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SEMBRADOR (Mc 4, 1-22)
-Por Fray Alejandro R. Ferreirós OFMConv-

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Salí para sembrar y la semilla
es el Amor del Padre y su Palabra
la que resuena en ti cuando te habla
la que tus ojos enciende cuando brilla.

Salí para sembrar el Amor puro
en el corazón arado con constancia,
el que llama al Amor perseverancia
y ha abatido el egoísmo con sus muros.

Yo soy el que siembra la semilla
con esperanza incluso en el camino
con confianza, pues se que su destino
es dar frutos de Amor para la vida.

1

No dejes que mi Palabra la arrebaten
el diablo ni sus ángeles mezquinos,
cuídala como el tesoro recibido
de los que la persiguen y combaten.

No seas un terreno pedregoso,
el inconstante permanece inconsistente,
sin raíces sucumbe nuevamente
cuando enfrenta un enemigo poderoso.

Sino cuidas la Palabra, los abrojos,
las riquezas y el afán por este mundo
como espinos, la ahogarán en un segundo
y quedarán sin fruto ante mis ojos.

Pero si eres tierra buena y tú me escuchas
y te dejas penetrar por mi simiente
si la recibes y riegas tiernamente
las gracias en tu vida serán muchas.

Germinará la semilla de la vida
y echará raíces de constancia
su fruto se llamará perseverancia
y estará mi viña florecida.

Llegué para sembrarme Yo en tu vida
para que te arrebate mi Espíritu divino
para que descubras que el Padre es tu destino
para hacer de ti el jardín de la alegría.

Pues si eres tierra buena y me recibes
y mi Espíritu empapa la simiente
transformaré tus sentimientos y tu mente
y seré la verdad que en ti concibes.

Darás frutos de Amor para mi gloria
y tu mundo será jardín regado
un parque de colores consagrado
a mantener en el mundo mi memoria.

Pues si eres tierra buena te prometo
que el fruto del Amor será abundante
copiosa, mi bendición será constante
y tu vida se volverá mi huerto.

Quiero ser tierra, Señor, para que siembres
en mi interior la semilla de la vida
el germen del que brota la alegría
que transforma la existencia para siempre.

Tierra buena por tu mano cultivada
en la paciencia y la escucha cada día
en el silencio de la gracia concedida,
tierra fértil por tu Espíritu regada.

Tierra fecunda labrada con constancia
al calor de tu Espíritu y su soplo
arada por el viento ante tus ojos
en quien tu Amor se volverá perseverancia.

 
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