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MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - NOVIEMBRE 2022
-Por Padre Juan Bytton Arellano, sacerdote jesuita-

Intención del papa Francisco para el mes de noviembre: Recemos para que los niños que sufren, los que viven en las calles, las víctimas de las guerras y los huérfanos, puedan acceder a la educación y redescubrir el afecto de una familia.

Martes 01
Todos los Santos
Ap 7, 2-4.9-14; Sal 23, 1-6; 1 Jn 3, 1-3; Mt 5, 1-12a

Evangelio: En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el cielo».

Reflexión: Las bienaventuranzas constituyen la nueva ley de la misericordia, la hoja de ruta de todo cristiano. La primera y la octava prometen un don para el presente: el Reino de los Cielos para los pobres de espíritu y los perseguidos a causa de la justicia. Ellos, a su vez, son los que movilizan las demás bienaventuranzas porque abren la puerta al don que vendrá. Son nueve bienaventuranzas, contando la que Jesús dirige a sus discípulos cuando son perseguidos por su causa. La décima exhortación —«estén alegres y contentos»— es la plenitud de las bienaventuranzas, ya que el diez constituye la perfección moral. Quien vive este proyecto es feliz porque busca la felicidad y la realización de los demás.

Me comprometo: En esta fiesta, pidamos por la Iglesia para que siga difundiendo con ilusión el evangelio de Jesús.

Miércoles 02
Conmemoración de todos los Fieles Difuntos
Lm 3, 17-26 o bien Rm 6, 3-9; Sal 129, 1-8; Jn 14, 1-6

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble su corazón; crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así; ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes. Y a donde yo voy, ya saben el camino». Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».

Reflexión: Este pasaje de Juan forma parte del discurso de despedida, en el que una cuestión clave es el tema de la muerte. Jesús está ofreciendo un proyecto nuevo. Por eso, sus palabras clave son: «No tiemble su corazón». Creer es la puerta que abre a la paz, tanto aquí en la tierra como en la morada eterna del Padre. La segunda palabra clave es «volver», un término que, en la cultura hebrea, significa conversión. Ese es el camino de todo creyente: una vida plena siempre en conversión, abierta a la eternidad en presencia del Padre. Lo cual se realiza cuando hacemos del mundo un hogar; de las relaciones humanas, fraternidad; de nuestro compromiso, construcción de paz y justicia.

Me comprometo: Elevemos una oración por los fieles difuntos que, descansando en Dios, nos siguen acompañando en las penas y alegrías.

Jueves 03
San Martín de Porres, religioso
Flp 3, 3-8a; Sal 104, 2-7; Lc 15, 1-10

Evangelio: En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de ustedes tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos y les dice: “¡Alégrense conmigo! He encontrado la oveja que se me había perdido”. En verdad les digo que, así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alégrense conmigo! He encontrado la moneda que se me había perdido”. Les digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

Reflexión: «Alégrense» es la palabra que más se repite en este pasaje de Lucas, como la primera palabra del ángel a María (Lc 1, 28). La alegría es el signo del cristianismo. Sin ella no es posible entender la acción de Dios cuando busca la alegría de los demás. Esa alegría profunda es fruto de la conversión, del encuentro personal con quien se ama, de la entrega generosa al servicio de los demás. Para el creyente, lo contrario a la alegría no es la pena, sino el egoísmo, que solo se rige por el cumplimiento de obligaciones. Para Jesús, en cambio, la base de la felicidad es la alteridad; es decir, la identificación de las necesidades de los demás para sanar y liberar, perdonar y enviar.

Me pregunto: ¿Cómo vivo la alegría de la fe y el evangelio en mi compromiso cristiano?

Viernes 04
San Carlos Borromeo, obispo
Flp 3, 17—4,1; Sal 121, 1-2.4-5; Lc 16, 1-8

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante su señor de malgastar sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Es cierto lo que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido”. El administrador se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el empleo? Para trabajar la tierra no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quién me reciba en su casa”. Fue llamando uno a uno a los deudores de su señor, y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi señor?”. Este respondió: “Cien barriles de aceite”. Él le dijo: “Aquí está tu recibo; date prisa, siéntate y escribe cincuenta”. Luego le dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto debes?”. Él contestó: “Cien sacos de trigo”. Le dijo: “Aquí está tu recibo, escribe ochenta”. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Y es que, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».

Reflexión: La alabanza a un administrador injusto y astuto nos hace pensar en lo complejo de las relaciones humanas. Vivimos en un mundo inmerso en los criterios del mercado, del consumo y la ganancia. Jesús no pide que escapemos de él, sino que encontremos allí caminos de sanación, como lo hizo él mismo, sentándose con pecadores y publicanos. «Los hijos de este mundo son más astutos», pero nunca vencerán al bien. Hay que responder astucia con astucia. Cuando caminamos por los senderos del reinado de Dios y su justicia, siempre encontraremos allí a Jesús que nos anima a seguir sus pasos.

Me pregunto: ¿Son los criterios del evangelio los que rigen mi uso de los bienes y mi relación con mis compañeros de trabajo?

