MEDITACIÓN DIARIA
DEL EVANGELIO - JUNIO 2026
-Por Padre Guillermo de Jesús Acero Alvarín-
Intención del Papa para el mes de junio: Oremos para que el deporte sea un instrumento de paz, encuentro y diálogo entre culturas y naciones y para que promueva valores como el respeto, la solidaridad y la superación personal.

LUNES 01
San Justino, mártir (MO)
2 P 1, 1-7; Sal 90, 1-2.14-16; Mc 12, 1-12
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús se puso a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos: «Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. A su tiempo, envió un criado a los labradores, para percibir su tanto del fruto de la viña. Ellos lo agarraron, lo apalearon y lo despidieron con las manos vacías. Les envió otro criado; a este lo descalabraron e insultaron. Envió a otro y lo mataron; y a otros muchos, a los que azotaron o los mataron. Le quedaba uno, su hijo amado. Y por último lo envió donde ellos, pensando: “Respetarán a mi hijo”. Pero los labradores se dijeron: “Este es el heredero. Venga, lo matamos, y será nuestra la herencia”. Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Que hará el dueño de la viña? Vendrá, hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros. ¿No han leído aquel texto de la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?». Intentaron echarle mano, porque comprendieron que había dicho la parábola por ellos; pero temieron a la gente, y, dejándolo allí, se marcharon.
Reflexión: Recrudece la confrontación de Jesús con los jefes de su pueblo. Estos reclaman su autoridad como venida de Dios, se consideran sus representantes. Lo dicho por Jesús acerca del destino del Hijo del Hombre está a punto de cumplirse. La parábola plantea la denuncia a los viñadores con base en un famoso poema del profeta Isaías sobre la viña (Is 5, 1-7). Ellos no pueden representar a Dios porque no tienen entrañas de misericordia, por el contrario, son asesinos y usurpadores. Jesús es el Hijo, las autoridades del templo son los viñadores que están a punto de asesinarlo. Pero Jesús será el fundamento, la piedra angular del nuevo templo espiritual que Dios está por construir.
Oración: Jesús, roca mía, enséñame a discernir tu presencia en este mundo y a vivir unido a ti.
MARTES 02
Santos Marcelino y Pedro, mártires (ML)
2 P 3, 12- 15a.17-18; Sal 89, 2-4.10.14.16; Mc 12, 13-17
Evangelio: En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan, porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?». Adivinando su hipocresía, les replicó: «¿Por qué me tientan? Tráiganme un denario». Se lo trajeron. Y Él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le contestaron: «Del César». Jesús les replicó: «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Y se quedaron admirados.
Reflexión: La trampa que los fariseos y herodianos tienden a Jesús tiene consecuencias graves para quien habla en público, más aún en Jerusalén. Jesús, sin embargo, los deja sin piso, les responde con otro enigma: si estás usando la moneda del invasor y le sirves —como era el caso de los herodianos—, ¿a quién realmente perteneces? Si te declaras servidor del Dios de Israel, ¿qué le deberías ofrecer? Por supuesto, ellos tampoco se arriesgan a responder. Además, si lo pensamos bien, a Dios le debemos absolutamente todo, pero como estamos insertos en la comunidad civil, también debemos contribuir al bien común.
Oración: Tú me has dado todo, Señor, y a ti te pertenece todo cuanto soy y tengo.
MIÉRCOLES 03
Santos Carlos Luanga y Comps., mártires (MO)
2 Tm 1, 1-3.6-12; Sal 122, 1-2; Mc 12, 18-27
Evangelio: En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, los cuales dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, que se case con la viuda y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella». Jesús les respondió: «¿No están equivocados, por no entender la Escritura ni el poder de Dios? Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no han leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”? No es Dios de muertos, sino de vivos. Están muy equivocados».
Reflexión: Otro grupo de poderosos intenta humillar a Jesús: los saduceos. Su pregunta mezcla temas de la ley judía y la cuestión por el después de la muerte. Como respuesta, Jesús plantea el asunto de fondo: ¿cuál es tu fe? ¿En qué Dios crees? Los saduceos han reemplazado al Dios de la vida y la historia por una letra muerta llena de legalismos y laberintos sin salida. Su fe no engendra esperanza, al contrario, empantana la vida y genera falsos dilemas. Ellos no creían en la resurrección, por eso, el caso que formulan quiere llenar de espinos la semilla del Reino que intenta crecer en el corazón del ser humano, que anhela eternidad.
