hombre llegar en su reino”.

Reflexión:
Para creer en Dios hay que hacer memoria: recordar todo lo que Dios ha hecho por nosotros, rememorar los prodigios que el Señor ha manifestado en nuestras vidas, tanto como personas como comunidad creyente. Si miramos con gratitud la vida, no podremos sino exclamar: “¡Gracias, Señor! Yo sé que en ti vivo, me muevo y existo”. Y si pensamos en la historia de la Iglesia, a pesar de todos sus desaciertos, podemos también ver muchas luces: a través de ella nos llegó el evangelio, a través de ella hemos conocido la rica tradición de creyentes que se entregaron a Jesús negándose a sí mismos. Solo quienes descubren la bondad de Dios, solo los que conocen la voz de Dios y su amor, solo los que han sentido que Dios es realmente bueno, solo ellos pueden negarse a sí mismos e ir detrás del Hijo de Dios: porque en el fondo lo que hacen es encontrar un camino de realización humana y espiritual que los plenifica; porque servir a Dios es la mejor manera de vivir la vida.

Sábado 10 de agosto
San Lorenzo

Evangelio de Juan 12, 24-26:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Les aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará”.

Reflexión:
Los diáconos son ministros ordenados de la Iglesia. Algunos reciben ese ministerio de forma temporal: reciben el diaconado para luego ser ordenados sacerdotes. Otros son “diáconos permanentes”: generalmente casados, que reciben ese ministerio. San Lorenzo es el patrono de los “diáconos”. Esta palabra significa, en griego, servidor. Los diáconos son llamados a servir la Palabra, por eso cuando participan en la Eucaristía deben hacer la homilía. Además, pueden realizar otros servicios litúrgicos: bautizar y casar. Pero también son llamados a servir a los pobres. Su vocación, que es la de dar generosamente, les pide morir a sus gustos, a sus preferencias, para que Dios y su reino sean lo primero en sus vidas. Así lo hizo san Lorenzo, que no solo dio su tiempo y sus bienes sino su propia sangre

Domingo 11 de agosto
XIX del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lucas 12, 32-48:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño, porque el Padre de ustedes ha tenido a bien darles el reino. Vendan sus bienes y den limosna; consíganse bolsas que no se desgasten, y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acercan los ladrones ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón. Tengan ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Ustedes estén como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre despiertos; les aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos. Comprendan que, si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría asaltar su casa. Lo mismo ustedes, estén preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del hombre”. Pedro le preguntó: “Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?”. El Señor le respondió: “¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimentos a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Les aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero si el empleado piensa: ‘Mi Señor tarda en llegar’, y empieza a pegarles a los criados y a las criadas, y se pone a comer y beber y a emborracharse, llegará el Señor de aquel criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. El criado que conoce la voluntad de su señor, pero no está preparado o no hace lo que él quiere, recibirá un castigo muy severo. En cambio, el que, sin conocer esa voluntad, hace cosas reprobables, recibirá un castigo menor. A quien se le dio mucho, se le exigirá mucho; y a quien se le confió mucho, se le pedirá mucho más”.

Reflexión:
¿Dónde está nuestro corazón? Si observamos realmente nuestra actitud, podremos saber realmente dónde tenemos el corazón anclado. Si en Jesús o en algo pasajero. Porque el que está afincado en Dios no se altera, no se perturba rápidamente ante la demora. El que tiene puesta su esperanza en Dios no desfallece ni se enfría en su ardor por vivir el evangelio, por ser fiel a lo que prometió. Los que no tienen su corazón en Dios, en cambio, vacilan fácilmente, no perseveran, no son capaces de una vigilancia sostenida; no aguantan la prueba del tiempo. Esa fidelidad que hace que el siervo cumpla su tarea, aunque el señor se demore, esa fidelidad viene de una firme y recta esperanza. Porque en ese corazón no entran ciertos ladrones ni ciertos insectos: ni la polilla de la desilusión, ni el ladrón del desencanto y el temor. Un corazón afincado en Dios no se desmorona ante la oposición; un corazón anclado en Jesús avanza con firmeza hacia la meta que espera.

