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REAFIRMAR LA FIGURA DEL PADRE
-Por Lic. Cecilia Barone*-

“Y, levantándose, partió hacia su padre. Pero cuando aún estaba muy lejos, su padre lo vio y, conmovido corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente…”
Parábola del hijo pródigo. Lucas 15, 20-21

Cada época determina el papel que tienen los padres en la familia. En la nuestra la madre aparece como una presencia de mucho peso en la crianza y educación de los hijos, en cambio la presencia del padre se muestra más desdibujada y, en muchos casos ausentes. Esto no se refiere solo a la ausencia física, sino al lugar afectivo que ocupa y al ejercicio de su autoridad, lo que trae aparejado no pocos problemas en la crianza y desarrollo de los hijos.

¿Dónde se ubica el padre?

La llegada de los hijos a la pareja pone en juego el ejercicio de los roles tanto materno como paterno. Establecer qué se espera del cumplimiento de estos roles está signado por los códigos de la época. Cada momento de la historia nos ha mostrado una manera diferente de ser padres. Una señal de la familia de nuestro tiempo es la escasa participación del padre en la educación familiar.

La imagen de padre más tradicional, tal vez acuñada a partir de nuestra propia experiencia y divulgada por la literatura y por los medios, era la de alguien capaz de sostener económicamente a su familia y detentar una fuerte autoridad que, muchas veces, lindaba con los excesos. Podía ser una figura más bien distante pero que intervenía concretamente en los asuntos familiares. Exigía, sobre todo, obediencia hacia su autoridad, respaldada por los códigos sociales vigentes.

A mediados del pasado siglo pasado, el lugar del padre empieza a desdibujarse cada vez más. Varias y complejas son las causas. Una de mucho peso fue el ingreso de la mujer al mundo del trabajo lo que la valoró económica y socialmente. El padre ya no fue el único abastecedor del hogar. Las nuevas circunstancias lo corrieron también de su espacio simbólico ubicándolo en otro menos jerárquico, con menor autoridad y sostén social para ejercerla. Por otro lado, los jóvenes se mostraron renuentes a seguir las reglas estrictas que se le imponían y a pedir y ejercer más derechos.

El padre abre la puerta para salir del hogar

Si dudas, el papel del padre en la familia es fundamental, tanto y distinto al de la madre. Si el niño vive los primeros tiempos más vinculado a la madre es el padre quien abre para el hijo el mundo de afuera. Le da el permiso y le da la mano para que lo pueda recorrer. Este paso representa ni más ni menos que el pilar del desarrollo humano y sobre el cual se asienta la cultural.

La falta de la presencia paterna dificulta el acceso a la sociedad, a lo simbólico, a la palabra, y en su ausencia emerge un vacío existencial, un hueco que puede ser llenado por la transgresión y por la dificultad en pararse como adulto ante la vida.

Muchos padres son adultos solo por la edad, pero no se responsabilizan con la tarea de poner límites a los hijos y enseñarle, no solo con las palabras sino más bien con el ejemplo de cuáles son las reglas de convivencia. Prefieren establecer una relación demasiado simétrica y demagógica con sus hijos al tratarlos como iguales, como compinches. Así los enfrentan a responsabilidades y decisiones para las que no están preparados. Esto es signo de un maltrato: desistir de asumir su lugar. 

Por supuesto, no podemos generalizar que esta conducta sea la de todos los padres. Hay quienes muestran deseos de una intervención temprana en la crianza de sus hijos y disfrutan de un vínculo basado en la ternura y en la comprensión.

El tutor de la identidad

Un buen padre requiere, primero de todo, ''estar presente en la familia. Estar cerca de la esposa, para compartir  alegrías y tristezas, esperanzas y esfuerzos y cerca de los hijos  cuando juegan y cuando se esfuerzan, cuando están alegres y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando callan, cuando se atreven, y cuando tienen miedo, cuando dan un paso en falso y cuando encuentran su propio camino

Los hijos varones, diferente a las hijas mujeres, buscan en el padre claves identificatorias para su masculinidad. El padre juega un rol fundamental en la consolidación de la masculinidad del varón. No puede sentir que vale como hombre si no puede reconocer al padre como tal, reconocerse en él y sentirse reconocido por él. «La mujer nace, pero el hombre se hace», dice el psicoanalista Guy Corneau y para esto es indispensable que el padre esté «presente» corporalmente. La ausencia de éste o el ejercicio una paternidad inadecuada deja al niño bajo el cuidado exclusivo de la madre impidiéndole elaborar su verdadera identidad.

La presencia y el amor del padre le posibilita el acceso a la afirmación de sí mismo y le abre las puertas a un mundo donde la competencia y la emulación puedan ser fuente de alegría y no de enajenación.

El pensador francés Guy Corneau dice que «el hombre nace a la vida tres veces. Nace de su madre, nace de su padre y finalmente nacerá profundamente en y de sí mismo». Solo si este proceso no se ve interrumpido podrá acceder a la adultez y establecer con firmeza su propia identidad. La persona madura llega a ser su propio padre y madre. Los ha internalizado elaborando una conciencia materna sobre su propia capacidad de amar y una conciencia paterna fundada en su razón y discernimiento. En la síntesis entre estas dos conciencias se encuentra la base de la salud mental y el logro de la madurez

Asumir que se posee autoridad para ejercer el rol paterno, revalorizar lo acumulado durante los años de vida; tolerar las frustraciones cuando los hijos parecen no escuchar ni entender darán, a la larga, sus resultados mejores. Sabemos que el momento es difícil, probablemente otros también lo fueron, lo importante es no bajar los brazos y seguir adelante. Otros lo han hecho antes que nosotros. Han abierto surcos contra toda esperanza en la tierra que parecía árida y, al final, ha dado sus frutos.

 
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