Sábado 05
Santa Ángela de la Cruz
Flp 4, 10-19; Sal 111, 1-2.5-6.8-9; Lc 16, 9-15

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús decía a sus discípulos: «Gánense amigos con el dinero injusto, para que, cuando les falte, los reciban a ustedes en las moradas eternas. El que es fiel en lo poco, es fiel en lo mucho; el que no es honrado en lo poco tampoco en lo mucho es honrado. Si no fueron de confianza con el injusto dinero, ¿quién les confiará los bienes verdaderos? Y si no fueron fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? Ningún siervo puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o será fiel a uno y despreciará al otro. No pueden servir a Dios y al dinero». Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaran de él. Jesús les dijo: «Ustedes presumen de justos delante de la gente, pero Dios conoce sus corazones. Lo que parece valioso para los hombres, es despreciable para Dios».

Reflexión: En continuidad con el relato de ayer, se sigue usando la analogía de la administración de los bienes. Jesús es radical: no se puede servir a dos señores. Porque quien vive así se engaña a sí mismo, andará angustiado constantemente y, sin darse cuenta, irá perdiendo la confianza de los demás. Los fariseos, «amigos del dinero», entienden muy bien a lo que se refiere Jesús, porque sus corazones están alejados del camino de la sencillez, la austeridad y la misericordia.

Me pregunto: ¿Vivo sirviendo solo al Dios de Jesús? ¿Qué criterios me ayudan a discernir que estoy yendo por ese camino?

Domingo 06
XXXII del Tiempo Ordinario
2 M 6, 1; 7, 1-2.9-14; Sal 16, 1.5-6.8.15; 2 Ts 2, 16—3,5; Lc 20, 27-38 F. B.: Lc 20, 27.34-38 - SALTERIO IV

Evangelio: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella». Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”. No es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos».

Reflexión: Este pasaje podríamos calificarlo como de diálogo interreligioso. Todo está bien planteado desde una visión filosófica y antropológica. Pero la vida futura va más allá, al punto de que Jesús afirma que allí ya no habrá matrimonios. La resurrección introduce una dimensión nueva y absoluta, que la razón humana nunca entenderá del todo. Pero la fe permite abrir los ojos de la mente y el corazón a toda persona que busca la verdad del amor, que es la constitución humana. Es un camino necesario y útil que debemos recorrer junto a hombres y mujeres de diferentes confesiones, credos y modos de pensar, para construir una sociedad de sana convivencia.

Me pregunto: ¿Cómo vivo desde mi fe la llamada a la vida plena y futura? ¿Doy testimonio de las promesas de Dios en mis palabras y actos?

Lunes 07
Virgen María Madre y Medianera de la Gracia
Tt 1, 1-9; Sal 23, 1-6; Lc 17, 1-6

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. ¡Tengan cuidado! Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás». Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor contestó: «Si ustedes tuvieran fe como un granito de mostaza, dirían ustedes a ese árbol: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”. Y les obedecería».

Reflexión: La plena apertura al perdón es el camino de la paz. El perdón es, ante todo, una gracia (per-don), un don de Dios que se hace palpable cuando se otorga. Al mismo tiempo, es un camino progresivo al corazón del otro, en el que el tiempo y el espacio son relativos. El fundamento de todo esto es la fe. Por lo tanto, es comprensible el pedido de los apóstoles. Aumentar la fe es admitir que ya la tenemos, que la hemos recibido en algún momento; pero deseamos seguir alimentándola de aquel que nos la dio. En lo más pequeño, podemos experimentar ese amor, que es capaz de echar raíces en el mar, en lo más profundo de la tierra y de los seres humanos.

Me pregunto: ¿Pido a Dios que aumente mi fe? ¿Le pido también que me permita ser agente de fe y esperanza?

Martes 08
Santa Isabel de la Trinidad, religiosa
Tt 2,1-8.11-14; Sal 36, 3-4.18.23.27.29; Lc 17, 7-10

Evangelio: En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Quién de ustedes que tenga un criado arando o pastoreando, le dice cuando llega del campo: “Ven, siéntate a la mesa”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame la cena y sírveme mientras como y bebo, y luego comerás y beberás tú”? ¿Tienen que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Así también ustedes: Cuando hayan hecho todo lo mandado, digan: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

Reflexión: Jesús habla aquí del patrón y el criado. Seguramente, entre los que le oían, había personas de dinero que tenían ese privilegio. Jesús quiere llegar a todos, pero siempre mirando desde los últimos. Por eso, un creyente es un servidor; y, más aun, un «servidor inútil». Pues ha hecho lo que tenía que hacer; es decir, servir al otro, a quien considera superior como lo dirán después Jesús mismo y Pablo (Flp 2, 3). Por otro lado, no dejemos pasar el detalle de la mesa y la cena; ya que, para Jesús, estas son las analogías más apreciadas para expresar que en el reinado del Padre siempre hay espacio para todos.

Me pregunto: ¿Me considero un servidor de los demás? ¿Hago de mi fe una experiencia plena de servicio?

Miércoles 09
Dedicación de la Basílica de Letrán
Ez 47, 1-2.8-9.12; o bien 1 Co 3, 9c-11.16-17;
Sal 45, 2-3.5-6.8-9; Jn 2, 13-22

Evangelio: Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un látigo de cuerdas, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los que vendían palomas les dijo: «Quiten esto de aquí; no conviertan en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Reflexión: El evangelio describe la primera vez que Jesús sube a Jerusalén y encuentra una escena que le molesta sobre manera. Le indigna que se apliquen a la fe la lógica y criterios del mundo y del mercado. Lamentablemente, la religión puede correr ese riesgo cuando no pone en el centro, siempre y únicamente, a Jesús y los que él ama. Perder el norte de Jesús es perder el rumbo de la vida y de la comunidad. Por eso, la fe empieza con la gratitud y la oración, ya que la lógica de Dios es la gratuidad. Y esto solo se puede apreciar cuando entramos en diálogo con él y servimos a los demás. La Iglesia será cada vez más del evangelio cuando dejemos que sea Jesús quien la guíe.