Lunes 12 de agosto
Santa Juana Francisca de Chantal

 Evangelio de Mateo 17, 22-27:
 En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, lo matarán y al tercer día resucitará”. Y ellos se entristecieron mucho. Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: “¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto de las dos dracmas?”. Pedro contestó: “Sí”. Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: “¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?”. Contestó: “A los extraños”. Jesús le dijo: “Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Tómala y págales por mí y por ti”.

Reflexión:
 En el evangelio de hoy, Jesús subraya la libertad de los hijos de Dios frente a un impuesto que había que pagar en el templo. En realidad, los hijos de Dios no lo deberían pagar. Pero para evitar ser una ocasión de caída para la gente, Jesús dice a Pedro que lo pague. La doctrina social de la Iglesia enseña que hay que pagar los impuestos. Pero al mismo tiempo invita a una activa participación de los creyentes en la vida política, para que vigilen cómo se gasta el dinero de todos. Por tanto, la indiferencia ante la política, las lamentaciones inútiles contra los políticos corruptos y el humor burlón no sirven para nada. El amor a Dios debe incluir una dimensión política, que hace del creyente alguien que trabaja por los más pobres.

Martes 13 de agosto
Santos Ponciano e Hipólito

 Evangelio de Mateo 18, 1-5.10.12-14:
En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?”. Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: “Les aseguro que, si no vuelven a ser como niños, no entrarán en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que reciba a un niño como este en mi nombre a mí me recibe. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque les digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué les parece? Supongamos que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la extraviada? Y si la encuentra, les aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. De la misma manera, el Padre de ustedes que está en el cielo, no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”.

Reflexión:
En este tiempo, como en el tiempo de Jesús, los niños no cuentan demasiado, a pesar de la Proclamación de los Derechos del Niño, entre otros. En la época de Jesús era aún peor. Un niño no tenía ningún peso social y ninguna importancia. Ante la sed de poder que hay en el corazón humano, Jesús invita entonces a la “infancia espiritual” como condición para entrar en el reino. No se trata de infantilismo, de incapacidad de responsabilidad, se trata de sencillez del corazón que no se engríe y sabe que Dios es la fuerza en la debilidad. Que Dios es incluso amor y perdón en la caída. Como un pastor que deja sus ovejas para ir por la perdida, ese amor increíble de Dios es el que provoca en el corazón del creyente la confianza sencilla, como la de un niño

Miércoles 14 de agosto
San Maximiliano María Kolbe

Evangelio de Mateo 18, 15-20:
 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Si tu hermano peca, llámale la atención a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o como un publicano. Les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo. Les aseguro, además, que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Reflexión:
Hay que caer en la cuenta de algo que dice Jesús: “Si tu hermano ha cometido un pecado, ve y háblale personalmente y muéstrale su falta”. Lo primero es algo delicado: hay que saber discernir el pecado del hermano, su falta. La corrección exige distinguir entre debilidad y pecado, entre tentación y falta. El texto del evangelio indica que quien corrige está también animado por el deseo de ganar a su hermano. Lo que significa que no va con una intención punitiva, castigadora o condenatoria, sino de ir a ganar al hermano. Esta intención es fundamental para que la corrección sea fecunda. Además, el texto del evangelio enseña que, si el primer paso no logra hacer cambiar al hermano, entonces hay que recurrir a otro hermano para ir a corregir al que cometió la falta. Este segundo paso muestra la discreción, el afán de no divulgar el pecado del hermano. Todo esto muestra lo exigente que es la corrección. Ella es más difícil que criticar a los hermanos. Pero es más fecunda y produce realmente cambios en la vida de la comunidad creyente. 