Oración: Dame un corazón libre, Señor. Un corazón que encuentre la fuente de tu Palabra y, creyendo, tenga vida eterna.
JUEVES 04
Santa Clotilde
2 Tm 2, 8-15; Sal 24, 4-5.8-10.14; Mc 12, 28b-34
Evangelio: En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?». Respondió Jesús: «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de Él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del Reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Reflexión: La fe de Israel se funda en la Palabra viva de Dios y en la experiencia de la alianza. No obstante, en manos de los escribas, esta se convirtió en una religión legalista con cientos de normas que terminaron por ocultar aquellos mandamientos fundamentales. No era extraño, entonces, sentirse un poco perdido. Jesús vuelve a lo esencial, pone en evidencia el fundamento de la alianza: Dios es uno solo, hay que amarlo con todo nuestro ser y amar al ser humano como a uno mismo. Allí es donde comienza la revisión y renovación del proyecto humano y de cualquier otro proyecto que pretenda poner la Palabra de Dios en el centro.
Oración: Señor, tú eres mi Dios, te amo con todo mi ser y llevo tu Palabra en mis entrañas. Enséñame a amar a mis hermanos como tú los amas.
VIERNES 05
San Bonifacio, obispo y mártir (MO)
2 Tm 3, 10-17; Sal 118, 157.160-161.165-166.168; Mc 12, 35-37
Evangelio: En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”. Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa lo escuchaba a gusto.
Reflexión: A lo largo del Evangelio de Marcos, Jesús es llamado Mesías en varias ocasiones. Pero, luego de la confesión de Pedro (Mc 8, 29), Jesús empieza a dejar claro qué tipo de mesianismo es el suyo: Él debe padecer, ser rechazado y morir. No hay nada de triunfalismo en su proyecto. Ser «hijo de David» no es, por tanto, un privilegio, como imaginaba la gente, sino una misión humilde de servicio y donación de sí mismo. Creer en Jesús, el Cristo, el Mesías, implica una conversión a su proyecto y a su forma de entender el mundo y el liderazgo. Esto, asimismo, supone transformar la filiación davídica en una opción de servicio pacífico.
Oración: Jesús, hijo de David, enséñanos a renunciar a nuestras ambiciones y a abrazar tu camino de servicio humilde.
SÁBADO 06
Santos Marcelino Champagnat y Norberto (ML)
2 Tm 4, 1-8; Sal 70, 8-9.14-17.22; Mc 12, 38-44
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, y aparentan hacer largas oraciones. Estos recibirán una condenación más rigurosa». Estando Jesús, sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad les digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Reflexión: Uno de los métodos de Jesús para formar a sus discípulos es observar la realidad, analizarla críticamente y sacar conclusiones. En el pasaje de hoy, primero, invita a observar a los intérpretes de la ley. Su apariencia ostentosa —afirma— oculta la injusticia que Dios rechaza: «Dios es el defensor de las viudas y padre de los huérfanos» (Sal 68, 5). El segundo ejercicio de observación es todavía más profundo, exige ver el corazón más que solo la exterioridad. La mirada superficial admira a los ricos por sus grandes limosnas, pero los ojos del corazón perciben la grandeza de unas simples moneditas donadas por una viuda pobre. Ellos donaron lo que les sobraba, ella lo dio absolutamente todo.
Oración: Jesús, que sea como aquella viuda pobre, que dé todo de mí y confíe plenamente en tu misericordia.
DOMINGO 07
El Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (S)
Dt 8, 2-3.14b-16a; Sal 147, 12-15.19-20; 1 Co 10, 16-17; Jn 6, 51-58
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come de este pan vivirá para siempre».
Reflexión: Jesús es el pan vivo que baja del cielo con un propósito específico: para que quien coma de Él no muera, sino que viva para siempre. Al recibirlo como alimento, entramos en comunión íntima y profunda con Él. Creer en Jesús significa tenerlo todo en común con Él: tanto la donación total en favor de los hermanos como la suerte final de la vida eterna. Por eso, las relaciones de quienes integran la comunidad de Jesús suponen también una comunión plena a imagen de la relación entre el Padre y el Hijo. Si nos alimentamos de la carne de Jesús y bebemos su sangre, permanecemos en Él y Él en nosotros. ¿Cómo es nuestra relación con Jesús y con nuestros hermanos en la fe?
Oración: Señor Jesús, pan vivo bajado del cielo, danos siempre de tu pan para estar en comunión plena contigo y con el Padre.