Me comprometo: Pidamos por la Iglesia para que, siendo fiel al evangelio, no se deje llevar nunca por la lógica del mundo, de la ganancia y la imposición.

Jueves 10
San León Magno, papa y doctor
Flm 7-20; Sal 145, 7-10; Lc 17, 20-25

Evangelio: En aquel tiempo, a unos fariseos que le preguntaban cuándo iba a llegar el Reino de Dios, Jesús les contestó: «El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque, el Reino de Dios está entre ustedes». Dijo a sus discípulos: «Llegará un día en que desearán ver uno solo de los días del Hijo del Hombre, pero no lo verán. Si les dicen que está aquí o está allí, no vayan ni lo sigan. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser rechazado por esta generación».

Reflexión: «El Reino de Dios está entre ustedes». Debe haber sido emocionante escuchar estas palabras de Jesús. No se trata del lugar ni del espacio, sino de la persona. No se trata de esperarlo según nuestros criterios y expectativas. El Reino de Dios es para acogerlo, dar gracias y compartirlo. Esa dinámica trasciende la historia humana. Sin embargo, esta experiencia fundante no está exenta de sufrimiento ni de rechazo. Jesús lo dice claro: la alegría plena también implica sufrimiento. La vida que él propone es de esfuerzo gratuito para una recompensa gratuita. La garantía está en acompañarlo y aprender a dar la vida como él la dio, en el día a día; no espectacularmente ni al son de trompeta.

Me pregunto: ¿Es mi vida de fe una experiencia profunda y sencilla, a la vez?

Viernes 11
San Martín de Tours, obispo
2 Jn 4-9; Sal 118, 1-2.10-11.17-18; Lc 17, 26-37

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. Lo mismo sucedió en tiempos de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. Así sucederá el día que se manifieste el Hijo del Hombre. Aquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. Acuérdense de la mujer de Lot. El que trate de conservar su vida, la perderá; pero el que la pierda, la conservará. Les digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos mujeres moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán». Ellos le preguntaron: «¿Dónde, Señor?». Él contestó: «Donde está el cadáver, se juntarán los buitres».

Reflexión: Estas palabras de Jesús resultan difíciles. Habla del final de los tiempos, pero como una llamada a estar atentos. Para ello, trae a colación la historia de la salvación; de qué forma el proceder de la humanidad influyó en la suerte de cada nación. El Dios de Jesús será siempre el Dios de la vida y la esperanza. Sus advertencias apuntan a ello. No se puede vivir esperando una condena, sino construyendo el futuro con esperanza. Por eso, nos llama a no quedarse dormidos ni provocando divisiones. Lo que importa es ser hombres y mujeres que apuesten por la vida, que construyan una sociedad justa y fraterna. Entonces el día de la manifestación del Hijo será la coronación de todo el bien hecho por la humanidad. Lo contrario es morir en vida.

Me pregunto: ¿Mi vivencia de la fe está determinada por el miedo y la condena, o por la esperanza y el amor a Dios y al prójimo?

Sábado 12
San Josafat, obispo y mártir
3 Jn 5-8; Sal 111, 1-6; Lc 18, 1-8

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en la misma ciudad una viuda que no cesaba de suplicarle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: “Aunque ni temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, para que no vengan continuamente a molestarme”». Y el Señor añadió: «Fíjense en lo que dice el juez injusto; Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿Los hará esperar? Yo les aseguro que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?».

Reflexión: En este pasaje, encontramos nuevamente la voz de una mujer, una viuda que dirige sus súplicas a un juez que no teme a Dios ni a los hombres. La insistencia de la mujer va más allá de las convicciones y la forma de pensar del juez. Por ello, Jesús la pone como ejemplo de perseverancia y confianza. Pues el juez de Jesús, en cambio, es justo y misericordioso. El mensaje de esta parábola radica en la fe y la confianza de los que creen, no del que no cree. De allí la pregunta: «Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?». La espera se debe transformar en esperanza; es decir, en una acción que implica un compromiso por generar confianza y esperanza.

Me pregunto: ¿Tengo una fe capaz de esperar contra toda esperanza? ¿Soy un creyente generador de esperanza para los demás?

Domingo 13
XXXIII del Tiempo Ordinario
Ml 3, 19-20a; Sal 97, 5-9; 2 Ts 3, 7-12; Lc 21, 5-19 -SALTERIO I

Evangelio: En aquel tiempo, algunos hablaban del templo, admirados de la belleza de sus piedras y de las ofrendas que lo adornaban. Jesús les dijo: «Esto que ustedes contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo será eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él contestó: «Cuidado con que nadie los engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”. No vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida». Luego les dijo: «Se alzará nación contra nación y reino contra reino, habrá grandes terremotos y, en diversos países, epidemias y hambre. Habrá también cosas espantosas y grandes señales en el cielo. Pero, antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Así tendrán ocasión de dar testimonio de mí. Hagan el propósito de no preocuparse por su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ninguno de sus adversarios. E incluso serán traicionados por sus padres, y parientes, y hermanos, y amigos. Y a algunos de ustedes los matarán, y todos los odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de su cabeza se perderá. Gracias a la constancia salvarán sus vidas».