Jueves 15 de agosto
Asunción de María

Evangelio de Lucas 1, 39-56:
 En aquellos días, María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá”. María dijo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo, su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre”. María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Reflexión:
 La Iglesia proclama que María, cuyo cuerpo llevó al Hijo de Dios, ha sido resucitada y el germen de inmortalidad que contenía, ha llegado a su plenitud en Dios. Las entrañas de María no es lo que celebramos, sino que la Madre de Dios acogiera con todo su ser, también con su cuerpo, el proyecto de Dios y lo realizara con plena disponibilidad. Dios nos ha creado totalmente, Él nos ha dado el cuerpo, la mente, los sentimientos, el espíritu, dimensiones todas que, en una unidad indisoluble, Dios plenificará por su amor, más potente que la corrupción de la muerte. Así lo ha hecho ya con María. La Asunción es una fiesta de esperanza, es una fiesta que nos alienta en la lucha, al saber, gracias a María, cuál el destino final de nuestros combates por Dios y por los hermanos. Esa felicidad de sentirnos envueltos en el amor de Dios es lo que debería llevarnos a la constancia, a la fidelidad a la Palabra de Dios, incluso a un cuidado más atento de nuestro propio cuerpo.

Viernes 16 de agosto
San Roque / San Esteban de Hungría

Evangelio de Mateo 19, 3-12:
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”. Él les respondió: “¿No han leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: ‘¿Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Ellos insistieron: “¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?”. Él les contestó: “Debido a la dureza del corazón de ustedes Moisés les permitió divorciarse de sus mujeres; pero, al principio, no era así, por lo tanto, yo les digo: el que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio”. Los discípulos le dijeron: “Si esa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse”. Pero Él les respondió: “No todos entienden este lenguaje, solo aquellos a quienes se les ha concedido. Hay eunucos que nacieron así del seno de su madre, otros porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del reino de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga”.

Reflexión:
Jesús invita a la fidelidad en el matrimonio, y los discípulos, como los hombres y mujeres de hoy, se espantan: si así es el asunto en el matrimonio, entonces es mejor no casarse. Ellos sabían por experiencia lo duro que es la convivencia matrimonial. La fidelidad en el matrimonio no es posible sin una gran madurez humana, pero tampoco sin una sólida vida espiritual. Conjugadas, ayudan a sobrellevar el peso enorme del hogar, la responsabilidad ardua de ocuparse de los hijos y de construir una relación en la que se encuentra plenitud y gozo. Con fe ¡es posible!

Sábado 17 de agosto
Santa Beatriz de Silva

Evangelio de Mateo 19, 13-15:
En aquel tiempo, le acercaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: “Déjenlos, no impidan a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos”. Les impuso las manos y se marchó de allí.

Reflexión:
Hoy tenemos mayores conocimientos sobre la forma como las experiencias infantiles y las bases genéticas influyen en el ambiente social, en la conducta humana. Esto puede hacernos caer en un error fatal: pensar y actuar como si no fuéramos capaces de libertad y de responsabilidad. Porque si es cierto y sano aceptar que tenemos condicionamientos a los que hay que prestar mucha atención, sin embargo, no podemos escudarnos en ellos para exonerarnos de trabajar por lo que está al alcance de nuestras manos. Quizás podamos interpretar la actitud de infancia espiritual que propone Jesús como la capacidad de decir a Dios: Señor, todos esos condicionamientos se me escapan, yo los pongo en tus manos, pero dame el valor de cambiar lo que puedo cambiar, y sobre todo, conviérteme tú, y me convertiré a ti.

Domingo 18 de agosto
XX del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lucas 12, 49-53:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Yo he venido a prender fuego sobre la tierra, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Piensan ustedes que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”.