LUNES 08
San Fortunato
1 R 17, 1-6; Sal 120, 1-8; Mt 5, 1-12
Evangelio: En aquel tiempo, al ver Jesús al gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados Hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes».
Reflexión: Iniciamos hoy la lectura continua del Evangelio de Mateo, que comienza con el sermón del monte (capítulos 5-7). En este, Jesús, como Moisés, transmite la Palabra de Dios a su pueblo. Ofrece una nueva alianza, una nueva ley para ser grabada en el corazón. Las bienaventuranzas que leemos hoy son la nueva ley de felicidad, gozo, esperanza para los pobres y sufridos de la tierra, para los que creían perdida la justicia y no se sentían dignos de compasión. Jesús declara: son felices todos aquellos que acogen como los pobres el amor de Dios, es para ellos para quienes llega el reinado de Dios. De allí brota nuestro gozo y esperanza.
Oración: Bienaventurados todos los que aprenden de los pobres a recibir la presencia de Dios con alegría y sin condiciones.
MARTES 09
San Efrén, diácono y doctor (ML)
1 R 17, 7-16; Sal 4, 2-6.8; Mt 5, 13-16
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en los cielos».
Reflexión:Hoy las bienaventuranzas dan paso a la misión, en la cual se proyecta a la realidad, lo que somos: si somos sal, debemos dar sabor al mundo; si somos luz, debemos iluminarlo. Hay, sin embargo, una expresión llamativa: «Si la sal se vuelve sosa», algo que es químicamente imposible. ¿Qué significa entonces esta afirmación? Todo bautizado es discípulo misionero, pero si no lo pone en práctica es como la sal inútil o la luz escondida.
Oración: Tú me has hecho, Señor, sal de la tierra y luz del mundo. Que a todos pueda contagiar tu alegría y esperanza.
MIÉRCOLES 10
1 R 18, 20-39; Sal 15, 1-2.4-5.8.11; Mt 5, 17-19
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No crean que he venido a abolir la ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar pleno cumplimiento. En verdad les digo que, antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el Reino de los Cielos».
Reflexión: La Torá (la ley) es un tema central en el Evangelio de Mateo, porque para la comunidad judía, ella contiene la Palabra de Dios, la alianza, su identidad más profunda e irrenunciable. Jesús no está en contra de ella, por el contrario, ha venido a llevarla a su plenitud. Tan importante es escuchar lo que Dios nos dice, que, a veces, necesitamos detenernos a discernir qué viene de Él y qué de nuestros propios intereses. Jesús coloca la Palabra en el centro para escucharla y mirar desde ella la realidad. No es extraño, pues, que Jesús esté en desacuerdo con las interpretaciones que convierten al ser humano en esclavo de la ley, cuando su finalidad es ser camino liberador para las aspiraciones más genuinas de la humanidad.
Oración: Jesús, que ame cada vez más tu Palabra y la deje moldear mi vida.
JUEVES 11
San Bernabé, apóstol (MO)
1 R 18, 41-46; Sal 64, 10-13; Mt 5, 20-26
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Han oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo les digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego. Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras van todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo».
Reflexión: Después de colocar la Palabra de Dios en el centro de la vida y la misión de los discípulos, Jesús cuestiona la forma como ha sido interpretada. Sus planteamientos giran en torno a dos expresiones: «Han oído que se dijo a los antiguos…, pero yo les digo…». Con esto, pone en evidencia que la Palabra de Dios no es solo cuestión de letra, sino de un espíritu nuevo, un corazón nuevo, una nueva clave de lectura. Así, el precepto «No matarás» va a la raíz misma que conduce al asesinato: la incapacidad de aceptar al otro como hermano y perdonarlo. El perdón fraterno es el antídoto del odio y de la violencia.
Oración: Perdónanos, Padre, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
O bien: textos litúrgicos de la memoria de san Bernabé
Hch 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97, 1-6; Mt 10, 7-13 o Mt 5, 13-16
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis. No lleven oro, plata ni monedas; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entren en un pueblo o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa, saluden; si la casa se lo merece, la paz que le desean vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes».
Reflexión: Bernabé representa el fruto más insigne de la primera evangelización apostólica: «Un tal José, a quien los apóstoles llamaban Bernabé, que significa “hijo de la consolación”, levita y chipriota de nacimiento, poseía un campo: lo vendió, y puso el dinero a disposición de los apóstoles» (Hch 4, 36-37). Su conversión y sus gestos demuestran su sinceridad y su total confianza en el proyecto comunitario cristiano. Bernabé se transformó en un gran evangelizador que vivió las recomendaciones de Jesús: anunció la Buena Nueva, mostró a todos la misericordia que sana y libera. Desapegado de toda falsa seguridad, se confió al poder de Dios y comenzó a comunicar la cercanía de Dios y su paz en medio de las familias.