Reflexión: Jesús vuelve a exhortar sobre el futuro, lo que vendrá. Los escenarios que plantea parecen muy actuales: divisiones, guerras, epidemias, persecuciones, corrupción, muerte. Sin embargo, el futuro no es para lamentarse, sino para cambiar el rumbo de la historia. «El futuro no viene, se hace» (Gustavo Gutiérrez). He allí el sentido de la palabra clave de este texto: la constancia. Ella es la que nos abre al Espíritu, a la luz, a la esperanza. No se funda en el propio esfuerzo, sino en la fe en el Dios que rige la historia, que se encarnó en ella y se puso de parte de los más débiles. Si leemos la vida y la historia desde esta perspectiva, podremos identificar todo aquello que divide, mata y engaña; y seremos perseverantes en la construcción de la civilización del amor.

Me pregunto: ¿Miro el futuro con esperanza o con miedo? Como creyente, ¿infundo esperanza y lucho por un futuro mejor para todos?

Lunes 14
San Humberto
Ap 1, 1-4; 2, 1-5a; Sal 1, 1-4.6; Lc 18, 35-43

Evangelio: En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello. Le dijeron: «Pasa Jesús el Nazareno». Entonces empezó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?». Él dijo: «Señor, que vea otra vez». Jesús le contestó: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado». En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Reflexión: ¿Cuántas veces nos han preguntado por qué creemos?, ¿quién es Jesús para nosotros? El ciego de este relato hace una pregunta parecida. Por otro lado, ¿cuántas veces, con palabras y gestos, hemos callado los gritos de quienes pasan necesidad? Jesús nos muestra la característica suprema de Dios: la compasión. Esta es una potencia que surge desde abajo y permite reconocer y vivir lo que viene de lo alto. Jesús también quiere dinamizar la fe de todos: «¿Qué quieres que haga por ti?». Parece una pregunta irónica, pero lo que Jesús desea es que cada uno tome conciencia de su necesidad y de su fe. La sanación hace que todo el pueblo glorifique a Dios, que recupere la vista cuando sirve al prójimo.

Me comprometo: En mi oración, ¿pido ver las necesidades de los demás con los ojos de la fe y del Dios de la misericordia?

Martes 15
San Alberto Magno, obispo y doctor
Ap 3, 1-6.14-22; Sal 14, 2-5; Lc 19, 1-10

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Vivía allí un hombre muy rico llamado Zaqueo, jefe de los publicanos, que trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más». Jesús le contestó: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa ya que también este es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Reflexión: Este relato está cargado de símbolos: un jefe rico, pero pequeño, a quien la gente le impide ver a Jesús; un sicomoro y el diálogo con Jesús. El Señor va a la casa de Zaqueo, pero antes lo invita a bajar, a volver a la posición en la que estaba, y así entrar en un camino real de conversión para él y los suyos. El Maestro no solo va a cenar, sino a alojarse en casa del publicano. Si a él se le consideraba perdido, su conversión es procurar que nadie más se pierda. La cadena de la misericordia más fructífera siempre empieza desde abajo.

Me pregunto: ¿Cuántas veces hemos sido “Zaqueos” en nuestra historia de fe? ¿Agradecemos las ayudas que nos permiten encontrar a Jesús?

Miércoles 16
Santa Margarita de Escocia
Ap 4, 1-11; Sal 150, 1-5; Lc 19, 11-28

Evangelio: En aquel tiempo, mientras la gente escuchaba a Jesús les contó una parábola, porque ya estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios iba a manifestarse de un momento a otro. Dijo, pues: «Un hombre de familia noble se fue a un país lejano para conseguir el título de rey y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: “Negocien hasta que vuelva”. Pero sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una delegación para informar: “No queremos que él sea nuestro rey”. Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para saber de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: “Señor, tu onza ha producido diez”. Él le contestó: “Muy bien, eres un siervo cumplidor; como has sido fiel en lo poco, tendrás autoridad sobre diez ciudades”. El segundo llegó y dijo: “Tu onza, señor, ha producido cinco”. A ese le dijo también: “Pues toma tú el mando de cinco ciudades”. El otro llegó y dijo: “Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y cosechas lo que no siembras”. Él le contestó: “Por tus propias palabras te condeno, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y cosecho lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses”. Entonces dijo a los presentes: “Quítenle a este la onza y dénsela al que tiene diez”. Le replicaron: “Pero, Señor, si ya tiene diez”. Y yo les digo: “Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia”». Dicho esto, Jesús caminaba delante de ellos, subiendo a Jerusalén.

Reflexión: Esta es una parábola intensa en contenido y formas. El lenguaje comercial que Jesús usa podía ser entendido por mucha gente. Pero lo interesante de la parábola es la radicalidad del hombre noble. Sale de su país para buscar un título real y deja en manos de sus siervos la administración de sus bienes. No se trata de una falsa compasión ni de una gestión mediocre; sino de la radicalidad y convicción con que se hacen las cosas. Cuanto hemos recibido gratuitamente, dice más adelante el evangelio —y nos da luz para interpretar este pasaje—, debemos darlo gratuitamente. Hay una gran diferencia entre darlo todo y darlo casi todo. Jesús va subiendo a Jerusalén a entregar todo lo que su Padre le ha dado. Ese es el camino del cristiano.