Reflexión:

 Estar dispuesto a soportar la contradicción por parte de los que uno ama, he ahí un fuego que quema duramente el corazón. Pero ese es el camino de la fe. Porque seguir a Cristo realmente exige rupturas en el corazón que son difíciles de llevar, que son como un bautismo de fuego, tal como lo describe Cristo. Si a Jesús le atravesaron el corazón, el cristiano tiene que dejarse atravesar el corazón. Quizás porque la primera división que tenga que hacer alguien que se toma en serio el evangelio es discernir las motivaciones internas de su alma, que nada tienen que ver con el reino de Dios. Hacer ese discernimiento es como dividir el corazón para aclararlo, para aprender a desechar decididamente lo que nos aparta de Dios y que justificamos de mil maneras.

Lunes 19 de agosto
San Juan Eudes

Evangelio de Mateo 19, 16-22:
 En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para obtener la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Él le preguntó: “¿Cuáles?”. Jesús le contestó: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo”. El muchacho le dijo: “Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?”. Jesús le contestó: “Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego ven y sígueme”. Al oír estas palabras, el joven se retiró, entristecido, porque poseía muchos bienes.

Reflexión:
Hay una hora en la vida en que es demasiado tarde, dice Dios. Para Jesús la hora de la generosidad y de la entrega radical es la juventud. Por eso Jesús invita al joven rico a no limitarse a cumplir lo mínimo, sino a desprenderse de todo para ponerse al servicio de Dios, para vivir del reino de Dios. Muchos jóvenes aún hoy, en medio de este ambiente tan contrario a los valores de Jesús, viven esa generosidad propia del evangelio: los que se han decidido por la vida religiosa en una comunidad, los que han decidido, como laicos, tomarse en serio a Jesús y su mensaje. Lo importante es que constatemos que aún hoy hay jóvenes que son capaces de darlo todo por Jesús, de vender todo para dedicarse al servicio de los más pobres. 

Martes 20 de agosto
San Bernardo

Evangelio de Mateo 19, 23-30:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Les aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”. Al oírlo, los discípulos quedaron muy sorprendidos y dijeron: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Jesús, mirándolos fijamente, dijo: “Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo”. Entonces le dijo Pedro: “Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?”. Jesús les dijo: “Les aseguro que, en el mundo nuevo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes que me han seguido, también se sentarán en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel, que, por mi nombre, deje casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros”.

Reflexión:
Podemos leer el evangelio de hoy a la luz de algunas afirmaciones de ciertas corrientes sicológicas contemporáneas. Según estas, la persona que no acepta sus límites, que vive con un “sueño de omnipotencia infantil no ha aceptado el “principio de realidad”, es un ser humano inmaduro y peligroso. Jesús dice que muchos ricos, embriagados por el poder del dinero, pierden el sentido de la realidad y por eso no pueden entrar en el reino de los cielos. Dejar a Dios ser Dios, aprender a darle la prioridad a la voluntad de Dios y no a nuestros pensamientos caprichosos, ese es el trabajo de la fe. Ella nos vuelve realistas, pero nos hace soñar y nos llena de valor para aunar la gracia de Dios con el esfuerzo humilde de nuestra libertad.

Miércoles 21 de agosto
San Pío X

 Evangelio de Mateo 20, 1-16:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar trabajadores para su viña. Después de contratar a los trabajadores por un denario al día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña, y les pagaré lo debido’. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, sin trabajo, y les dijo: ‘¿Por qué están aquí el día entero sin trabajar?’. Le respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’. Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: ‘Llama a los trabajadores y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros’. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: ‘Estos últimos han trabajado solo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno’. Él replicó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No quedamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?’. Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”.

Reflexión:
E l texto de Mateo expresa un rasgo esencial del Dios que nos mostró Jesús: es un Dios bueno, cuyo amor es gratuito. Dios no nos trata como merecen nuestros pecados ni su amor depende de nuestras obras. Es bueno y su bondad se difunde incondicionalmente sobre todos. El que acoge su bondad y su luz acercándose a él, es profundamente transformado. Los pastores de la fe, especialmente los obispos y los sacerdotes, tienen la tarea de mostrar esa bondad de Dios, esa gratuidad del amor de Dios. Y los fieles laicos hemos de orar mucho por ellos, y con nuestro compromiso en la Iglesia particular, tenemos que motivar la revisión de su compromiso con Jesús y con el reino de Dios.