Oración: Jesús, que el testimonio de san Bernabé nos inspire y nos llene de valentía en la misión.
VIERNES 12
El Sagrado Corazón de Jesús (S)
Dt 7, 6-11; Sal 102, 1-4.6-8.10; 1 Jn 4, 7-16; Mt 11, 25-30
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Reflexión: Cuando Jesús nos comparte lo más íntimo de su corazón, no habla solo de sentimientos, sino de la voluntad de Dios, de lo que Dios quiere y de su plan de salvación para todos. En su corazón reside la voluntad de su Padre y están los pequeños del mundo a los que ama y a quienes se revela. Todos estamos invitados a entrar en este corazón para vivir en comunión con Él. Jesús nos acoge con amabilidad, recibe nuestro cansancio y agobio, y nos ofrece alivio y descanso. Él, como maestro, nos pide una sola cosa: amar como Él nos ama.
Oración: Te amo, Jesús, con todo mi corazón y espero unirme al tuyo para sentir la paz que necesito.
SÁBADO 13
El Inmaculado Corazón de la Virgen María (MO)
Is 61, 9-11; Sal: 1 S 2, 1.4-8; Lc 2, 41-51
o de la Feria 1 Rey 19, 19-21; Sal: 15, 1-10; Mt 5, 33-37
Evangelio: Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndolos preguntas; todos los que oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Él les contesto: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?”. Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Reflexión: El corazón de María, como el de su Hijo Jesús, contempla y guarda la voluntad misericordiosa de Dios. Como corazón sabio, medita, discierne, deja que el plan del Señor se revele con toda claridad, a pesar de la incomprensión inicial. Contemplar en silencio el brillo de la verdad hace que esta ilumine todas las dudas y afiance la fe en lo más profundo de nuestro ser. María es maestra de la escucha de la Palabra, pero, sobre todo, es discípula del plan de Dios que se revela en su hijo Jesús. Más allá de su misión como madre, María debe aprender a escuchar la Palabra de su Hijo y seguir sus pasos.
Oración: María, madre y discípula de Jesús, enséñanos a guardar en el corazón la Palabra y los gestos de tu Hijo.
DOMINGO 14
XI del Tiempo Ordinario
Ex 19, 2-6a; Sal 99, 2-3.5; Rm 5, 6-11; Mt 9, 36—10, 8
Evangelio: En aquel tiempo, al ver Jesús a la muchedumbre, se compadecía de ella, porque estaba extenuada y abandonada, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de paganos ni entren en las ciudades de Samaría, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que ha llegado el Reino de los Cielos. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios. Gratis han recibido, den gratis».
Reflexión: El pasaje de hoy nos invita a reflexionar sobre tres aspectos fundamentales: las profundas emociones de Jesús, las causas de esos sentimientos y su respuesta ante lo que le conmueve. Jesús es el pastor, el buen pastor, y por eso siente intensamente las necesidades de su rebaño. Lo que lo conmueve es el sufrimiento y el clamor de su gente. Nunca permanece indiferente ni se demora en responder. Envía trabajadores a su campo y llama a doce de sus discípulos para enviarlos a liberar y sanar a su pueblo. No cabe duda: nosotros somos la respuesta de Jesús al clamor de su pueblo. Esa es nuestra vocación y misión.
Oración: Que sienta el dolor de tu pueblo, Jesús, que sienta tu voz que me envía a sanar sus heridas.
LUNES 15
San Vito
1 R 21, 1-16; Sal 5, 2-3.5-7; Mt 5, 38-42
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Han oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo les digo: no hagan frente al que los agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».
Reflexión: Jesús prosigue con su reinterpretación de la ley a la luz de los valores del Reino de Dios. La ley del talión era un principio compartido por varios pueblos del antiguo Medio Oriente. Hoy puede sonarnos como vengativa, pero, en realidad, ayudó mucho a poner un freno a la ira desmedida y a la venganza insaciable. La propuesta de Jesús quiere ir más allá, pretende acabar el odio desde la raíz. La no respuesta a las provocaciones del violento o la actitud amable y generosa ante quien nos puede causar antipatía son la clave para desarrollar relaciones más sanas y fraternas.