Me pregunto: ¿Asumo compromisos dejándome iluminar por la fe y el amor de Dios? ¿Cómo administro los bienes de cara a miles de personas que pasan necesidad?

Jueves 17
Stos. Roque, Alfonso y Juan, mártires Rioplatenses
Ap 5, 1-10; Sal 149, 1-6.9; Lc 19, 41-44

Evangelio: En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, y dijo: «¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento en que Dios vino a visitarte».

Reflexión: Jesús llora ante Jerusalén. Se lamenta de una ciudad a la que ama, de una religión de la que bebió desde su nacimiento. «Lo que conduce a la paz» está oculto a los ojos de Jerusalén. Es irónico porque su nombre proviene de una raíz que significa «paz». Dios viene a visitar, a cohabitar con quienes procuran la paz. Cuando esta convicción está en el corazón del creyente, es capaz de generar un ambiente que promueve la paz. De esa forma, los enemigos, las fuerzas contrarias, son combatidas a fuerza de bien, como dice Pablo. Se acercan las horas más difíciles de Jesús, sus lágrimas evocan ya el llanto necesario para que los ojos de la fe se purifiquen y vean un horizonte regenerador de todo.

Me pregunto: ¿Vivo mi fe con paz, alegría, serenidad? ¿Hago de mi entorno familiar y comunitario un espacio de paz y confianza?

Viernes 18
Dedicación de las basílicas de los santos Pedro y Pablo, apostóles
Ap 10, 8-11; Sal 118, 14.24.72.103.111.131; Lc 19, 45-48

Evangelio: En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: «Escrito está: “Mi casa es casa de oración”; pero ustedes la han convertido en una cueva de bandidos». Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

Reflexión: La versión de Lucas sobre la expulsión de los vendedores del templo es la más breve, pero contiene dos expresiones clave: «casa de oración» y «cueva de bandidos». La oración permite mirar la realidad con los ojos de Dios, mientras la cueva de bandidos nos hace verla bajo los criterios del mundo. La lógica de Dios parte desde la gratuidad y la cercanía a todos; mientras la del mundo reduce las relaciones humanas a intercambios y ventajas de unos sobre otros. Por eso, Jesús es perseguido por quienes creen tener todo claro. Pero el pueblo creyente y sencillo, como señala Lucas, es el que nos orienta la mirada hacia lo auténtico de Dios.

Me pregunto: ¿Cuáles son los criterios principales que determinan mi ser y fe?

Sábado 19
María Madre de la Divina Providencia
Ap 11, 4-12; Sal 143, 1-2.9-10; Lc 20, 27-40

Evangelio: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, los que dicen que no hay resurrección y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella». Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”. No es un Dios de muertos, sino de vivos; pues para él todos están vivos». Intervinieron unos escribas: «Bien dicho, Maestro». Y no se atrevían a hacerle más preguntas.

Reflexión: «Cuando llegue la resurrección...». Esta es una inquietud natural de ayer y hoy. La pregunta por la muerte empieza con la vida. La pregunta por la fe comienza con el interrogante por lo que pasará después de morir. En este caso, los saduceos, que no creen en la resurrección, son quienes plantean esa cuestión. Vemos cómo se puede utilizar la religión para fines subalternos, para provocar y condenar. Jesús contesta con claridad: en la vida futura ya no será necesario casarse, seremos como ángeles, viviendo en la presencia de Dios. Lo que determina toda relación humana abierta a la trascendencia es la continuidad en el amor.

Me pregunto: ¿Cómo espero y vivo el presente de cara a la vida futura? ¿Cómo reacciono frente a puntos de vista distintos a los míos?

Domingo 20
Jesucristo, Rey del Universo
2 S 5, 1-3; Sal 121, 1-2.4-5; Col 1, 12-20; Lc 23, 35-43 SALTERIO II

Evangelio: Cuando Jesús estaba ya crucificado, el pueblo estaba allí mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el elegido». Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había encima de él una inscripción: «Este es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro le increpaba: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Nosotros la sufrimos justamente porque recibimos el pago de lo que hicimos, en cambio, él no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Reflexión: En la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, la liturgia nos ofrece este relato de Jesús en la cruz, rodeado de ladrones. Paradójicamente ese es el trono elegido por el Padre. Su Hijo, que nació en un pesebre, ahora muere en una cruz de madera. El Hijo que nace donde comen los animales, ahora muere rodeado de criminales. ¿Qué nos quiere decir el Padre sobre el reinado de su Hijo? ¿Son los criterios del éxito y el poder de los reyes los que definen el reinado de Dios? Ciertamente no. Y ese debe ser siempre el camino de todo cristiano: la kénosis de Jesús, agacharse para servir y no pretender que todos se inclinen ante uno para aplaudirlo.

Me pregunto: ¿Cómo vivo la festividad de hoy? ¿Cuáles son las características del reinado de Jesús?

