ir al home ir a la revista ir a notas ir a archivo ir a guiones liturgicos ir a santo del mes ir a contacto ir a links ir a chiqui
 
volver

1ADOLESCENCIA Y SEXO.
CULTURAS Y ESCUELAS. PARTE 1
-Por pbro. Enrique Fabbri, sj*-

La adolescencia es una temática que nos interpela y nos interesa a todos, especialmente por la vulnerabilidad en la que vive en la actualidad. El sacerdote jesuita Enrique Fabbri, antes de partir a la casa del Padre, nos dejó unos valiosísimos escritos sobre el tema, que no podemos dejarlos pasar. Llama la atención la actualidad con que se abordan los temas, siendo que se escribieron cerca de 2015, nos brindan mucha luz sobre la materia y son una invitación para reflexionar y actuar. Para el provecho de todos, iremos publicando la totalidad del texto, pero dividido en breves temas o títulos cada mes.

Cuando uno se pone a reflexionar sobre el “fenómeno” psico-social de la adolescencia y las “culturas” a que ella da lugar es bueno tener en cuenta esa profunda y comprensiva reflexión que hace Monseñor Jorge Casaretto: “Con frecuencia incurrimos en dos errores muy comunes: no disfrutamos de cada día, ni de cada momento, y además muchas veces no prestamos la debida atención a la salud, al descanso, al resto de las cosas verdaderamente importantes.

2Esto lo vemos en especial en los adolescentes, y es normal; la etapa que están viviendo los lleva a pensar que son inmortales, que a ellos “no les va a pasar nada” y se exponen a riesgos innecesarios con el convencimiento de que nada malo les sucederá. Es una etapa de la vida, y en ese proceso los mayores tenemos que advertirles que ellos tampoco son invulnerables, hasta que crezcan y se convenzan solos.

Claro que muchas veces los mayores nos comportamos como adolescentes ¿Qué sucede cuando el tiempo no logra hacernos madurar en este sentido? Esto es lo que vemos en amplios sectores de la cultura y de la sociedad; vivimos como si la muerte no existiera y como si la enfermedad y los accidentes les sucedieran a otros, allá lejos. Envueltos en un contexto que frecuentemente nos dice que lo único que sirve y vale es el éxito, negamos lo que existe porque nos duele ver la realidad tal como es” 1.

No toda realidad es necesariamente la verdad. Lo es un cuento que registra un suceso, pero no lo es con frecuencia en cuanto a su contenido. Es una realidad que se violan, por ejemplo, los derechos humanos con bastante frecuencia, pero no es verdad que esos hechos son dignos del hombre.

3Por eso, es una realidad que en la actualidad se puede hablar de muchas culturas adolescentes, pero es falso afirmar que todas ellas son valederas y contribuyen al proceso de la maduración integral y armónica del ser humano. 2

Por eso, si se quiere llegar al corazón de los y las adolescentes, hay que saber reflexionar ante todo cuál es el sentido de las culturas en las que ellos y ellas se manifiestan. Y esto se hace mucho más prioritario cuando ellos viven dentro de una cultura de adultos que en muy poco los y las estimula a crecer en su dignidad humana. Como acertadamente expone el Dr. Claudio García Pintos: “Se trata de una cultura que sigilosa pero imperturbablemente nos va quitando la posibilidad de vivir humanamente como personas. Una cultura que tiende a borrar nuestro propio rostro, para tallar en cada uno de nosotros un mismo perfil, impersonal. Una cultura que ha transformado en innobles a los valores tradicionales y que ha ennoblecido manifestaciones y expresiones de dudoso valor. Una cultura globalizada que ha cortado de raíz las tradiciones particulares de cada pueblo, de cada familia, de cada individuo”. 3