Oración: Jesús, hoy desafías mi capacidad de perdonar, mi opción por construir la paz en un mundo violento.
Ayúdame a vencer la antipatía con amabilidad y generosidad.
MARTES 16
San Aureliano, obispo
1 R 21, 17-29; Sal 50, 3-6.11.16; Mt 5, 43-48
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”. Pero yo les digo: amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si aman a los que los aman, ¿qué premio tendrán? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludan solo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto».
Reflexión: La enemistad, la declaración de enemigos termina cuando se da paso al perdón y la amistad. Suena un tanto ingenuo, pero esto es real y fundamental en la identidad de los discípulos de Jesús. El factor diferenciador de Jesús es ese. Por eso, la fórmula que evoca la alianza: «Sean perfectos…», no se refiere al estricto cumplimiento de múltiples normas, sino a un sentido de humanismo puro que recupera la auténtica dignidad humana y la proyecta mucho más allá de sus límites y obstáculos. Si hemos sido creados por el mismo Dios, no puede haber enemigos, al menos, no podemos dejar que en nuestro corazón de discípulos de Jesús aniden el odio y la venganza.
Oración: Jesús, enséñanos a perdonar y a amar a nuestros enemigos.
MIÉRCOLES 17
San Ismael
2 R 2, 1.6-14; Sal 30, 20-21.24; Mt 6, 1-6.16-18
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tienen recompensa de su Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oren, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará. Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad les digo que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».
Reflexión: Hoy Jesús nos presenta tres expresiones centrales de la fe judía: la limosna, la oración y el ayuno. Limosna proviene del griego «misericordia» y la comunidad hebrea usaba otro vocablo que deriva de «justicia». Misericordia y justicia se combinan muy bien para desentrañar el amor por el más pobre, por aquel que requiere ayuda para luchar por sus derechos. La oración la profundizaremos mañana con el Padrenuestro. El ayuno, por su parte, expresa penitencia, duelo o dominio de sí mismo. Quien ayuna busca convertirse de sus pecados, expresa su dolor por la pérdida de un ser querido o un suceso nacional, a la vez que muestra fortaleza interior en la lucha cotidiana por vencer el mal.
Oración: Que toda mi vida refleje, Jesús, tu amor entrañable por los más pobres, mi unión espiritual contigo y mi entrega total al servicio de tu Reino.
JUEVES 18
San Gregorio Barbarigo, obispo
Eclo 48, 1-15; Sal 96, 1-7; Mt 6, 7-15
Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando recen, no usen muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No sean como ellos, pues su Padre sabe lo que les hace falta antes de que lo pidan. Ustedes oren así: “Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal”. Porque si perdonan a los hombres sus ofensas, también a ustedes los perdonará su Padre celestial, pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre perdonará sus ofensas».
Reflexión: El evangelista Mateo valora tanto el Padrenuestro que lo coloca en el corazón del sermón del monte. Estamos, pues, ante un pasaje crucial en el que Jesús, a través de siete peticiones, expresa sus convicciones más profundas: Dios es su Padre y nuestro Padre; nosotros somos hermanos en Él; el Reino es la expresión de la cercanía de Dios, es el cielo en la tierra, nos hace partícipes de la santidad de Dios, nos hace experimentar la voluntad salvífica de Dios. De Él depende nuestra vida. El perdón de Dios nos forma en la capacidad de perdonar, nos ayuda a vencer la tentación y el mal.
Oración: Padre nuestro, que en todo se haga tu voluntad y que tu Reino de paz y justicia sea una realidad en medio de nosotros.
VIERNES 19
San Romualdo, abad (ML)
2 R 11, 1-4.9-18.20; Sal 131, 11-14.17-18; Mt 6, 19-23
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoren para ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban. Háganse tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!».
Reflexión: Después de subir a lo más alto del monte, en sentido espiritual, nos confrontamos de nuevo con las preocupaciones cotidianas: nuestros planes y ambiciones y cómo invertimos nuestro tiempo y dinero. ¿Nos mueven la misericordia y la justicia? ¿Somos conscientes de que lo más importante nos viene siempre de Dios, porque Él nos da el pan cotidiano? ¿Vivimos libres de nuestras ambiciones y apetencias gracias a la práctica del ayuno? A quien no ha sanado su mirada mediante la solidaridad, la oración y el dominio de sí, le cuesta ver el profundo significado de los pequeños actos y más difícil le resulta aún encontrar el verdadero tesoro que puede saciar toda aspiración y búsqueda de bienestar.