Lunes 21
Presentación de la Virgen María
Ap 14, 1-3. 4b-5; Sal 23, 1-6; Lc 21, 1-4

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el ánfora de las ofrendas; vio también a una viuda pobre que echaba dos moneditas, y dijo: «En verdad les digo, esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Reflexión: Esta viuda pobre nos da una lección de fe. Ella, que pasa necesidad, echa todo lo que tiene. Ese es el camino para ser totalmente libres. Para ello hay que experimentar la cercanía y amistad de quienes pasan necesidad. Los caminos que Jesús nos llama a recorrer están llenos de viudas, huérfanos, forasteros, abandonados, marginados, excluidos. Depositar delante del Señor todo lo que se tiene para subsistir es abrir el corazón para vivir en el servicio, en la búsqueda del bien común. No basta echar donativos cuando se cuenta con todo, hay que dar toda la vida.

Me comprometo: Pidamos hoy seguir el ejemplo de entrega que María, nuestra madre, enseñó a Jesús.

Martes 22
Santa Cecilia, virgen y mártir
Ap 14, 14-19; Sal 95, 10-13; Lc 21, 5-11

Evangelio: En aquel tiempo, algunos hablaban del templo, admirados de la belleza de sus piedras y de las ofrendas que lo adornaban. Jesús les dijo: «Esto que ustedes contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra; todo será destruido». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo será eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él contestó: «Cuidado con que nadie los engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”. No vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida». Luego les dijo: «Se alzará nación contra nación y reino contra reino, habrá grandes terremotos y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también cosas espantosas y grandes señales en el cielo».

Reflexión: A estas alturas del Evangelio de Lucas, los interrogantes y angustias sobre lo que vendrá son más patentes. Jesús percibe eso en sus discípulos, pero deja que ellos pregunten: «Maestro, ¿cuándo será eso?». La respuesta, sin embargo, no es cuándo ni dónde, sino quién. Esa es la clave para enfrentar la vida con perseverancia y confianza: «Yo sé en quién he puesto mi confianza» (2 Tm 1, 12). De ese modo, en medio de guerras, revoluciones, divisiones, terremotos y epidemias, nada podrá mellar nuestro principio y fundamento: aquel que nos promete una vida plena cuando damos la nuestra a los demás. Quien se identifica con Jesús y su proyecto no será defraudado.

Me comprometo: Por intercesión de santa Cecilia, pidamos por las comunidades que hoy son perseguidas a causa de la fe para que sigan siendo siempre fermento de fe, esperanza y caridad.

Miércoles 23
Ss. Clemente I, papa y mártir, y Columbano, abad
Ap 15, 1-4; Sal 97, 1-3.7-9; Lc 21, 12-19

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Los detendrán, los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y a las cárceles, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre. Así tendrán ocasión de dar testimonio de mí. Hagan el propósito de no preocuparse por su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrán hacer frente ni contradecir ninguno de sus adversarios. E incluso serán traicionados por sus padres y parientes, y hermanos y amigos. A algunos de ustedes los matarán y todos los odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de su cabeza se perderá; gracias a su perseverancia, salvarán sus vidas».

Reflexión: Jesús no esconde ni niega lo difícil que es el seguimiento y el rechazo que acarreará. Pero allí radica la fuerza del creyente, no en lo que se diga o se haga, sino en permanecer siempre al lado de aquel que lo convoca, porque «ni un cabello de su cabeza se perderá». Mantener la perseverancia en tiempos difíciles demuestra que también la tenemos en tiempos serenos. Cuando la existencia se llena de incertidumbre, surge desde el fondo del alma la presencia de aquel que siempre hemos sabido que está allí. Así se ha vivido el cristianismo desde sus inicios. Hoy no podemos hacer de la fe una búsqueda de prosperidad o realización sin pensar que supone cruz y renuncia.

Me pregunto: ¿Cómo me preparo para seguir a Jesús en lo cotidiano y sabiendo que implica sacrificio y renuncia?

Jueves 24
Ss. Andrés Dung-Lac, Pbro., y compañeros, Mrs.
Ap 18, 1-2.21-23; 19, 1-3.9a; Sal 99, 2-5; Lc 21, 20-28

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando ustedes vean a Jerusalén sitiada por ejércitos, sepan que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a las montañas; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán al filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su cumplimiento. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante la expectativa de lo que sobrevendrá al mundo, pues los astros temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levántense, alcen la cabeza: porque se acerca su liberación».

Reflexión: Con un lenguaje apocalíptico, Jesús habla ahora de los difíciles momentos que atravesará Jerusalén. Es lo que se está viviendo por entonces. El evangelista y sus lectores no son ajenos a la realidad del pueblo. ¿Cuántas veces Jerusalén ha sido invadida, pisoteada y destruida? Las escenas son muy duras, pero son provocadas por acciones humanas guiadas por el odio, la imposición y la injusticia. De la tragedia, sin embargo, ahora se vislumbra un camino de liberación, aquel que nace de sentir el respiro de la vida y la defensa de la dignidad humana. Eso es lo que hará levantar la cabeza para respirar, agradecer y alabar a Dios. La liberación está llegando, a pesar de todo.

Me pregunto: ¿Cómo vivo mis momentos de angustia? ¿Encuentro en mis tiempos de mayor oscuridad la luz de Jesús?