4Al cual se hace eco la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en el Documento de Aparecida (31.IV.2007): “Las nuevas generaciones son las más afectadas por esta cultura del consumo en sus aspiraciones personales profundas. Crecen en la lógica del individualismo pragmático y narcisista, que suscita en ellas mundos imaginarios especiales de libertad e igualdad. Afirman el presente porque el pasado perdió relevancia ante tantas exclusiones sociales, políticas y económicas. Para ellos, el futuro es incierto. Asimismo, participan de la lógica de la vida como espectáculo, considerando el cuerpo como punto de referencia de su realidad presente. Tienen una nueva adicción por las sensaciones y crecen, en una gran mayoría, sin referencia a los valores e instancias religiosas. En medio de la realidad de cambio cultural, emergen nuevos sujetos, con nuevos estilos de vida, maneras de pensar, de sentir, de percibir y con nuevas formas de relacionarse. Son productores y actores de la nueva cultura”. 4

Todo esto nos lleva a proponer en que tipo de cultura anhelamos que la adolescencia pueda crecer en su dignidad humana. Y así poderles ofrecer “una pastoral que tenga en cuenta la belleza en el anuncio de la palabra y en las diversas iniciativas ayudando a descubrir la plena belleza que es Dios” 5

5Qué es la cultura

Es muy difícil dar una definición precisa y profunda sobre lo que es la cultura. Sobre todo, si se tiene en cuenta que en la realidad no hay una sino muchas culturas y que cada una encierra una serie de subculturas de acuerdo a la edad, el sexo, la etnia, la religión, la profesión, etc. Por eso hay que contentarse con una definición de tipo descriptivo que hace más de un siglo elaboró B. B. Taylor: “Es el complejo conjunto que incluye conocimiento, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquiera otras actitudes y hábitos adquiridos por el hombre en cuanto miembro de una sociedad” 6. Y en estos parámetros se mueven de una u otra manera los seres humanos dentro de un contorno geográfico difícil de fijar con límites precisos. Y el hombre desde el comienzo natural de su ser bioanatómico-fisiológico corporal se ha encontrado con la cultura, que en parte ya estaba en sus genes. Esta realidad es llamada en el lenguaje inglés “nurture”, una intrincada simbiosis entre lo natural de su ser y lo cultural de su ambiente vital.

6¿Existe una cultura adolescente distinta de la cultura adulta? No es fácil contestar porque hay adolescentes que nunca dejan de serlo, aunque se amontonen sus años. Son los hoy llamados adulescentes o adultescentes,porque, aunque cronológicamente ya son adultos, nunca han conquistado la madurez 7. Por eso más que hablar de una cultura adolescente, hay que reconocer la existencia de muchas culturas adolescentes y que no todas contribuyen a la madurez del ser humano. Se trata, por lo tanto, de descubrir a través de una fenomenología antropológica qué es lo específico de la adolescencia, cuáles son los valores que nunca ha de perder y cómo encararlos para ayudar a cultivarlos y llegar a lo que es la verdadera juventud.

Esta no es una edad de la vida sino una actitud frente a la misma. Ha de ser descubierta y conquistada durante la adolescencia por el muchacho y la chica ayudados, sobre todo, por la familia y la escuela. Solo así la adultez tiene garantía de madurez. Por eso la verdadera juventud va perdiendo con el correr de los años la esbeltez y elegante agilidad de su cuerpo, pero va creciendo en el corazón que se va llenando de sabiduría. Su cuerpo va envejeciendo, pero su ser interior resplandece cada vez más porque ha aprendido a jugarse por los genuinos valores del ser: la verdad, la libertad, la justicia, la belleza, el amor, la bondad. Se hace así un anciano-joven o un joven-anciano porque toda su vida la asumió en ir acumulando sabiduría frente a lo que le tocó vivir. Sabe vivir en el asombro, la admiración, la generosidad, el agradecimiento, la alegría y la humildad. Es como una biblioteca viviente para todos los que sepan leer el mensaje del cuerpo como transmisor del espíritu. Por eso, como recuerdo haber leído ya hace largo tiempo en una editorial de la revista Criterio: “es posible encontrarse con jóvenes septuagenarios que piensan, escriben, o dirigen empresas tanto como viejos adolescentes que se aburren con sus juegos electrónicos” 8.