Oración: He encontrado el verdadero tesoro: tu Reino, Jesús. No necesito nada más. Que todo mi esfuerzo sea para amar y servir.
SÁBADO 20
San Silverio, papa
2 Cro 24, 17-25; Sal 88, 4-5.29-34; Mt 6, 24-34
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No pueden servir a Dios y al dinero. Por eso les digo: no estén agobiados por la vida de ustedes pensando qué van a comer, ni por su cuerpo pensando con qué se van a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Miren los pájaros del cielo: no siembran ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, su Padre celestial los alimenta. ¿No valen ustedes más que ellos? ¿Quién de ustedes, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué se agobian por el vestido? Fíjense cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y les digo que ni Salomón, en todo su lujo, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se arroja al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? No anden agobiados pensando qué van a comer, o qué van a beber, o con qué se van a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe su Padre celestial que tienen necesidad de todo eso. Busquen sobre todo el Reino de Dios y su justicia; y todo esto se les dará por añadidura. Por tanto, no se agobien por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le basta su desgracia».
Reflexión: El dinero es, sin duda, un asunto importante. Pero el lugar que le demos a la dimensión económica en nuestro proyecto de vida determinará, en gran medida, si seremos capaces de vivir plenamente la vocación a la que Dios nos llama. Otorgarle su lugar justo nos permitirá construir relaciones más sanas con las otras personas y con nuestra casa común. Al respecto, Jesús hoy nos brinda tres claves esenciales. 1) No puedes servir a dos señores, o Dios o el dinero. 2) En nada te ayuda agobiarte pensando en tus necesidades; Dios ya las conoce, a cada día le basta su propia preocupación. 3) En lugar de eso, busca el Reino de Dios y su justicia, el resto vendrá por añadidura. Dios es tu Señor, no te preocupes, Él sabe lo que necesitas y cuándo.
Oración: Confío en ti, Señor. Dame paz en el corazón para no ambicionar lo que no necesito, dame fuerza y valor para luchar por la causa de tu Reino.
DOMINGO 21
XII del Tiempo Ordinario
Jr 20, 10-13; Sal 68, 8-10.14.17.33-35; Rm 5, 12-15; Mt 10, 26-33
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No tengan miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde la azotea. No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No teman al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se vende un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga su Padre. Pues ustedes hasta los cabellos de la cabeza tienen contados. Por eso, no tengan miedo: valen más ustedes que muchos gorriones. A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Reflexión: El pasaje de hoy forma parte de las instrucciones que Jesús da a sus discípulos para la misión. Una frase resuena tres veces: «No tengan miedo». Unos versículos antes se anuncia que la misión acarreará persecuciones violentas y mucho odio. A esas imágenes perturbadoras, corresponde esta otra parte más alentadora. Hay alguien que asegura el éxito de la misión, a pesar de las dificultades: el Padre Dios cuidará de los discípulos misioneros. Por eso, Jesús nos anima a confiar en Él. Es un pacto de mutua confianza entre los enviados y quien los envía.
Oración: Me siento enviado por ti, Jesús. Como tú, pongo mi confianza en el amor del Padre que me sostiene.
LUNES 22
Ss. Juan Fisher, obispo, y Tomás Moro, mártires (ML)
2 R 17, 5-8.13-15a.18; Sal 59, 3-5.12-13; Mt 7, 1-5
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No juzguen, para que no sean juzgados. Porque serán juzgados como juzguen ustedes, y la medida que usen, la usarán con ustedes. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».
Reflexión: El tema común del capítulo 7 de Mateo es el juicio o la crítica a los hermanos de la comunidad que no son coherentes con la fe. Jesús quiere disuadir a sus discípulos de hablar con ligereza sobre los demás; un tono de reciprocidad que ya lo hemos escuchado antes, en el Padrenuestro: perdónanos como nosotros perdonamos. Con esta exhortación, nos invita a la reflexión y el arrepentimiento. Habla con el mismo tono profético de denuncia con que cuestionará frecuentemente a los fariseos. Estas enseñanzas son acordes con su llamado a amar al prójimo, incluso a los enemigos.
Oración: Jesús, enséñame a pasar mis palabras siempre por el filtro de la caridad, a mirar mi propia conducta antes de juzgar.