Viernes 25
Santa Catalina de Alejandría, virgen y mártir
Ap 20, 1-4.11–21,2; Sal 83, 3-6.8; Lc 21, 29-33

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús expuso una parábola a sus discípulos: «Fíjense en la higuera o en cualquier árbol: cuando comienza a echar brotes, basta verlos para saber que el verano está cerca. Pues, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que está cerca el Reino de Dios. En verdad les digo, que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Reflexión: En la cultura hebrea, la higuera es signo de esperanza. Ella crece en zonas áridas, sigue su propio proceso y da fruto a su tiempo. Por ello, dar fruto es sinónimo de la presencia del reino. Los discípulos de Jesús están llamados a lo mismo, a dar fruto. Por otro lado, hablar de generación en clave bíblica es volver a la fuente primera, al patriarca Abrahán. Las palabras de Jesús no pasarán porque tienen sus raíces ancladas en la historia y su aliento orientado hacia la eternidad. El cielo y la tierra, como el día y la noche, pasan. Pero son ciclos necesarios para que todo árbol y ser humano siga dando fruto que proporcione el alimento de la esperanza y la justicia.

Me pregunto: ¿Vivo mi fe como un proceso con momentos fructíferos y de sequedad, tiempos de silencio y de acción?

Sábado 26
Beato Santiago Alberione, fundador
Ap 22, 1-7; Sal 94, 1-7; Lc 21, 34-36

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tengan cuidado: que sus corazones no se entorpezcan por el exceso de comida, por las borracheras y las preocupaciones de la vida, porque entonces ese día caerá de improviso sobre ustedes; ese día será como una trampa en la que caerán atrapados todos los habitantes de la tierra. Estén siempre vigilantes y oren en todo tiempo, para escapar de todo lo que ha de ocurrir y puedan mantenerse en pie ante el Hijo del Hombre».

Reflexión: Jesús advierte sobre la actitud que se asume en tiempos de bonanza. La alegría auténtica no nace del tener, sino del dar (Hch 20, 35). Las comunidades a las que escribe Lucas también viven momentos de bonanza, de compartir y alegría. Pero eso no debe opacar la actitud principal: la gratuidad, el signo de la comunidad. De lo contrario, se construye una trampa que confunde la alegría con la superficialidad y el exceso. Jesús nos llama a mantenernos vigilantes y orar en todo momento y circunstancia. En eso radica el estar en pie junto al Hijo del Hombre, porque caminamos con él hacia las personas y lugares que él nos lleve.

Me comprometo: En la memoria del beato Alberione, pidamos por todos los que consagran su vida a la difusión del evangelio a través de las comunicaciones.

Domingo 27
I de Adviento (ciclo A) - Medalla Milagrosa
Is 2, 1-5; Sal 121, 1-2.4-9; Rm 13, 11-14a; Mt 24, 37-44 SALTERIO I

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del Hombre, pasará como en tiempo de Noé. Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre: dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Estén, pues, vigilantes, porque no saben qué día vendrá su Señor. Entiendan bien que si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, estaría vigilando y no lo dejaría asaltar su casa. Por eso, también ustedes estén preparados, porque a la hora que menos piensen vendrá el Hijo del Hombre». 

Reflexión: Hoy iniciamos el Adviento, un tiempo de espera y conversión, como nos ilustra el evangelio. El Dios de Jesús será siempre el Dios de la vida y la esperanza. A eso apuntan las advertencias del Maestro. No se puede vivir a la expectativa de una condena, sino construyendo el futuro con esperanza. Ese es el sentido del llamado a no quedarse dormidos. La llegada del Hijo del Hombre también acontece en lo cotidiano, cuando se apuesta por la vida y la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Así, el día de la manifestación final del Hijo se coronará todo el bien que la humanidad viene realizando.

Me pregunto: Al iniciar el Adviento, ¿cómo voy preparando mi corazón para el acontecimiento del «Dios-con-nosotros»?

Lunes 28
Santa Catalina Labouré, virgen
Is 2, 1-5; Sal 121, 1-2.4-9; Mt 8, 5-11

Evangelio: En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa a un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». Jesús le contestó: «Voy yo a curarlo». Pero el centurión le respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Pero una palabra tuya bastará para que mi criado quede sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Les aseguro que en Israel no he encontrado a nadie con tanta fe. Les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos».

Reflexión: Un centurión se acerca a Jesús, a pedir no por él, sino por un servidor suyo. La fe es más fuerte cuando es en favor de otros y cuando se descubre a un Dios que sana, que no mira el pasado para juzgar, sino el futuro para amar. Jesús se admira con la fe de un extranjero: «En Israel no he encontrado a nadie con tanta fe». El amor no conoce fronteras, no tiene color ni religión. Jesús nos enseña esto con su ejemplo. De esa forma, nos presenta el proyecto de su Padre, que puede entrar en todas las estructuras, incluso las más herméticas. El Adviento es un tiempo propicio para dejar entrar en nuestra vida el aire fresco del amor y la sanación compartida.

Me pregunto: ¿Es también para mí el Adviento un tiempo de sanación? ¿Cómo vivo una fe llamada a ser compartida con todos?

Martes 29
San Saturnino, obispo y mártir
Is 11, 1-10; Sal 71, 1-2.7-8.12-13.17; Lc 10, 21-24

Evangelio: En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, Jesús exclamó: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los sencillos. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar». Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven! Porque les digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron».

