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nota1aEducación en valores: antídoto contra la violencia
en la escuela - PARTE I -
-Por Cecilia Barone-

La violencia juvenil, de la que hoy tanto se habla y que aparece constantemente como noticia en los medios, no es un hecho aislado. Está directamente ligado a las condiciones materiales y sociales de la existencia de los individuos y a los valores vigentes. Cuando esta violencia hace eclosión en la escuela, se vuelve imprescindible volver a revisar su sistema valorativo  para que pueda cumplir su efectiva función: educar.

“...puesto que la civilización está amenazada de muerte, es decir de indigencia de valores, y la sociedad está amenazada de discontinuidad, de interrupción de la comunicación entre sus partes, nada hay definitivamente logrado y tanto la una como la otra tienen una permanente necesidad de ser reconquistadas, de juntarse en ese impulso que avanza con todas su fuerzas sin reparar en obstáculos” Lyotard. Cuatro conferencias dadas a los estudiantes de propedéutica en la Sorbona (1964)

LA SOCIEDAD DEL TENER DIFICULTA LA POSIBILIDAD DE SER

Se vive en una sociedad capitalista basada en una enorme producción tecnológica e industrial que  elabora una impresionante cantidad de bienes materiales y virtuales. Para seguir existiendo esta sociedad debe “convencer”  a sus miembros de que lo más importante es tener, poseer cosas, consumirlas, acabarlas pronto, para seguir consumiéndolas. Los que “gerencian” esta muestra de productos son los medios de comunicación, sobre todo los audiovisuales.

Hay quienes viven rodeados de superabundancia de productos, mientras otros carecen de lo imprescindible. Las diferencias y los desequilibrios son cada vez más abismales, tanto en los países ricos como en los pobres. Lo más llamativo es que lo que se ofrece para consumir no conoce fronteras, ni ideologías, ni geografías. Todo se muestra de manera impúdica y perversa: “los manjares del banquete están preparados, pero no todos tienen la tarjeta de invitados”.

Esta manera de vivir consumiendo no lleva nunca a la saciedad, más bien conduce a la depresión. El llenarse de cosas desplaza, momentáneamente, el vacío interno. Al privilegiarse el tener sobre el ser, también se recalca el presente, lo privado, lo individual y resulta difícil llegar a ser uno mismo. La lógica del consumo destruye la cultura solidaria, porque no pretende convertir a las personas en seres autónomos e interesados unos en  otros, sino en buenos consumidores.

nota1bEn las condiciones en las que se vive no extraña que el hombre  sea cada vez más violento y agresivo. Su agresividad se origina en las condiciones mismas de su existencia y se desarrolla cuando no se le dan  las posibilidades de madurar y de crecer sino solo de ser buenos consumidores. Sin embargo, hay un hecho positivo a tener en cuenta: estas condiciones son creaciones culturales, por lo tanto, tienen en su germen la posibilidad de ser reemplazadas.

Si bien la publicidad tiene a los jóvenes como modelos de consumidores, de hecho ellos son objetos de persuasión para que usen todo lo que se les muestra pero no son productores. Desde distintos lugares se levantan críticas contra  los jóvenes sustentadas en lo que muchas veces  se observa: desinterés de los chicos, abulia, “hacer oídos sordos” a lo  que se les dice, vivir situaciones que ponen en riesgo la vida. Un análisis más profundo podría mostrar en la cara de los jóvenes el reflejo de lo que los adultos son, lo que hacen con sus vidas. 

La situación social  permite vislumbrar la repercusión que puede tener en el ánimo de los jóvenes, el sentirse partes de un futuro más que incierto, con una enorme disparidad de oportunidades. Resulta claro que estas condiciones actúan como un motor de fuerza  generadora de violencia. Limitar la esperanza es no soñar con aquello que parece estar fuera de nuestro alcance. Se puede decir que la violencia es la alternativa ante la desesperanza.

LA ESCUELA  DEBE RESPONDER A LA VIOLENCIA CON VALORES

Esta sociedad capitalista, neoliberal, como Juan Pablo II la definió, globaliza la exclusión al desjerarquizar los valores éticos reemplazándolos por otros valores como la tenencia de bienes, el consumo, la competencia desleal, la corrupción, el exitismo. Esta alteración en el orden de los valores actúa como disparador de situaciones de violencia que se manifiestan en todos los estratos sociales y toca también a la escuela.