Jueves 22 de agosto
Santa María Reina

Evangelio de Mateo 22, 1-14:
 En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Vengan a la boda’. Los invitados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; otros agarraron a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: ‘La boda está preparada, pero los invitados no se la merecían. Vayan ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encuentren, invítenlos a la boda’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de invitados. Cuando el rey entró a saludar a los invitados, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?’. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”.

Reflexión:
Hay una palabra clave en el evangelio de hoy: “invitación”. Ser invitado por Dios, esa es la lógica de la fe cristiana. Hay que resaltar que Dios es quien toma la iniciativa; que Dios es quien prepara la fiesta; que Dios es quien envía a sus servidores para que traigan a los invitados. Esta parábola nos pone en una actitud de recepción y de fiesta: somos invitados nada más y nada menos que por Dios mismo. A nosotros nos corresponde percibir la importancia de tal invitación. A nosotros nos toca afinar nuestra fe para percibir que es la boda entre Dios y la humanidad, entre Dios y cada persona, entre Dios y el alma humana, como lo canta el Cantar de los Cantares. La fe es la participación en una boda mística en la que el creyente se hace familia de Dios por medio del Hijo.

Viernes 23 de agosto

Mateo 22, 34-40:

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?”. Él les respondió: “¿No han leído que el Creador, en el principio, ‘los creó hombre y mujer’, y dijo: ‘¿Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne’? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Ellos insistieron: “¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse?”. Él les contestó: “Por lo tercos que son les permitió Moisés divorciarse de sus mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora les digo yo que si uno se divorcia de su mujer –no hablo de impureza– y se casa con otra, comete adulterio”. Los discípulos le replicaron: “Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse”. Pero él les dijo: “No todos pueden con eso, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el reino de los cielos. El que pueda con esto, que lo haga”.

Reflexión:

Según Jesús, el matrimonio es un mandato de Dios y la Biblia muestra que la atracción sexual es un misterio que hunde sus raíces en Dios, quien creó a los humanos. Pero no podemos negar lo que dice san Pablo: que una persona casada se ocupa primeramente de su familia y de la crianza de sus hijos. Allí está su deber principal. Pero un religioso, además de construir una vida fraterna sólida y significativa afectivamente, tiene toda su energía para evangelizar y servir al reino, para volverse un experto en las cosas de Dios y anunciar la Palabra con pertinencia

Sábado 24 de agosto
San Bartolomé, apóstol

Evangelio de Juan 1, 45-51:
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: “Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret”. Natanael le replicó: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. Felipe le contestó: “Ven y verás”. Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: “Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Natanael le contesta: “¿De qué me conoces?”. Jesús le responde: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi”. Natanael respondió: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel”. Jesús le contestó: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores”. Y le añadió: “Yo les aseguro: verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

Reflexión:
¿Dónde hay espacios en que los no creyentes puedan ver la vida cristiana? ¿Dónde hay espacios donde los jóvenes puedan ver que vale la pena seguir a Jesús? Un hombre lleno de prevenciones como Natanael es llevado a Jesús por un amigo que no se deja intimidar por sus prejuicios y lo invita a ver. Y la invitación está llena de gozo y de una profunda experiencia: “Hemos encontrado”. Solo los que han hallado a Jesús, solo quienes lo han saboreado en la oración y el silencio, solo los que han visto su poder en las comunidades y en las personas, solo ellos pueden dar verdadero testimonio de vida “cristiana” plena.

Domingo 25 de agosto
XXI del Tiempo Ordinario

Evangelio de Lucas 13, 22-30:
 En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y pueblos enseñando. Uno le preguntó: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?”. Jesús les dijo: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha. Les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, se quedarán afuera y llamarán a la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’; y él les contestará: ‘No sé quiénes son ustedes’. Entonces comenzarán a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él contestará: ‘No sé quiénes son ustedes. Aléjense de mí, malvados’. Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras ustedes habrán sido echados fuera. Y vendrán muchos de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Miren: hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos”.