7La dialéctica de la adolescencia

La empresa no es fácil. Se trata de descubrir lo que es innato en esa edad de la vida que se llama adolescencia sobre la cual comienza de forma inmediata a operar dialécticamente la cultura en la cual esa naturaleza se manifiesta. Y no siempre se logra en cada sujeto adolescente la incorporación e integración de predicados culturales que den lugar al auto-parto de una prometedora y floreciente juventud.

Para la generación adolescente de origen cristiano J. M. Mardones da con precisión las características de un parto bien logrado que promete una juventud capaz de perdurar sin desfallecer en la construcción de una cultura humana donde el hombre es valorado por lo que puede llegar a ser y no por su tener, placer, figurar y poder. Así lo presenta:

  1. Una experiencia de Dios personal, honda, donde la declaración de lo que se cree se haga desde la cercanía jugosa de la relación con el Padre de Jesucristo. (El Abba de Jesús, la dimensión de la fe).
  2. Un compromiso con los pobres de la tierra que se traduzca en esfuerzos reales por su liberación: una escucha decidida de sus esperanzas y dolores dentro de la comunidad de los creyentes. (El Reino de Jesús, el partidismo de Dios por los pobres; las mediaciones de la salvación y el contexto pragmático de la modernidad).
  3. Un espíritu crítico, participativo y relacional, respetuoso con el pluralismo de interpretación, que se empeña por comprender y confrontarse con todas las búsquedas humanas, profanas y religiosas y recoger sus aportaciones. (El talante ilustrado y crítico asumido y trascendido por el creyente; la confrontación entre el juego de racionalidades plurales).
  4. Una dimensión festiva celebrativa, que viva y manifieste la gratuidad amorosa de Dios y la resurrección ya comenzada. (La asunción del carácter festivo de la religiosidad popular; la estética de lo sublime en la esperanza de los pobres). 9

8Pero todo esto implica el reconocimiento de una base humana innata en esa edad de la vida que es un germen viviente de alegría, generosidad y creatividad, que bien cultivado da lugar a un tipo de cultura que no es exclusivo de una generación cristiana, sino de todo y toda adolescente que ha querido y ha podido crecer por ese camino. Hay un brote innato en la adolescencia hacia la bondad, más allá de todas sus herencias y condicionamientos culturales, que, así como puede fructificar en la juventud, pude abortar con o sin culpa del sujeto en una “perversa adulescencia” que terminará en una infeliz vejez, si no se muere antes.

Toca ahora rastrear con más profundidad en la génesis de esa bondad en lo más profundo del ser adolescente Y es interesante partir de la etimología de ese vocablo.

9Su mismo origen es algo ambiguo. Lo más aceptado es que viene del verbo latino adolescere, verbo frecuentativo que indica la repetición de una acción y que está formado por el prefijo ad que significa “estar junto a alguien o algo” y el verbo olere o alere que significa “nutrir, alimentar”. Por lo tanto, adolescente es aquel o aquella que todavía necesita ser alimentado/a por otros en el sentido amplio de ese verbo, es decir por la cultura que recibió desde ser un embrión hasta llegar a la pubertad. Y gradualmente irá bien o mal aprendiendo o no a alimentarse acertada o desacertadamente sólo/a.

Pero hay otro origen más incierto y discutido. Vendría del prefijo latino inseparable “a” que tiene un sentido positivo de reforzar el verbo al que se adhiere, y del verbo doleo que significa “sentir dolor” y cuyo frecuentativo es adolescere que significa “crecer”, pero con cierta dificultad que engendra dolor, sobre todo psíquico. Ambas acepciones se prestan muy bien gráficamente para hacer resaltar que al adolescente le cuesta crecer y requiere una alimentación ofrecida por otros que lo orientan o no por el verdadero camino de la dignidad humana. Y la orientación es bien enfocada y alimentada cuando los y las adolescentes aprenden a educar su ser sexuado como lenguaje del amor; su ser laborioso como lenguaje de creatividad; su ser social como lenguaje de solidaridad; y su ser trascendente como lenguaje de bondad, porque esta no puede morir.

