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1TESTIMONIO
-Por Paulina Lorca-

Desde hace más de dos años conduzco un grupo bíblico en una de nuestras capillas de la comuna. Habitualmente llego antes de la hora pues es el momento dedicado a la escucha para alguien que lo desea; así sucedió un día.

Una de las integrantes, Mónica, también forma parte  de la Pastoral Hospitalaria y con estas palabras me explicó el porqué de este compromiso: “en gratitud a la vida la cual  me fue regalada por segunda vez”.

Mónica es soltera, vive con su madre, ambas creyentes, de misa dominical pero hasta hace  algún tiempo, sin ningún compromiso en la Iglesia.

Sus primeras expresiones fueron:

2Me integré cómodamente y por mucho tiempo, años, tras años a la vorágine de esta sociedad; me parecía que nada ni nadie debían o podía detenerme. Percibía de que las cosas no marchaban sin mí; todos los sentidos dispuestos solo en el trabajo por finalizar o por el que vendría. Como era muy productiva me sentía feliz y el tiempo  libre lo invertía en crear rutas nuevas para ser aún más exitosa, este era mi gran  orgullo el cual compartía, especialmente, con mi madre. Era una actividad loca, la bola de nieve crecía y no se podía detener hasta llegar a la incapacidad de no poder escuchar el reclamo de mi físico que desde hacía tiempo suplicaba por atención.

Una mañana tuve serias dificultades al levantarme y pienso fue la suma de otras mañanas donde los síntomas, aunque más leves, eran muy similares. Mi madre, muy preocupada, llamó al médico el cual no demoró en llegar; de inmediato solicitó algunos exámenes que condujeron inevitablemente a una cadena de otros más. Después de algunas semanas llegó la respuesta final: cáncer. Al comienzo fue aterrador, con la ayuda y compañía de mis familiares comencé el proceso de quimioterapia, no puedo expresar cómo fue eso, hay que vivirlo.

3El tiempo ha pasado, tengo los mismos ojos y oídos pero escucho y oigo diferente; ahora  soy capaz de detenerme a observar la hermosura de una flor, el verde de los árboles, el hermoso rostro agrietado de un anciano,  la mirada y sonrisa de un niño que juega y sonríe. Mis conversaciones cubren otros temas, mis valores han cambiado; esta enfermedad, aún en su crueldad, catequizó mi vida, gozo de la mejor salud que es la del alma.

Llegó también el momento de alejarme del trabajo y lo hice con mucha paz, me he regalado tiempo pero especialmente he donado tiempo al servicio de los otros. Fui invitada, por mi médico tratante, a acompañar a otras damas que se encuentran  al inicio de la enfermedad para que en el proceso que cada una lleva mi testimonio les sea esperanzador. Trabajo en la pastoral de la salud de la parroquia y por sobretodo asisto al grupo bíblico que alimenta mi vida cristiana para ser mejor testigo del Señor.

 
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Comentarios:

Hermoso testimonio...gracias!!!
Gracias!
Ana María
09/11/2018

 
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