Reflexión:
Es ya célebre la anécdota según la cual un sabio de la India le dijo a un cristiano: “Saca una piedra del fondo del río… Ahora pártela por la mitad. ¿Cómo está en el centro?”. Y el cristiano respondió: “Está seca”. Y el sabio dijo: “Eso me parece que pasa en los países que se dicen cristianos: el evangelio no ha podido penetrar los sentimientos, las costumbres, las mentalidades. Entre ustedes se ha predicado el evangelio por muchos años, pero ustedes realmente no conocen la fe cristiana y no viven de ella”. Algo similar reconoció el beato Pablo VI en la encíclica Evangelii Nuntiandi. Y en cierta forma lo reconocieron los obispos latinoamericanos, cuando en el 2007 se reunieron en la ciudad brasilera de Aparecida y plantearon la necesidad de una “misión continental”. Quizás podamos interpretar el evangelio de hoy diciendo que el contacto con las religiones orientales, el hinduismo, el budismo, el islamismo, el confucionismo y tantas otras, nos harán interrogar a los cristianos católicos y nos empujarán a entrar por la puerta estrecha del evangelio, que ni siquiera nos hemos tomado la molestia de leer y mucho menos de estudiar.

Lunes 26 de agosto
Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars

 Evangelio de Mateo 23, 13-22
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el reino de los cielos! Ni entran ustedes, y a los que están entrando no los dejan entrar. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un prosélito y, cuando lo consiguen, lo hacen merecedor del infierno el doble que ustedes! ¡Ay de ustedes, guías ciegos, que dicen: ‘¡Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga’! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: ‘Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga’. ¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él”.

Reflexión:
Jesús critica a los escribas y fariseos a quienes califica de hipócritas. Primero, porque con su manera de vivir la religión impiden a muchos entrar en el reino de Dios. Segundo, porque el afán proselitista que tienen está desviado de raíz; por eso los discípulos que ganan no hacen otra cosa sino seguir un mal ejemplo. Tercero, porque son guías ciegos. Ellos creen que es más importante el oro del templo que el templo mismo. Y así confunden muchas cosas porque no ven. Y aunque parezcan muy solemnes porque hablan de juramentos en nombre del templo o de Dios, su comportamiento religioso está marcado por la hipocresía y el autoengaño.  

Martes 27 de agosto
Santa Mónica

Evangelio de Mateo 23, 23-26:
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Hay que hacer esto, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan un mosquito y se tragan el camello! ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera”.

Reflexión:
No confundir lo secundario con lo principal es casi sinónimo de empezar a limpiar primero la copa por dentro. Las palabras de Jesús son fuertes, pero alertan al creyente. Porque no hay que pensar que los fariseos son gente de otra época. Todos los creyentes tenemos necesidad de vigilancia, porque estos peligros no son exclusivos de unos períodos históricos de la Iglesia sino una permanente tentación de cada persona que se acerca a Dios. Jesús dice que lo más importante de la ley es la justicia, la misericordia y la fidelidad. Que lo que cuenta en la vida espiritual es el interior y no los gestos exteriores engañosos. Pureza de corazón y lucha por la justicia son los dos remedios contra la hipocresía, contra la tendencia religiosa a convertirse en un refugio comodón y orgulloso.

Miércoles 28 de agosto
San Agustín

Evangelio de Mateo 23, 27-32:
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que se parecen a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que edifican sepulcros a los profetas y ornamentan los mausoleos de los justos, diciendo: ‘¡Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas’! Con esto atestiguan en contra suya, que son hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colman también ustedes la medida de sus padres!”.