Reflexión: Dios ha escogido revelarse a los ojos y corazones de la gente sencilla. Así le ha parecido bien y así ha actuado desde siempre. Su mismo Hijo, siendo humilde y viviendo una vida sencilla, nos ha revelado al Dios del amor y la cercanía. Esta es la garantía de que él abre el corazón de Dios al corazón humano herido; porque un corazón herido puede ver lo que otros no ven y oír los que otros no oyen, pues, muchas veces, ha vivido en carne propia lo que significa no ser escuchado. La unidad del Padre y el Hijo en el amor es la luz y norte de todas las relaciones humanas. Y la libertad es la base de todo, porque quien ama es libre y capaz de escuchar y ver a los que Dios ama y se revela.

Me pregunto: ¿Me capacita mi fe para escuchar y ver a todos, en especial a los más sencillos?

Miércoles 30
San Andrés, apóstol
Rm 10, 9-18; Sal 18, 2-5; Mt 4, 18-22

Evangelio: En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Vengan y síganme, y los haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Reflexión: Simón y Andrés son llamados por el Maestro en medio de sus labores cotidianas. En adelante, los hará pescadores de hombres, los llevará a sacar a todo ser humano del ahogo existencial del sufrimiento y la marginación. El amor que convoca atrae a más personas; en este caso, a Santiago y Juan. Ellos cuatro responden al seguimiento de inmediato. Es la atracción del amor que pasa por la conversión e impulsa a dejarlo todo para salir con el Maestro a continuar convocando para sanar, perdonar y enviar. La vida de fe es siempre una llamada vocacional, y ésta una misión. Hoy existen muchas Galileas, muchos lugares y personas a los que Jesús nos llama para compartir la vida.

Me comprometo: En la fiesta del apóstol san Andrés, pidamos por las vocaciones sacerdotales, laicales y a la vida consagrada para que sigan difundiendo la luz de evangelio, sobre todo, en tiempos difíciles.

Jueves 01 de DICIEMBRE
Santo Charles de Foucauld, fundador
Is 26, 1-6; Sal 117, 1.8-9.19-21.25-27; Mt 7,21.24-27

Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y arremetieron contra aquella casa; pero no se derrumbó porque estaba cimentada sobre roca. Al contrario, el que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y arremetieron contra la casa: esta se derrumbó y fue grande su ruina».

Reflexión: Aquí, el Maestro es muy claro, no basta predicar con la boca, sino con la cabeza, el corazón y las manos. Las palabras sinceras son fruto de las acciones auténticas. Por eso, vale preguntarse, ¿sobre qué base construimos nuestra fe? La Palabra es el fundamento de toda acción de gracias, alabanza y compromiso. Los primeros cristianos, hijos e hijas de una larga tradición, saben dónde construir. Pues las tormentas, ayer como hoy, pueden hacer tambalear e incluso derrumbar a las personas, pero jamás a la fe y la esperanza, mientras se viva actuando en la caridad. Construir sobre ella nos lleva a comprometerse con una sociedad cuyos pilares sean los criterios del reinado de Dios.

Me comprometo: En la memoria de Charles de Foucauld, pidamos para que la Iglesia y la sociedad se guíen siempre por los criterios del evangelio.

Viernes 02 de DICIEMBRE
Santa Viviana
Is 29,17-24; Sal 26, 1.4.13-14; Mt 9, 27-31

Evangelio: En aquel tiempo, al salir Jesús, dos ciegos le siguieron y gritaban: «Hijo de David ten compasión de nosotros». Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo: «¿Creen que yo puedo hacerlo?». Contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que les suceda conforme a lo que han creído». Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Cuidado, que nadie lo sepa!». Pero ellos, apenas salieron, hablaron de él por toda aquella región.

Reflexión: Jesús responde con una pregunta al pedido de compasión de los dos ciegos. De esa forma, los hace tomar consciencia de su necesidad y su capacidad de actuar. La compasión exige libertad. Asimismo, en el Nuevo Testamento, la ceguera está relacionada con la actitud de los discípulos de Jesús. El seguimiento exige libertad y la confianza absoluta en aquel que nos llamó. Al mismo tiempo, el pedido de Jesús de que callaran, por ahora, implica prudencia. Sin embargo, la emoción los desborda y los hace anunciadores del Salvador.

Me pregunto: ¿Vivo una fe de ojos abiertos, estando atento a los signos de los tiempos?

Sábado 03 de DICIEMBRE
San Francisco Javier, presbítero
Is 30, 19-21.23-26; Sal 146, 1-6; Mt 9, 35—10, 1.6-8

Evangelio: En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y pueblos, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver Jesús a la multitud, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abandonados, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al dueño de la cosecha que mande trabajadores a recogerla». Y llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «Vayan a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel. Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, expulsen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis».

Reflexión: En este acápite de Mateo, se recoge una síntesis de las actividades de Jesús y el envío de los Doce. Su llamado es a que sanemos con palabras y acciones. El motor que dinamiza toda acción, llamado y respuesta es la compasión. Entrar en contacto con quienes sufren es el primer paso hacia la salvación. De allí nace el otro principio: la gratuidad. Quien vive en la compasión siempre comparte la vida, según el ejemplo de Jesús. La compasión es el alma de la Iglesia, la que hace realidad la presencia de Jesús que pasa, nos llama, nos perdona y nos acompaña a sanar.

Me comprometo: En la memoria de san Francisco Javier, pidamos por los misioneros para que la semilla del evangelio sea siempre fermento de tolerancia y fraternidad.

 
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