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JOSÉ, MI PAPÁ
-Por Gaby Dominguez-

En muchos países junio es el "mes del padre", puesto que tradicionalmente se celebra el tercer domingo el "Día del Padre". Dentro de la Iglesia Católica siempre se ha considerado a san José, esposo de María, padre adoptivo de Jesús, como el más sublime modelo de padre a imitar, a la luz de Dios Padre. Es por eso que, para agasajar a todos los padres, presentamos esta bella narración de interpretación libre, que no busca ser una exégesis bíblica o una novela histórica, sino que más bien quiere ser una invitación a que san José nos enseñe, a aquellos que somos padres, y también a quienes no lo son, a aumentar nuestra fe, acompañando a los hijos, criándolos libres y cerca de Dios.

Volvía del mercado cuando los crucé, venían hablando y riendo, ambos inclinaron apenas su cabeza para saludarme, respondí el saludo. Padre e hijo se veían bien juntos, olían a madera fresca. José tenía las manos marcadas por el trabajo y Jesús la sonrisa pícara de cualquier niño.

1Cuando María quedó embarazada en todo el lugar nacieron murmuraciones a montones: “¿de quien es el niño?”, “¿cómo está embarazada si había hecho un pacto de castidad?”. Horas pasaban sacando conjeturas y desatando hilos, todos inventados, todos basados en nada, falsos desde su comienzo, cada vez más enmarañados. ¿Por qué la gente se divierte tanto inventando historias y sacando conclusiones sobre la vida de otros, sobre hechos discutibles, cosas que nadie vio, que uno cree que escuchó y, que, al repetirse una y otra vez, se deforma, se estira, se achica, se cambia el tono, y termina siendo totalmente distinta a la primera escucha que, si ya era dudosa, esta última no tiene nada que ver con nada? Pero al repetirlo la gente se entretiene, pasa el rato, se ríe, se ocupa de las vidas de otros. Y el murmullo socaba despacio entre la multitud, empieza escondido, semejante a un secreto, disfrazado de verdad pasa de boca en boca y se instala, y ya nadie se pregunta si es cierto, solo lo transmite cambiándolo un poco, más o menos, lo repite. Y eso que empezó pequeño, insignificante, se convierte en un monstruo enorme y tenebroso, que rueda entre la gente llevando todo lo bueno por delante, dejando calumnias, dichos incomprobables establecidos como leyes, condenando a los personajes como en una novela, pero que son personas que viven y que sienten, y que se enteran del rumor cuando ya todos saben, y son devorados por él de un bocado, sin poder siquiera defenderse, acusados por todos de algo que ni siquiera existió. Así fue lo que pasó con ellos, sobre todo cuando ella quedó embarazada.

Dicen que José al saberlo pensó que era de otro hombre, que María lo había engañado, y una noche sin luna, tomó algunas de sus ropas y se dispuso a dejarla. Mientras caminaba alejándose, apareció un ángel de Dios y le dijo que María seguía siendo virgen, que el niño que estaba gestado era el hijo de Dios, que él debía acompañarla. Nadie creía esta parte del relato, pero él lo creyó, volvió a su casa y se quedó con María desde entonces. Aun cuando su unión en matrimonio había sido sugerida por sus familias, con el tiempo lograron conocerse y amarse. Se los veía juntos paseando, o en la carpintería, cuando José trabajaba María se sentaba y charlaban, mientras su panza crecía y crecía.

Recuerdo que cuando fue el censo se fueron a Belén, María ya había tenido algunos dolores porque su embarazo estaba en término, y tuvo al niño allá, en un granero, porque no había lugar para alojarse. Lo cierto es que volvieron unas semanas después con el niño en brazos, rebosante de salud. Ellos tenían la cara iluminada de felicidad. Durante los años siguientes Jesús creció fuerte y feliz. Sus padres lo cuidaban amorosamente, se esforzaban para que nada le falte. Siempre me llamó la atención cómo su papá lo cuidaba especialmente, hasta su nacimiento José parecía un hombre sin sentimientos, recio y ensimismado. Pero verlo con el niño era una delicia: como le enseñaba el oficio de carpintero, lo acompañaba a todos lados, lo abrazaba. Incluso esa vez que volvieron de unas fiestas y notaron que Jesús no había venido con ellos, desesperados volvieron sobre sus pasos buscándolo, hasta que lo hallaron en una plaza discutiendo con los sumos sacerdotes sin importar que apenas tenía unos once años. Quizás esa vez fue cuando entendieron que no era un niño como todos, aunque jugara con otros de su edad, llorara si tenía una pesadilla o si se golpeaba.

“Qué tarea difícil esta de ser padre” pensé mientras los veía pasar juntos charlando. Acompañar el crecimiento de un hijo, abastecerlo para que nada le falte, educarlo para que sea una buena persona, cuidarlo para que no se enferme, guardar sus risas, sus muecas, sus gestos en un lugar exclusivo del corazón para recordarlo siempre niño, aun cuando sea una persona adulta. ¿Habrá sentido todo esto José mientras criaba a Jesús? ¿Mientras le enseñaba a lijar maderas y jugaban entre el aserrín en la carpintería? ¿El miedo y la angustia se habrán apoderado de él mientras lo buscaba por el camino, y cambió a felicidad cuando lo vio sano y salvo? ¿Habrá sentido José todo eso que sentimos los padres durante la crianza de nuestros niños? En ese momento entendí por qué nunca hicieron caso a los rumores sobre ellos, porqué esa unión sagrada, esa familia providencial podía vencer cualquier ataque. Me limité a mirarlos juntos, un padre con su hijo, un hombre común, de oficio carpintero, callado, respetuoso, contemplativo y justo, que supo decir que sí a un pedido difícil de aceptar. Fue el elegido de Dios para criar al Salvador del mundo, a su propio hijo, solo por eso merecía todos mis respetos.

¡Muy feliz día a todos los papás!

 
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Comentarios:

Gracias por compartirlo! Hermoso cuento, nos deja mucho para pensar.
Margarita
04/06/2022

muy lindo, gracias por compartirlo. Enormes preguntas para seguir buscando respuestas, los hijos crecen y nosotros tambien, el objetivo parece ser crecer juntos.
ALEJANDRO DANIEL DOMINGUEZ
03/06/2022

Muy bueno! Felicidades.
Irene Alvarez 
02/06/2022

 
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