Reflexión:
Jesús continúa hoy fustigando proféticamente una religión exterior, una religión que no penetra el corazón y que se convierte en cortina de humo para esconder el egoísmo y las ganas de prestigio. La religiosidad exterior se puede presentar de muchas formas, pero generalmente es en el culto donde se puede percibir su tufillo mentiroso, exterioridad religiosa. De ahí que una verdadera comunidad creyente, antes que preocuparse por monumentos y ritos meticulosos, debe estar más preocupada por construir justicia, por crear lazos de misericordia y de solidaridad.

Jueves 29 de agosto
Martirio de san Juan Bautista

Evangelio de Mateo 6, 17-29:
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: “Pídeme lo que quieras, que te lo doy”. Y le juró: “Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino”. Ella salió a preguntarle a su madre: “¿Qué le pido?”. La madre le contestó: “La cabeza de Juan el Bautista”. Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: “Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista”. El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Reflexión:
Hay una cualidad del predicador que el Nuevo Testamento señala con una palabra griega, muy rica en significado: la parresía. Significa entre otras cosas valentía, coraje, libertad de espíritu, fuerza para anunciar el mensaje. Esa fue la característica de Juan Bautista, que no temía el odio de Herodías ni el poder de Herodes. Libertad y coraje era justamente lo consecuencias trágicas: engendra la muerte. Por miedo a los invitados y por no faltar a una palabra diplomática, Herodes satisface los caprichos de Herodías. No hay verdaderos procesos humanos sin la verdad, sin el coraje de la verdad. En un mundo en donde se instaló el relativismo, los creyentes han de recuperar ese espíritu profético propio del bautismo, donde son hechos sacerdotes, profetas y reyes. 

Viernes 30 de agosto
Santa Rosa de Lima

Evangelio de Mateo 13, 31-35:
            En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El Reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su huerta. A pesar de ser la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; hasta convertirse en un árbol y vienen los pájaros a anidar en sus ramas». Les dijo también otra parábola: «El Reino de los cielos se parece a la levadura que una mujer tomó y mezcló con una gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa». Jesús enseñó todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les enseñaba nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo».

Reflexión:
 Jesús compara el Reino con el grano de mostaza, la más pequeña de todas las semillas, pero destinada a convertirse en un árbol frondoso (cf. Mt 13, 31-32), o con la semilla que un hombre echa en la tierra: “duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo” (Mc 4, 27). El Reino es gracia, amor de Dios al mundo, para nosotros fuente de serenidad y confianza, es su acción permanente en la historia. El Reino es como la levadura que fermenta toda la masa y actúa de forma silenciosa. Dios hizo realidad las parábolas en la vida de Santa Rosa de Lima, consagrada laica de quien celebramos hoy su fiesta, ella humildemente se abrió a la acción de Dios y con su vida de oración, de sacrificio, de caridad sin exclusiones, construyó el Reino de Dios.

Sábado 31 de agosto
San Ramón Nonato

Evangelio de Mateo 25, 14-30:
            En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: “Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me dejaste, mira, he ganado otros cinco’. Su señor le dijo: ‘Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor’. Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: ‘Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos’. Su señor le dijo: ‘Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor’. Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: ‘Señor, sabía que eres exigente, que cosechas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo’. El señor le respondió: ‘Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que cosecho donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil échenlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes’”.

Reflexión:

La fidelidad a lo pequeño es uno de los signos de la sabiduría. No se trata de una obsesiva preocupación por la minucia. Se trata de una gran conciencia del pecado, de una gran conciencia de los procesos humanos y espirituales; de humildad y firmeza en los compromisos. Conciencia del pecado porque el creyente sabe que, si cede en algo pequeño, por ahí se abre un boquete para que vengan tentaciones y pecados más graves que lo pueden separar seriamente de Dios. Capacidad de paciencia, porque quien es fiel en lo pequeño reconoce que hay que dar pasos, cortos, pero seguros, para avanzar en la meta. Humildad, porque la atención a lo pequeño es la conciencia de que solo se puede hacer una cosa a la vez, y que esta, en última instancia, es algo tan exiguo que pareciera no incidir en la vida espiritual ni en la marcha del mundo.
 
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