10Este brote original de bondad que está preconsciente en lo más profundo del ser adolescente y que muestra mayor o menor vitalidad de acuerdo a cómo fue su vida en la niñez, se encuentra al entrar en la pubertad con dos dinámicas: una hacia la vida por el despertar de la genitalidad y otra hacia el amor por el anhelo de ser querido. Esta dinámica da lugar a una triple reacción: inquietud interior, deseo de independencia y oposición al ambiente. Quiere bastarse a sí mismo, pero no sabe cómo y se defiende de los adultos porque en el fondo le da vergüenza abrirse a ellos y ellas. Con todo, advierte en sí mismo/a tres características que le sirven de consuelo: siente alegría de vivir, le halaga ser generoso/a con sus coetáneos, y está continuamente abriendo iniciativas en el obrar (el espíritu de aventura). Pero todo este complejo existencial tiene que ser acompañado y ayudado por adultos/as maduros que puedan tener una proximidad de intimidad con ellas y ellos. Y por supuesto ese rol les incumbe sobre todo a madres, padres y educadores. Y así ese aporte básico con que comienzan su aprendizaje de la libertad se puede canalizar rectamente hacia la conquista de su juventud.

En la primera adolescencia ellos y ellas fácilmente confunden un desborde emocional con un sentimiento amoroso; error en el que caen frecuentemente los y las adolescentes, provocado en gran parte por la sobreexcitación física y erótica del aparato genital –todavía en evolución– por parte de los medios de comunicación masivos, sobre todo la televisión y la publicidad. En esto hay que tener en cuenta la seria advertencia que hacía Jean Vanier, el fundador del Arca: “Mi experiencia me demuestra que el impulso sexual es un grito por la relación, más todavía que un grito por el placer. A veces surge en el momento en que la persona se siente sola y angustiada. Entonces busca un contacto sexual en el plano de lo genital. Pero, más profundamente, lo que busca es un lazo de amistad con alguien. Al mismo tiempo puede suceder que tenga miedo de la relación y de los lazos. Le es más fácil a una muchacha creer que su cuerpo es deseable que creer que su persona es amable”. 10

 

-La nota continúa en la publicación de Familia Cristiana del mes que viene, con el tema "Adolescencia, culturas, escuelas - Parte 2".

--------------------------------------------

Notas:

1. Para mi la vida es Cristo, Planeta, Bs.As., 2007, p.151. Y también el novelista José Saramago le dice al pintor, uno de los protagonistas de su novela La caverna: Cipriano Algor es un hombre hecho, rehecho y todavía no deshecho, no uno de esos adolescentes alocados que, porque están en la edad de los entusiasmos irreflexivos, se pasan el tiempo corriendo detrás de fantasías, nieblas e imaginaciones, y no desisten de ellas ni siquiera cuando se dan con la cabeza y los sentimientos que creían tener contra el muro de los imposibles”. Alfaguara, Bs.As., 2004 (7ªedic., p.187.-

2. Ver p.e. el artículo de M. Urresti, De la cultura del aguante a la cultura del reviente: cambios en la significación de la corporalidad en adolescentes y jóvenes de sectores populares en el libro Familia, habitat y sexualidad en Buenos Aires, Paidos, Bs.As., 2007, pp.281-292.-

3. Presentación del libro Salven al hombre. Latinoamérica unida en búsqueda de sentido. Primer Congreso Latinoamericano de Logoterapia y Análisis existencial. Ed. San Pablo, Bs.As., 2006, p.6.-