MARTES 23
San José Cafasso
2 R 19, 9b-11.14-21.31-35a.36; Sal 47, 2-4.10-11; Mt 7, 6.12-14
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No den lo santo a los perros, ni echen sus perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozarlos. Así, pues, todo lo que quieren que los demás hagan con ustedes, háganlo ustedes con ellos; pues esta es la ley y los profetas. Entren por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos».
Reflexión: Jesús, el maestro de sabiduría, sigue usando un tono parabólico para formar a sus discípulos. En la enseñanza de hoy, combina lo más valioso —lo sagrado y las perlas— con lo que, para un judío, resultaba más repugnante —el perro y el cerdo—, creando una imagen poderosa que ilustra el encuentro fallido entre la Palabra y aquellos que no saben valorarla en su justa medida. La Sagrada Escritura es un don maravilloso que debe ser acogido con escucha, discernimiento y obediencia, aunque esta sea una vía exigente. La Palabra está disponible para todos, pero no todos la acogen, porque su verdadero brillo está oculto en su interior. Debemos asumir el desafío de escrutarla para poder descubrir toda su riqueza.
Oración: Tu Palabra, Señor, es luz para mis pasos. A ella la tengo por más preciada que todo el oro y la plata del mundo.
MIÉRCOLES 24
Natividad de san Juan Bautista (S)
Is 49, 1-6; Sal 138, 1-3.13-15; Hch 13, 22-26; Lc 1, 57-66.80
Evangelio: A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.
Reflexión: Seis meses antes del nacimiento de Jesús, celebramos el nacimiento de su precursor. Juan es su nombre. Es hijo de un sacerdote del templo de Jerusalén y de una mujer estéril, imágenes insignes de la antigua alianza. Juan es el don preciado, anhelado y esperado por esta pareja. Zacarías había sido reprendido por el ángel por no reconocer el tiempo propicio de Dios, se había cansado de esperar y estaba lleno de escepticismo. Sumido en el silencio, pudo restablecer su confianza y obediencia. Ahora llega el momento de la gratitud y la alabanza. Juan es fruto de ese proceso de fe y misericordia. Por eso, la misión de su vida será la profecía, preparar el camino en el desierto.
Oración: Querido Juan Bautista, sigue conduciéndonos a Jesús sin descanso, con tu vida, tu palabra y tus gestos proféticos.
JUEVES 25
San Guillermo, abad
2 R 24, 8-17; Sal 78, 1-5.8-9; Mt 7, 21-29
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”. Entonces yo les declararé: “Nunca los he conocido. Aléjense de mí, los que obran la iniquidad”. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande». Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas.
Reflexión: Jesús concluye el sermón de la montaña con una parábola que compara las imágenes escuchar-practicar, casa-fundamento. La escucha debe estar unida a la práctica tal como una casa a su fundamento. Escuchar es más que oír, es fundar en el Evangelio todo nuestro proyecto de vida. Las palabras de Jesús no son un discurso más, sino un verdadero acto creador y dador de vida. En adelante, todas las enseñanzas de Jesús y sus gestos serán ocasión de discernimiento que pondrán en evidencia la triste realidad de las vidas amenazadas por la falta de escucha, por el rechazo a la propuesta de una vida restaurada, bien dispuesta para el seguimiento.
Oración: Mi vida está construida sobre ti, Jesús, sobre tu Palabra. Tú eres mi roca firme, por eso no temo a las adversidades.
VIERNES 26
San Josemaría Escrivá de Balaguer, Pbro. (ML)
2 R 25, 1-12; Sal 136, 1-6; Mt 8, 1-4
Evangelio: Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente. En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero, queda limpio». Y en seguida quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés para que les sirva de testimonio».
Reflexión: Al bajar del monte, Jesús y sus discípulos se encuentran con realidades que reflejan todos los males del mundo, pero en medio de ellos el Señor abre nuevas posibilidades de vida. Las bienaventuranzas irán cumpliéndose y las limitaciones superadas irán disponiendo el ánimo para el seguimiento. Una de las peores enfermedades era la lepra. No se conocía su origen, solo se la percibía como una verdadera maldición y castigo por los pecados. La impureza asociada a este mal obligaba a la marginación y el abandono. Condenado a la soledad y a mendigar, la persona iba muriendo sumida en honda tristeza. Jesús, sin embargo, reitera que su voluntad es sanar, integrar, recuperar, salvar. Felices los que lloran porque serán consolados.
Oración: Jesús, mira a los pobres de la tierra, a los leprosos de hoy que, marginados, claman por su dignidad.