La escuela por la diversidad que guarda respecto a las diferentes generaciones que conviven en ella, su misma estructura organizacional, los contenidos que transmite, la diversidad valorativa entre adultos y jóvenes, es un espacio proclive para que se produzcan hechos de agresión y de violencia. Por otro lado, es uno de los pocos espacios  sociales  e institucionalizados donde se privilegia la circulación de la palabra y, poner palabra lo que acontece, de por sí,  disminuye el riesgo de la violencia. Por esto, la sociedad se conmueve más cuando suceden hechos violentos dentro de la escuela: la sensación es que fracasó el poder y el valor de la palabra.

nota1cComo toda institución resulta imprescindible que la escuela tenga normas claras de funcionamiento. De esta manera se asegura el aprendizaje escolar. Si bien debe ser entendido como un progreso, el hecho de que hoy las nociones de normas y disciplina sean materia de debate pues no poseen en sí contenidos fijos, esto no implica abandonar la idea de la búsqueda de normas comunes para convivir. Las violencias y las agresiones dentro de la escuela harán pensar, nuevamente, sobre el sentido de legitimidad de las normas como referencia de un espacio común que busca preservar a todos.

Como basamento de las normas y la disciplina, debe estar la educación en valores. Los valores como la paz, la libertad, la responsabilidad, la participación, el respeto, la dignidad, la aceptación de las diferencias, la justicia y la solidaridad. han de orientar la formación de los niños y adolescentes, para fomentar al máximo las posibilidades de que lleguen a desarrollarse plenamente como personas sanas y autónomas, en el seno de una sociedad pacífica, democrática y solidaria, pero esta educación será posible en un clima de buena convivencia, donde los actos que la perturben puedan ser reconocidos, diferenciados y reparados.

REVALORIZAR LA FUNCIÓN ESCOLAR

Una nueva reglamentación en la provincia de Buenos Aires establece que la función primordial asignada a las escuelas estatales es la inclusión social, transformando a la calidad educativa en un objetivo secundario. Está bien considerar que buena parte de los establecimientos educativos funcionan en los ámbitos de la pobreza, donde hay que reconocer que las escuelas y sus docentes son casi el único bastión estatal responsables de atender todos los flancos de esta malograda situación: un niño y un joven en la escuela tiene asegurada una alimentación mínima, una contención mínima, la posibilidad de desintoxicarlos y resguardarlos de mayores peligros. Aunque esto no asegura una educación adecuada a la calidad que el mundo está exigiendo como medida de crecimiento. Todo lo que se haga para contener e incluir es urgente e imprescindible. Pero va en contra  de la función propia de la escuela.

La buena convivencia escolar debe ser el basamento que permita a la escuela cumplir su función que no es otra que educar y con calidad. Los valores sustentan esta calidad donde uno de los importantes es el del  esfuerzo por enseñar y aprender.

La violencia en la escuela está directamente emparentada con la dimisión de su función. Es imprescindible recuperar la dimensión educativa de la institución. Volver a reconstruir la escuela,  reponer la normatividad y hacerla cumplir, reivindicar la función del director y volver a tener docentes convencidos de la importancia de la instrucción, el trabajo y el empeño. Y más que nada y sobretodo, hay que motivar el trabajo de los alumnos. Cuando se sientan motivados a estudiar y reconozcan la importancia de la educación en la vida personal y social la violencia quedará relegada. Pero esto requiere de una profunda transformación que debe comenzar en el plano político y debe ser exigido por toda la sociedad.

 
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Comentarios

La educación en valores debería ser una asignatura más en la currícula de la escuela primaria y secundaria, posiblemente en forma de taller para vivenciar la práctica de los valores que son  indispensables para la convivencia en sociedad. ¿Por qué es tan difícil incluir estos contenidos, cuando son indiscutiblemente tan necesarios para la formación de la persona?
Margarita Valentinuzzi
02/11/2014

En la Escuela son tres los contenidos que debemos enseñar: Conceptual (saber saber), Procedimental (saber hacer) y Actitudinal (saber sentir). Lamentablemente los docentes se preocupan más por lo Conceptual y lo Procedimental, dejan de lado lo Actitudinal. Diría que por varias causas; a) Han sido formados así, los institutos formadores siguen formando gente como fueron formados ellos, enseñar, transmitir conocimientos. Al sistema educativo nacional y provincial le importa más los resultados de materias como lengua, matemáticas, ciencias. Una cosa es Enseñar otra es Educar. Se pone más énfasis en enseñar que en Educar. Se hacen jornadas, capacitaciones con el tema valores, se les enseña a planificar los tres contenidos distribuyendo los mismos proporcionalmente. Pero lamentablemente no los aplican. Los valores en un contenido transversal, los deben mostrar y enseñar todos los docentes de todas las especialidades. No en vano el Papa pone mucho énfasis en que se debe enseñar valores a través del deporte, usando el deporte como medio, no como fin.
Lic. Juan Antonio Sanchez. Tucumán
04/11/2014

 
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