4. Aparecida Documento conclusivo, n.51.-

5. Aparecida, n. 518,6.-

6. Cultura primitiva, Ayuso, Madrid, 1976, t. 4°, pág. 19. La Iglesia católica da la siguiente definición de cultura: “Con la expresión «cultura», en general, se indica todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla innumerables cualidades espirituales y corporales; procura dominar el orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en toda la comunidad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, en el correr de los tiempos, formula, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones, para que sirvan de provecho a muchos, más aún, a todo el género humano. De ahí sigue que la cultura humana lleva consigo necesariamente un aspecto histórico y social, y que la palabra «cultura» asume con frecuencia un sentido sociológico y etnológico. En este sentido se habla de pluralidad de culturas. Estilos de vida diversos y diversas formas de organizar los bienes de la vida encuentran su origen en la manera particular de servirse de las cosas, de trabajar, de expresarse, de practicar la religión, de comportarse, de establecer las leyes e instituciones jurídicas, de promover las ciencias y las artes de cada grupo humano. Así también es como se constituye un medio histórico determinado en el cual se inserta todo hombre de cualquier nación o tiempo y del que saca los valores que le permitirán promover la civilización”.  (Concilio Vaticano II, La Iglesia en el mundo actual, n. 53). Más tarde así la describió Juan Pablo II: “La cultura es la vida del espíritu; es la clave que permite el acceso a los fondos más celosamente guardados de la vida de los pueblos; es la expresión fundamental y unificadora de su existencia, porque en la cultura se encuentran las riquezas, yo diría casi indescriptibles, de las convicciones religiosas de la historia, del patrimonio literario y artístico, del sustrato etnológico de las actitudes y de la forma mentis de los pueblos (…) Se puede decir que la cultura es el fundamento de la de la vida de los pueblos, la raíz de su identidad profunda, el soporte de su supervivencia y de su independencia” (Discurso al Cuerpo Diplomático, Roma, 12 de enero de 1981). De todo esto se hace eco el Concejo Pontificio para la Cultura: “No hay cultura si no es del hombre, por el hombre y para el hombre. Esta abarca toda la actividad del hombre, su inteligencia y su afectividad, su búsqueda de sentido, sus costumbres y sus recursos éticos. La cultura es de tal modo connatural al hombre, que la naturaleza de ese no alcanza su expresión plena sino mediante la cultura” (Para una pastoral de la cultura, 23 de mayo de 1999, n. 2). Para la Iglesia, por lo tanto, se da verdadera cultura cuando esta conserva y promueve aquellos valores que sostienen y alimentan al ser humano en su dinamismo de crecer conforme a su dignidad de varón y mujer y lo estimula de un modo integral y armónico

7. Ver E. FABBRI, Adultez o madurez en el mundo de hoy, revista CIAS, n. 453, junio 1996, págs. 205-218.

8. Ver E. FABBRI, ¿Se puede ser siempre joven? Criterio, n. 2165, 9 de noviembre de 1995, págs. 628-631.

9. El desafío de la posmodernidad al cristianismo, Sal Terrae, Madrid, 1988..

10. Hombre y mujer los creó, PPC, Madrid, 2001, pág. 178. El Arca es una obra que fundó Vanier para atender en un ambiente de cariño y confianza a toda clase de discapacitados mentales.

 
*Enrique Fabbri fue sacerdote de la Compañía de Jesús (Jesuita), licenciado en Filosofía y en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Continuó sus estudios en Inglaterra, Suiza y Bélgica. Se especializó en Antropología de la sexualidad, la pareja humana y la familia. Autor de numerosos libros y artículos. Fue decano de la Facultad de Teología de la Universidad del Salvador y director del CIAS (Centro de Investigación y Acción Social). Ha dado conferencias y cursos en el país (Argentina) y fuera de él. Falleció en 2015.
volver | subir
 
Dejá tu comentario:
Nombre:
Nota:
Comentario:
 
volver | subir
publicidad
barrita
barrita
barrita
barrita
barrita
barrita
barrita
barrita
vocacional
barrita
barrita
vivienda
barrita
barrita
barrita
gottau
barrita

FAMILIA CRISTIANA  |  LA REVISTA  |  NOTAS  |  ARCHIVO  |  GUIONES LITÚRGICOS  |  SANTO DEL MES  |  CONTACTO  |  LINKS  |  CHIQUIFAMILIA

Familia Cristiana, revista digital mensual - Larrea 44 (1030), Buenos Aires, Argentina - Telefax: (011) 4952-4333 - revista@familiacristiana.org.ar