SÁBADO 27
San Cirilo de Alejandría, obispo y doctor (ML)
Lm 2, 2.10-14.18-19; Sal 73, 1-7.20-21; Mt 8, 5-17
Evangelio: En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». Le contestó: «Voy yo a curarlo». Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve” y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «En verdad les digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Les digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo al centurión: «Vete; que te suceda según has creído». Y en aquel momento se puso bueno el criado. Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó la mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle. Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; Él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».
Reflexión: Ayer vimos a Jesús curar a una persona con lepra que le suplicaba por su sanación. Hoy dos personas se acercan para interceder por alguien que sufre. No se trata de un individuo aislado y llorando en soledad, sino de una verdadera dinámica de solidaridad y fraternidad, la cual conduce luego a la fe, a la sanación, a la liberación, al servicio y al seguimiento. Los profetas habían anunciado esa fe universal que une a todos los seres humanos como hermanos y la fuerza redentora del siervo de Yavhé que ofrece su vida por todos. Jesús no solo sana enfermedades, carga con nuestros sufrimientos, nos redime.
Oración: Jesús, ¿cómo no amarte? Has dado todo de ti para liberarnos, para salvarnos, para darnos una vida nueva.
DOMINGO 28
XIII del Tiempo Ordinario
2 R 4, 8-11.14-16a; Sal 88, 2-3.16-19; Rm 6, 3-4.8-11; Mt 10, 37-42
Evangelio: En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad les digo que no perderá su recompensa».
Reflexión: La última parte del discurso misionero de Jesús plantea una de las decisiones más difíciles de la vida: comenzar un nuevo proyecto personal. Esto implica nuevas prioridades, a veces incluso distanciarse de las personas que amamos. Todo se reordena en función de objetivos más urgentes o prioritarios. Jesús conoce nuestros corazones, sabe los sacrificios de que somos capaces para seguir nuestros sueños, para realizar lo que nos apasiona. Por eso, nos pide considerarlo a Él como lo más importante en esa decisión. ¿Qué lugar ocupa el Reino de Dios en tus decisiones? Nadie puede representar legítimamente a Jesús si no lo pone a Él en el centro de su vida.
Oración: Tú eres lo más importante para mí, Jesús. Pongo mis proyectos, mi vida y las personas que amo a tu servicio.
LUNES 29
Santos Pedro y Pablo, apóstoles (S)
Hch 12, 1-11; Sal 33, 2-9; 2 Tm 4, 6-8.17-18; Mt 16, 13-19
Evangelio: En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Él les preguntó: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».
Reflexión: La solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo es iluminada por esta bella escena, que nos lleva a preguntarnos «¿Quién es Jesús?». Pedro se atreve a contestar y, a medida que responde, se va revelando también la identidad del discípulo. Pedro dice: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» y, a su vez, Jesús le responde: «Simón, hijo de Jonás, tú eres bienaventurado, tú eres piedra. Tú sostienes conmigo, como piedra angular, esta comunidad. Tú vencerás el mal. En ti tengo puesta toda mi confianza». Por tanto, para saber quién eres, pregúntate quién es Jesús para ti..
Oración: Jesús, fortalece a tu Iglesia bajo el sólido fundamento de tus apóstoles Pedro y Pablo.
MARTES 30
Santos Protomártires Romanos (ML)
Am 3, 1-8; 4, 11-12; Sal 5, 5-8; Mt 8, 23-27
Evangelio: En aquel tiempo, subió Jesús a la barca y sus discípulos lo siguieron. En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; Él dormía. Se acercaron y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Él les dice: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?». Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados: «¿Quién es este, qué hasta el viento y el mar lo obedecen?».
Reflexión: ¿Quién es Jesús? Cada relato, cada episodio de los Evangelios busca aclarar las inquietudes que Jesús suscita en el corazón de aquellos que se encuentran con Él. En el pasaje de hoy, el dilema se extiende al ámbito de la naturaleza, manifestada en dos de sus representantes más feroces: el mar y el viento. Ellos son indomables y amenazadores. Sin embargo, además de mostrar su dominio sobre la creación, Jesús se manifiesta también como Señor de la barca, es decir, de la comunidad de discípulos, la Iglesia. La tempestad amenaza con hundir la barca y los discípulos gritan reconociendo el señorío de su Maestro: «¡Sálvanos!». El Maestro y Señor Jesús vence la tempestad y vence el miedo que amenaza con hundir la fe.
Oración: ¡Sálvanos, Jesús, que nos hundimos si tú no estás!
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